El precio de la pasión: cuánto gasta el hincha de Atlético Tucumán para ir a la cancha

Aunque la nueva modalidad de solo socios en las populares le genera un ahorro a los simpatizantes, tanto la previa como el post son un desafío para el bolsillo de cualquiera.

EPICENTRO. En Laprida entre Italia y Uruguay la gente se junta para comer y tomar algo mientras espera el partido. EPICENTRO. En Laprida entre Italia y Uruguay la gente se junta para comer y tomar algo mientras espera el partido.
Hace 2 Hs

Algunas horas antes —y varias después— de cada encuentro en 25 de Mayo y Chile, Atlético Tucumán inunda no solo la manzana del Monumental, sino también todos sus alrededores. Si bien desde mediados del año pasado los hinchas ya no deben preocuparse por la suba de entradas dispuesta por la AFA —que pasaron de $30.000 a $40.000—, el impacto económico se siente en todo lo que rodea al estadio José Fierro.

Si uno se para en la esquina de Laprida y Uruguay y mira hacia el sur, se encuentra con una feria gastronómica improvisada: desde conservadoras con bebidas hasta puestos con tres o cuatro personas atendiendo en simultáneo.

La economía de la popular

Para ingresar a la zona de generales, el primer gasto es el “peaje” mensual: la cuota social. Tras el último ajuste, quedó en $35.000 ($30.000 para menores). Una vez allí, el hambre y la sed comienzan a jugar su propio partido.

En las esquinas, el clásico choripán arranca en los $4.000, mientras que el sándwich de milanesa se consigue por $3.500, el mismo valor que una bandeja mediana de papas fritas. “Los precios no aumentan demasiado; si cobramos más, la gente no compra”, asegura un vendedor mientras da vuelta los chorizos en la parrilla.

Para Daniel Arroyo, que llega junto a sus dos hijos, estos gastos forman parte de un ritual inevitable. “Vengo con mis hijos y eso ya es un esfuerzo grande. Siempre comemos y tomamos algo, sobre todo después del partido. El chori a la salida es sagrado”, resume.

Unos metros más allá, cerca de las vías de calle Italia, Gonzalo Jerez integra un grupo reunido alrededor de un auto que pone música a todo volumen. “La previa no se negocia. Otros gastan en un boliche; yo prefiero pasarla bien acá con mis amigos y ver el partido”, afirma.

La comparación con un boliche no es casual. Tanto la cerveza como el fernet son las principales opciones para refrescarse antes de ingresar al estadio. Las latas de cerveza se venden entre $2.000 y $3.500, según la marca y el punto de venta, mientras que el vaso de fernet arranca en los $3.000.

El contraste con las plateas

Del otro lado del estadio, el menú cambia y los precios también. En la cantina de la zona de plateas, la pizza entera cuesta $15.000 y la docena de empanadas, $18.000. También se ofrece el pancho a $7.000 y la hamburguesa a $10.000. Las latas de gaseosa y el agua se venden a $3.000, y las bebidas alcohólicas no forman parte del menú. Aquí, la butaca no es lo único por lo que se paga más.

El manto sagrado y los gastos invisibles

Pero no solo de comida vive el hincha. El merchandising es otra industria que florece en cada partido. Un piluso en los accesos a la popular cuesta $5.000, mientras que una camiseta de imitación para niños arranca en los $17.000. El contraste es total con la tienda oficial, donde la camiseta original se ofrece en promoción de dos por $100.000.

Finalmente, están los costos “invisibles”: el transporte y el cuidado del vehículo. Cuando Atlético juega de noche, el colectivo deja de ser una opción y aparecen los autos de aplicación o los taxis compartidos. Si se va en vehículo propio, el estacionamiento suma otra variable: las motos pagan desde $3.000 en casas vecinas o en veredas con cuidadores, mientras que los “trapitos” pueden llegar a pedir hasta $8.000 por auto. Por eso, muchos optan por dejar el vehículo a varias cuadras y caminar hasta la cancha.

Al final del día, la pasión decana no tiene precio, pero sí un costo que el hincha asume con el corazón, aunque la billetera llegue con lo justo al pitazo final.

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