20 Marzo 2005 Seguir en 
Las limitaciones propias de los instrumentos de política macroeconómica determinan que ningún país puede lograr simultáneamente los siguientes tres objetivos: tipo de cambio fijo, apertura externa hacia los mercados de capitales y ejercicio activo de política monetaria autónoma.
Esta situación define un verdadero trilema, puesto que se trata de tres objetivos deseables para un país pequeño como la Argentina. La preferencia por el tipo de cambio fijo (o con flotación controlada dentro de una banda relativamente pequeña) se entiende porque la flotación totalmente libre del tipo de cambio acarrea normalmente demasiada volatilidad en estas economías pequeñas.
La apertura del mercado de capitales permite atraer fondos externos para financiar inversiones productivas locales, y el uso de política monetaria activa otorga al gobierno un instrumento invalorable de lucha contra la recesión (a través de políticas expansivas de créditos) y la inflación (a través de políticas contractivas).
Una etapa importante
En la economía Argentina, es de esperar que el peso de este trilema se acentúe de manera significativa en esta etapa, después de un bienio de fuerte crecimiento y de la exitosa superación de la situación de default.
A medida que la mayor solvencia del Estado argentino y el mejor clima de negocios para las inversiones externas se acentúe, la mayor entrada de capitales financieros internacionales que esto acarrea producirá una evidente presión hacia la depreciación del dólar (o, lo que es lo mismo, la apreciación de nuestro peso). Si el Estado pretende mantener el precio del dólar en las cercanía de los tres pesos, la compra de reservas por parte del Banco Central no hará más que acentuar la presión inflacionaria actual. Si se pretende simultáneamente luchar contra la inflación a través de una política monetaria más contractiva, no puede el Estado seguir interviniendo en el mercado cambiario para sostener el precio del dólar. De estos tres objetivos hay entonces que abandonar uno.
Lo más aconsejable parece ser intentar mecanismos de control en la entrada de capitales financieros de corto plazo. Esto "cierra" nuestro mercado de capitales, pero los flujos especulativos han demostrado en la década pasada ser muy poco útiles para el desarrollo de largo plazo de nuestra economía nacional.
Esta situación define un verdadero trilema, puesto que se trata de tres objetivos deseables para un país pequeño como la Argentina. La preferencia por el tipo de cambio fijo (o con flotación controlada dentro de una banda relativamente pequeña) se entiende porque la flotación totalmente libre del tipo de cambio acarrea normalmente demasiada volatilidad en estas economías pequeñas.
La apertura del mercado de capitales permite atraer fondos externos para financiar inversiones productivas locales, y el uso de política monetaria activa otorga al gobierno un instrumento invalorable de lucha contra la recesión (a través de políticas expansivas de créditos) y la inflación (a través de políticas contractivas).
Una etapa importante
En la economía Argentina, es de esperar que el peso de este trilema se acentúe de manera significativa en esta etapa, después de un bienio de fuerte crecimiento y de la exitosa superación de la situación de default.
A medida que la mayor solvencia del Estado argentino y el mejor clima de negocios para las inversiones externas se acentúe, la mayor entrada de capitales financieros internacionales que esto acarrea producirá una evidente presión hacia la depreciación del dólar (o, lo que es lo mismo, la apreciación de nuestro peso). Si el Estado pretende mantener el precio del dólar en las cercanía de los tres pesos, la compra de reservas por parte del Banco Central no hará más que acentuar la presión inflacionaria actual. Si se pretende simultáneamente luchar contra la inflación a través de una política monetaria más contractiva, no puede el Estado seguir interviniendo en el mercado cambiario para sostener el precio del dólar. De estos tres objetivos hay entonces que abandonar uno.
Lo más aconsejable parece ser intentar mecanismos de control en la entrada de capitales financieros de corto plazo. Esto "cierra" nuestro mercado de capitales, pero los flujos especulativos han demostrado en la década pasada ser muy poco útiles para el desarrollo de largo plazo de nuestra economía nacional.







