De Tucumán a la NASA: el medicamento para curar heridas crónicas ya tiene “nacionalidad” global

De Tucumán a la NASA: el medicamento para curar heridas crónicas ya tiene “nacionalidad” global

Después de haber conseguido patentes de los países más innovadores del mundo, el gel tucumano empezará a ser probado en el Hospital Italiano.

COFUNDADORES. Ramos Vernieri y Salim Brovia con el rey Felipe VI. utech y LA GACETA / FOTOs DE DIEGO ÁRAOZ COFUNDADORES. Ramos Vernieri y Salim Brovia con el rey Felipe VI. utech y LA GACETA / FOTOs DE DIEGO ÁRAOZ

Untech sigue siendo tucumana en el fondo de su alma empresaria, pero cada día pertenece más al mundo cuyas heridas crónicas aspira a curar. El emprendimiento con base científica desprendido de los claustros de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) y del ámbito del Conicet ya tiene estatus internacional. Con esos “visados” en sus manos, los cofundadores Alberto Ramos Vernieri y Rubén Salim Brovia anuncian que el gel que desarrollaron pronto comenzará a ser probado en seres humanos. Los ensayos clínicos tendrán lugar en el Hospital Italiano de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Más allá de que aún falta tiempo para salir al mercado, se trata de un logro significativo para un proyecto que pasó por la NASA, y que despierta curiosidad y asombro en los centros de innovación del planeta.

Después del Italiano se abre un panorama que vaya a saber dónde acaba: si se cumplen los pronósticos, en la posibilidad de sanar a pacientes diabéticos acostumbrados a vivir con llagas en los pies, por ejemplo, en Tel Aviv o en Banda del Río Salí. Esta ilusión estimula a Ramos Vernieri, doctor en Bioquímica, y a Salim Brovia, licenciado en Administración, quienes protagonizan una historia merecedora de un libro. Además de la ganancia simbólica que obtendría la provincia, parte de los beneficios económicos que consiga este invento ingresarán a las arcas de la UNT y del Conicet. Hay demasiado en juego, pero los socios no se inmutan ni siquiera cuando cuentan que, para proyectar un impacto con la escala global anhelada, hace falta una inversión de cientos o, quizá, miles de millones de dólares.

“Con Alberto queremos que la Argentina sea el primer lugar que reciba nuestro medicamento”, asegura Salim Brovia, que tiene 41 años, durante una entrevista en LA GACETA a la que su socio asiste de manera virtual. Sucede que Ramos Vernieri está radicado en Portugal, desde donde da la pelea a la diferencia horaria para “estar” en los cuatro hemisferios. Vive allá porque está casado con una esposa portuguesa que conoció en la capacitación para emprendedores que cursó en Singularity University, en el campus de la NASA, lugar del que salió con una inversión y un amor.

Untech surgió hace ocho años. El nombre de la compañía fusiona las siglas de la UNT con la versión informal del sustantivo inglés “technology”. Según Salim Brovia, máximo ejecutivo, la empresa construyó su presente a partir de la superación de diversos momentos cruciales interconectados entre sí. Una de esas fases es la de la internacionalización, que se consolidó con las patentes concedidas por los Estados Unidos, Israel y Sudáfrica, y las solicitadas en otros 43 países. “Esto en sí mismo es un hito muy potente para un medicamento surgido de Tucumán”, apunta. La protección de la propiedad intelectual habilitó a Untech para conversar con una posición más sólida con los actores de la industria farmacéutica, que son los que al final del camino han de producir los geles y de ocuparse de que lleguen a quienes padecen las heridas crónicas.

Aceptar el destino

El proyecto se mantuvo con vida durante este tiempo gracias a las inversiones conseguidas de parte de particulares, y de empresas argentinas y extranjeras -como Singularity University-, que confiaron en él y que creyeron que en algún momento recibirán un retorno. Salim Brovia calcula que hasta aquí reunieron alrededor de un millón y medio de dólares ($ 1.100 millones según la cotización paralela de la divisa). “Ahora nos estamos preparando para levantar capitales de Boston y de Estados Unidos en general, que es donde se encuentran los inversores de la magnitud que necesitamos y para el tipo de proyecto que tenemos”, añade.

El proceso de internacionalización comenzó después de la pandemia e incluyó participaciones en las conferencias más prestigiosas del globo de la especialidad médica, donde los cofundadores de Untech entraron en contacto con una eminencia mundial del tema “heridas crónicas”, Thomas Serena, quien se sumará al emprendimiento como consejero. Salim Brovia y Ramos Vernieri también intervinieron en programas de aceleración y de desarrollo de emprendimientos en las universidades de Stanford y de Harvard. Gracias a esos viajes, que incluyeron itinerarios por Europa, Indonesia, Dubai, etcétera, descubrieron que el ecosistema adecuado para Untech estaba en la Costa Este estadounidense.

