24 Marzo 2005 Seguir en 
Es conocido que, en 1998, el viejo Mercado de Abasto de Tucumán, diseñado por el famoso arquitecto Alberto Prebisch, dejó de funcionar en la localización que tuvo durante casi siete décadas, en el corazón del barrio de La Ciudadela. Quedaron vacíos el edificio y su amplio entorno. El cambio tuvo también consecuencias en cuanto al perfil de negocios de la zona, que antes estaba obviamente vinculado a las actividades que allí se realizaban. Y quedó planteado, de inmediato, el requerimiento de dar un destino diferente a todo el sector.
Como se sabe, se barajaron varias posibilidades. Se pensó convertir el edificio en un centro comercial. Otra idea postuló destinarlo a centro cultural y recreativo, e incluso se pensó remodelar el edificio para trasladar allí la Intendencia Municipal. Ultimamente, el propósito de la Municipalidad es transformar el ex mercado en un centro cultural, comercial y administrativo. Cabe recordar que el intendente, en una reunión especial realizada en la FET en julio del año pasado, convocó a los empresarios a invertir en el lugar. Exaltó el hecho de que el ex Abasto está instalado en un corredor que incluye el parque Avellaneda, la Maternidad, el Instituto Lillo y el Club San Martín, lo que le otorga especial valor. El proyecto de la Comuna prevé una concesión por 20 años, con opción a 10 más, y se llamaría a una nueva licitación al respecto, ya que fracasaron las dos anteriores.
Pero hay otro problema. Es sabido que una característica de toda ciudad de cierta importancia demográfica es el cambio de hábitos de su población: ella pone súbitamente sus preferencias en ciertas zonas, con la misma velocidad con que posteriormente puede retirarlas. Hemos dedicado una amplia nota a la popularidad que el área del ex Abasto ha adquirido últimamente entre los jóvenes. Esto, por la existencia de varios bares nuevos que reclutan su clientela entre esa franja de la sociedad.
Como lo informamos hace pocos días, el Concejo Deliberante acaba de modificar el Código de Planeamiento para permitir allí la apertura de pubs y de bares con espectáculos, con capacidad de hasta 100 personas. Pero los vecinos han expresado sus temores de que se termine instalando una bailanta. Otros consideran deplorable la posibilidad de que se convierta, además, en área ocupada por casas de juego.
Esto está mostrando que estamos ante un tema delicado, donde la Municipalidad debe aplicar un particular cuidado en materia de planificación. Puesto que la zona se encuentra en pleno proceso de cambio, interesa a todos que tal cambio tenga un signo positivo y que no genere, a esa parte de la ciudad, problemas que alteren su tranquilidad o su seguridad. Por un lado, está el centro proyectado, que es de esperar se licite y se adjudique. Es de advertir que la arquitectura del ex mercado no debe sufrir, en ningún caso, alteraciones en su exterior, ya que ello afectaría nuestro patrimonio cultural. Y por el otro lado, está la cuestión de las actividades del entorno, con locales de diversión; actividades que por cierto deben ser reguladas, aplicando todo el control necesario para impedir que se desnaturalicen.
Convendría, así, que las modificaciones en la modalidad cotidiana del ex Abasto sean guiadas como corresponde. Es perfectamente posible hacerlo, con la aplicación de los marcos legales del caso y, repetimos, un cuidado especial para que ellos funcionen como corresponde. Ese sector de San Miguel de Tucumán debe significar nuevas posibilidades, tanto para quienes allí residen como para todos los habitantes de la ciudad. Si la zona va a tener un perfil distinto, como todo parece indicarlo, que ese perfil sea el más conveniente y progresista.
Como se sabe, se barajaron varias posibilidades. Se pensó convertir el edificio en un centro comercial. Otra idea postuló destinarlo a centro cultural y recreativo, e incluso se pensó remodelar el edificio para trasladar allí la Intendencia Municipal. Ultimamente, el propósito de la Municipalidad es transformar el ex mercado en un centro cultural, comercial y administrativo. Cabe recordar que el intendente, en una reunión especial realizada en la FET en julio del año pasado, convocó a los empresarios a invertir en el lugar. Exaltó el hecho de que el ex Abasto está instalado en un corredor que incluye el parque Avellaneda, la Maternidad, el Instituto Lillo y el Club San Martín, lo que le otorga especial valor. El proyecto de la Comuna prevé una concesión por 20 años, con opción a 10 más, y se llamaría a una nueva licitación al respecto, ya que fracasaron las dos anteriores.
Pero hay otro problema. Es sabido que una característica de toda ciudad de cierta importancia demográfica es el cambio de hábitos de su población: ella pone súbitamente sus preferencias en ciertas zonas, con la misma velocidad con que posteriormente puede retirarlas. Hemos dedicado una amplia nota a la popularidad que el área del ex Abasto ha adquirido últimamente entre los jóvenes. Esto, por la existencia de varios bares nuevos que reclutan su clientela entre esa franja de la sociedad.
Como lo informamos hace pocos días, el Concejo Deliberante acaba de modificar el Código de Planeamiento para permitir allí la apertura de pubs y de bares con espectáculos, con capacidad de hasta 100 personas. Pero los vecinos han expresado sus temores de que se termine instalando una bailanta. Otros consideran deplorable la posibilidad de que se convierta, además, en área ocupada por casas de juego.
Esto está mostrando que estamos ante un tema delicado, donde la Municipalidad debe aplicar un particular cuidado en materia de planificación. Puesto que la zona se encuentra en pleno proceso de cambio, interesa a todos que tal cambio tenga un signo positivo y que no genere, a esa parte de la ciudad, problemas que alteren su tranquilidad o su seguridad. Por un lado, está el centro proyectado, que es de esperar se licite y se adjudique. Es de advertir que la arquitectura del ex mercado no debe sufrir, en ningún caso, alteraciones en su exterior, ya que ello afectaría nuestro patrimonio cultural. Y por el otro lado, está la cuestión de las actividades del entorno, con locales de diversión; actividades que por cierto deben ser reguladas, aplicando todo el control necesario para impedir que se desnaturalicen.
Convendría, así, que las modificaciones en la modalidad cotidiana del ex Abasto sean guiadas como corresponde. Es perfectamente posible hacerlo, con la aplicación de los marcos legales del caso y, repetimos, un cuidado especial para que ellos funcionen como corresponde. Ese sector de San Miguel de Tucumán debe significar nuevas posibilidades, tanto para quienes allí residen como para todos los habitantes de la ciudad. Si la zona va a tener un perfil distinto, como todo parece indicarlo, que ese perfil sea el más conveniente y progresista.







