16 Febrero 2005 Seguir en 
BEIRUT.- Estados Unidos retiró ayer a su embajadora en Siria, un día después de la muerte del ex primer ministro libanés Rafik Hariri, en un atentado en Beirut. En tanto una turba atacó intereses sirios en la capital libanesa por considerar a Damasco culpable del ataque que dejó 15 muertos y un centenar de heridos, que amenaza reavivar la guerra civil que azotó a Líbano entre 1975 y 1990. Líbano amaneció con las fuerzas armadas en alerta máxima y desplegadas en gran número.
Siria, que ejerce gran influencia política sobre Líbano y posee 15.000 soldados en su pequeño territorio, volvió a negar ayer su implicación en el asesinato, pero la oposición libanesa, Israel y Estados Unidos redoblaron su ofensiva contra Damasco y el gobierno libanés del presidente Emile Lahoud, aliado de Siria.
La decisión de Washington de retirar a su embajadora en Damasco, Margaret Scobey, ilustra el grado de tensión que alcanzó en la región el asesinato. Scobey dejó una nota dirigida a Siria, en la que expresó, en durísimos términos, el malestar de Washington por la presencia militar siria en Líbano, dijeron fuentes diplomáticas.
Sesión en la ONU
En una sesión de urgencia, el Consejo de Seguridad de la ONU condenó el atentado, que calificó como un intento de desestabilización del Líbano, pero no acusó ni sancionó a Siria, como quería EE.UU., que trató de negociar medidas punitivas contra Damasco. Asimismo, el Consejo pidió al gobierno de Lahoud que esclarezca el hecho con el arresto de los autores. Lahoud rechazó los llamados para una investigación internacional sobre el asesinato, como pidieron Francia y Alemania. Líbano está abierto a la ayuda de expertos internacionales de países neutrales, dijo un vocero de Beirut, pero aclaró que no apoyará una investigación internacional. (DPA)
ANALISIS
En busca del autor
El Cairo.- La oposición libanesa, que perdió con Rafik Hariri a su líder, es la más interesada en asegurar que la búsqueda de los asesinos no quede enredada en triquiñuelas políticas. La lista de sospechosos en Beirut es larga y la idea es internacionalizar la investigación.
En círculos políticos libaneses y sirios deslizaron que Israel podría estar detrás del atentado, como un intento de desestabilización del país. Beirut y Damasco se han negado hasta ahora a detener las actividades de la milicia proiraní Hezbollah y de grupos palestinos en la frontera israelí. La oposición cristiana no comparte esta teoría, y culpa a los sirios y al régimen libanés.
También Siria es sospechosa, porque Hariri se había pronunciado en contra de la influencia de Damasco sobre Beirut. Otros responsabilizan a EE.UU., al que acusan de querer atribuir el crimen a Siria para justificar una campaña contra Damasco. También los grupos internos libaneses están bajo sospecha. Por otra parte, parece muy traído de los pelos el motivo expuesto por un grupo islámico que reivindicó la masacre: que Hariri era amigo de la realeza saudí. Lo cierto es que casi nadie duda de que el asesinato acentuará el caos de una región sacudida por el conflicto palestino-israelí, el terrorismo, la crisis de Irak y las ambiciones nucleares de Irán. (DPA)
Anne Classmann
Siria, que ejerce gran influencia política sobre Líbano y posee 15.000 soldados en su pequeño territorio, volvió a negar ayer su implicación en el asesinato, pero la oposición libanesa, Israel y Estados Unidos redoblaron su ofensiva contra Damasco y el gobierno libanés del presidente Emile Lahoud, aliado de Siria.
La decisión de Washington de retirar a su embajadora en Damasco, Margaret Scobey, ilustra el grado de tensión que alcanzó en la región el asesinato. Scobey dejó una nota dirigida a Siria, en la que expresó, en durísimos términos, el malestar de Washington por la presencia militar siria en Líbano, dijeron fuentes diplomáticas.
Sesión en la ONU
En una sesión de urgencia, el Consejo de Seguridad de la ONU condenó el atentado, que calificó como un intento de desestabilización del Líbano, pero no acusó ni sancionó a Siria, como quería EE.UU., que trató de negociar medidas punitivas contra Damasco. Asimismo, el Consejo pidió al gobierno de Lahoud que esclarezca el hecho con el arresto de los autores. Lahoud rechazó los llamados para una investigación internacional sobre el asesinato, como pidieron Francia y Alemania. Líbano está abierto a la ayuda de expertos internacionales de países neutrales, dijo un vocero de Beirut, pero aclaró que no apoyará una investigación internacional. (DPA)
En busca del autor
El Cairo.- La oposición libanesa, que perdió con Rafik Hariri a su líder, es la más interesada en asegurar que la búsqueda de los asesinos no quede enredada en triquiñuelas políticas. La lista de sospechosos en Beirut es larga y la idea es internacionalizar la investigación.
En círculos políticos libaneses y sirios deslizaron que Israel podría estar detrás del atentado, como un intento de desestabilización del país. Beirut y Damasco se han negado hasta ahora a detener las actividades de la milicia proiraní Hezbollah y de grupos palestinos en la frontera israelí. La oposición cristiana no comparte esta teoría, y culpa a los sirios y al régimen libanés.
También Siria es sospechosa, porque Hariri se había pronunciado en contra de la influencia de Damasco sobre Beirut. Otros responsabilizan a EE.UU., al que acusan de querer atribuir el crimen a Siria para justificar una campaña contra Damasco. También los grupos internos libaneses están bajo sospecha. Por otra parte, parece muy traído de los pelos el motivo expuesto por un grupo islámico que reivindicó la masacre: que Hariri era amigo de la realeza saudí. Lo cierto es que casi nadie duda de que el asesinato acentuará el caos de una región sacudida por el conflicto palestino-israelí, el terrorismo, la crisis de Irak y las ambiciones nucleares de Irán. (DPA)
Anne Classmann