“Boston en primer lugar y, después, Suiza y Australia. Estamos viendo que precisamos distintos epicentros, aparte de la Argentina”, anticipa Salim Brovia. La salida de Tucumán y del país implicó más, mucho más, que subirse a un avión. “Tuvimos que hacer un cambio de formato mental. Lo que no pasa en nuestras cabezas no puede pasar en la realidad. Nosotros salimos de aquí y llegamos a la NASA. Realizamos un trabajo consciente para avanzar y hacer los cambios que requiere cada etapa. Hoy, por ejemplo, escribimos el 90% de nuestros e-mails”, agrega el licenciado en Administración.

A Ramos Vernieri, que acaba de cumplir 47 años, le interesa apuntar que, además de crecer como organización, fue necesario aceptar un destino. “Uno quisiera que el proyecto termine mañana y ya. Yo empecé a trabajar en esto hace 17 años. Si no lo acepto como parte de mi vida, me agarra la desesperación de sentir que, en vez de estar ganando algo, estoy perdiendo el tiempo. Si te apurás, comenzás a cometer errores”, explica. Y añade: “la distancia que recorrimos equivale a la distancia que existe entre lo que teníamos en la cabeza cuando arrancamos y el punto donde estamos. Es la diferencia existente entre el Primer Mundo y la Argentina: entre aspiraciones grandes y pequeñas. Lo primero que tuvimos que hacer es soñar más. Rubén sabe que al comienzo quería dar gratis este medicamento en el Hospital Padilla: esa era toda la aspiración. ¡Y no caíamos en la cuenta de que en nuestras manos teníamos algo que no había en el mundo!”. “Y que no hay en el mundo”, subraya Salim Brovia.

Hubo, entonces, que creer que desde Tucumán se podía aportar una solución farmacéutica con alcance planetario. Después, aprendieron que la ventaja de nacer y emprender en la Argentina es la necesidad de conseguir soluciones más allá de los réditos económicos y de las dinámicas del negocio tecnológico que condicionan a los emprendimientos de los países desarrollados. “El principal valor de Untech terminó siendo la vocación por resolver un problema. Esa diferencia hizo que nos destaquemos, aunque al principio se reían de nosotros y de nuestro ‘medicamento perfecto’”, afirma el doctor en Bioquímica. Él y Salim Brovia siguieron adelante, y lograron la oportunidad de explicarse y de que los tomaran en serio. Y un día, Serena, el “capo” mundial en heridas crónicas, conoció los hallazgos de Untech y exclamó: “wow!”.

Como un caballo troyano

Una de las propiedades que caracteriza al medicamento de este emprendimiento es que ataca todas las situaciones que generan la cronicidad de las heridas. Si bien el amplio espectro parece una fortaleza, decir que la crema vale para todo tipo de heridas crónicas requeriría pruebas clínicas extremadamente costosas y, por ello, la estrategia de Untech consiste en empezar por las úlceras venosas, que es donde se espera la mayor eficacia terapéutica.

“Para hacerse una idea, sólo ese testeo demanda una inversión de alrededor de U$S 30.000 por paciente, y podríamos necesitar 200 o 250. Y lo más grave es que superar la prueba no garantiza que el medicamento vaya a ser comercializado. Por ejemplo, porque debe entrar en el listado de drogas reconocidas por las obras sociales”, refiere Ramos Vernieri. Salim Brovia acota: “nosotros éramos inocentes al creer que el medicamento que se indica es el de mayor poder curativo o el más eficiente. La realidad dista mucho de ello”.

Pareciera que es más fácil vender parches y vendas que un remedio que cure de forma definitiva. “Nosotros nos metimos en una encrucijada difícil. Nuestro medicamento combina cinco moléculas y una enzima que actúan de manera sinérgica para atacar las múltiples causas de una herida crónica. Es como un caballo de Troya que mata diversas cosas al mismo tiempo con un único producto. Esta es la genialidad de este desarrollo y la razón por la que expertos de la clase de Serena dicen ‘wow!’. Pero también complica muchísimo a la empresa desde el punto de vista de las regulaciones y de los costos. Creo que nunca más haremos algo más difícil que esto”, admite Salim Brovia.

No en todas partes es tan bravo. Mientras que en el laboratorio de la UNT en el que empezó a investigar Ramos Vernieri usaban sillas descartadas por una entidad bancaria, en Harvard existe todo un sistema de infraestructura de punta y un financiamiento generoso a disposición de los investigadores. “Pero esto no es algo de lo que debamos enorgullecernos”, advierte Ramos Vernieri. Y añade que, si la suerte no acompaña, las probabilidades de que un emprendimiento como el que él y su socio montaron quede en la nada son altísimas: “Untech sería una excepción. Si se quiere transformar al conocimiento en el motor del crecimiento económico y social del país, debe haber un contexto. Nosotros lo fuimos a buscar afuera porque no existía en nuestro lugar de origen”. Salim Brovia apunta: “no creamos que el romanticismo y el camino heroico están buenos. A mí me da a veces vergüenza contar algunas cosas. Nosotros queremos salir de eso”.

Charla en Il Postino

A los cofundadores de Untech la vida les jugó una pasada original: se conocieron gracias a que el ex diputado de Pro y empresario, Facundo Garretón, fue un día a hacer campaña en el laboratorio donde trabajaba Ramos Vernieri, en ese momento profesor de la Cátedra de Inmunología de la Facultad de Bioquímica, investigador del Conicet y cofundador del primer laboratorio con fines de transferencia de tecnología del país (LEFyBiFa). Ese contacto inicial se tradujo en un encuentro donde el científico pudo contarle al entonces político que estaba detrás de la fórmula para curar heridas crónicas. A Ramos Vernieri ya le habían picado las ganas de pasar al “mundo real” y, entonces, Garretón, que era mentor de Salim Brovia en otros emprendimientos, lo conectó con aquel y los instó a desarrollar el proyecto juntos. “Facundo, además, invirtió en el proyecto y acercó a otros inversores”, detalla Salim Brovia.

El primer encuentro entre los cofundadores que hoy se tratan de “hermano” ocurrió en Il Postino, el restobar ubicado en el centro de San Miguel de Tucumán. “Alberto me hablaba todo el tiempo de ‘curar’. Y en mí eso se conectó de inmediato con algo que mi mamá me decía desde chico: ‘hijo, a vos te espera el mundo’. Yo me siento alguien muy bendecido. Por mi profesión, siempre creí que la manera de devolver iba a ser con una empresa exitosa que donara parte de sus ingresos. Y, de repente, apareció esta idea que implica ayudar, por ejemplo, a que a alguien no le tengan que cortar una pierna. Quise probar aunque perdiera dinero”, relata el socio.

Estuvieron con reyes, presidentes y billonarios, y, al mismo tiempo, perdieron a seres queridos importantes. “Ni me imaginaba que iba a vivir esto. Soy otra persona”, manifiesta Salim Brovia. Ramos Vernieri también hizo un giro total, en su caso como consecuencia de darse cuenta de que las actividades científicas se estaban desperdiciando “en pos de una visión ideologizada y equivocada”. “Yo era el típico académico autodestructivo. Mi padre le había dedicado la vida entera a la Universidad en un continuo renegar y murió de cáncer a los 65 años. Entendí que a veces uno mismo es quien se pone los grilletes que le impiden lograr las cosas con la creencia de que ese logro debe suceder en ciertos lugares y circunstancias. Y no es necesariamente así: no tenemos que martirizarnos. Ese primer despertar para mí fue todo”, medita.

Antes de poner en marcha Untech, Ramos Vernieri sólo había viajado a Brasil. “Este era el mundo que tenía. Ahora conozco más de 20 países y aprendí dos idiomas nuevos. La cabeza se me abrió y una de las aperturas más importantes es liberarse de todo lo que es ideológico, como el nacionalismo o la nacionalidad. Salir de esas ideas te hace más pragmático y te permite conseguir el bien que estás buscando con herramientas distintas a las que imaginabas. Así me fui liberando: renuncié a la cátedra y, luego, al Conicet. Nunca me había sentido tan libre. Hasta ese momento había sido un empleado público que gastaba tiempo en vencer al sistema y malversaba los conocimientos. Sufría y estaba en un estado de enojo constante. Rubén me había apodado ‘Furia’ Ramos”, recuerda.

Untech “curó” a sus cofundadores. “Siempre pusimos el proyecto por delante”, reflexiona Salim Brovia. Eso les posibilitó palpar lo que puede llegar a ser remediar en forma masiva. Resulta que, gracias a una prueba de concepto que se hizo, una mujer que vivía hacía siete años con una herida, pudo bañarse de nuevo en una pileta. La sonrisa de esa paciente es una de las imágenes que evocan cada vez que se desaniman. Felizmente, cada día que pasa Untech está más cerca de multiplicar sin límites la alegría triunfal que desata una sanación.

La receta de Untech:

- Crear una solución definitiva para las heridas crónicas.

- Curar a pacientes de todo el mundo con la tecnología inventada en Tucumán.

- Unir ciencia y negocios para beneficio de la humanidad.

- Crecer fase a fase con la máxima calidad y sin limitaciones geográficas.

- Incorporar la mentalidad emprendedora como una forma de vida.

- El emprendimiento en la web: untech.bio

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