El cortometraje donde los objetos resignifican su nostalgia

Las Cintas Magnetofónicas de Ezra Winston FICHA TÉCNICA: Ilustraciones y Dibujos: Sergio Ibáñez- Voz de Ezra Winston: Rafael Curci- Operadora de Cámara y Fotografías: Neila Gonzaga- Guion y Dirección: Rafael Curci-. Producido por Ediciones Tridente.

08 Dic 2019


Si bien es conocido por la historieta Mikilo, Rafael Curci es un escritor todo terreno, que, con cientos de páginas escritas, es capaz de saltar desde el cómic hacia la dramaturgia -con títeres incluídos- e incluso la narrativa visual. Su último cortometraje Las Cintas Magnetofónicas de Ezra Winston fue realizado en conmemoración a los 100 años de los maestros Oesterheld-Breccia. El mismo está basado en Mort Cinder, una de las historietas más importantes de Argentina en la que quedó inmortalizado el talento de los dos artistas.  Curci dirige, guiona y pone la voz al compañero de Mort Cinder, Ezra Winston. 

Para entender la grandeza artística de Oesteheld hay que ir más allá del Eternauta, e indagar toda su obra. Su producción cuentística, que se puede apreciar en “Más allá de Gelo”, nos dejan entrever que se trataba de un escritor de la talla de Ray Bradbury, cosa que en el cómic le permitió abarcar géneros y destacar sobre todo en la ciencia ficción con mucho peso humano. Cuando trabajó con el talentosísimo Alberto Breccia, sus talentos se potenciaron en Sherlock time y encontraron su cúspide creativa en Mort Cinder. Rafael nos habla en profundidad del tema en una entrevista exclusiva. 


           


Por lo general cuando se hacen adaptaciones independientes de la obra de Oesteheld, apuestan por El Eternauta. ¿Qué te llevó a optar por el mundo de Mort Cinder, específicamente la tienda del anticuario Ezra Winston?

Cuando leí Mort Cinder por primera vez era un adolescente. Llegó a mis manos gracias a una reedición de la obra que Ediciones Record publicó a mediados de los 70. La revista se llamaba Pif-Paf, creo. Recuerdo que me impactó la atmósfera densa y repleta de misterio, de claroscuros, de luces y sombras que apenas muta en los distintos episodios. Y el texto está tan bien escrito que te hace cómplice incondicional de la trama. Más que escrito parece susurrado. El binomio Oesterheld-Breccia creó un mundo donde todo funciona a tientas y a los tumbos, donde el pasado se hace presente cuando es detonado por una minucia, una bagatela, por un objeto hallado en la tienda de Ezra Winston, el anticuario. En mi trabajo diario como teatrista tengo contacto permanente con títeres y objetos, de ahí viene mi predilección por esta obra, supongo.    


Si bien estuviste en los guiones de una obra de culto del cómic nacional, Mikilo, el grueso de tu trabajo está en el teatro y en lo audiovisual ¿Te sentís más ligado al cómic o al teatro? ¿Cuál es el peso del cómic en tu carrera?

Es enorme. Leo historietas desde pequeño y creo que de alguna manera me marcaron, o para decirlo mejor, me influenciaron, tanto en el lenguaje visual como en el narrativo. El lenguaje del comic es dinámico, asociativo, sintético y figurado, elementos estos que también utilizo cuando escribo ficción y hago teatro. Y también los aplico a todo lo concerniente a la multimedia en general y al soporte audiovisual en particular.  


¿Supuso un desafío lograr emular el estilo narrativo para la voz en off de Ezra?

 En realidad, fueron dos desafíos: el primero fue escribir como si fuera Ezra Winston, y el segundo hablar como él. Los textos que se escuchan en las cintas hacen referencia al mundo de los objetos desde una visión muy particular y profunda, desde la mirada de un viejo y solitario anticuario. En cuanto a su voz, me llevó unos cuantos ensayos arrimarme a un tono y a una sonoridad que me dejara medianamente conforme y satisfecho. Pero cuidado, no soy un esquizofrénico que anda por ahí soltando voces a los cuatro vientos, soy titiritero de oficio. Hago, simulo e invento voces con bastante frecuencia en mi trabajo.


El maestro Breccia usó su propio rostro para crear a Ezra Winston. ¿En qué te basaste para encontrar el tono de su voz y su expresión?

Trabajé con lo único que tenía a mano, un libro. Una edición nacional de la obra completa de la que me valí para poner en marcha una serie procedimientos: el primero fue levantar al personaje del papel impreso para intentar reanimarlo, de la misma manera que lo hago cuando animo un objeto, un títere. Precisaba traerlo al presente como una presencia física y palpable. Pero no quería encarnarme en Ezra Winston, no soy un actor. Lo que precisaba era apenas una representación más o menos tangible y acabada de él. Y cuando finalmente se develó ante mis ojos lo hizo medio a escondidas, entre sombras y destellos opacos, salpicado de manchas de tinta y apenas iluminado por esos claroscuros que dibujaba Breccia. Me pasé el brazo de Ezra por encima del hombro y a partir de ahí comenzamos a andar juntos un tiempito. Observándolo de cerquita intenté asimilar sus pasos, su modo de pensar, el tono de su voz… fue un trabajo complejo, introspectivo, y al mismo tiempo apasionante. Breccia y Oesterheld nos obsequiaron siempre personajes expresivos, complejos y tridimensionales que se perciben a primera vista como bidimensionales por cierta limitación del lenguaje impreso.
  

Los objetos son protagonistas en las tiendas de los anticuarios, al punto que le roban protagonismo a Ezra Winston en Mort Cinder. ¿Cómo lograste darles la mítica a los objetos que utilizas en el corto?

Bueno, hace tiempo vengo teorizando sobre las distintas formas, conceptos, aplicaciones y procedimientos que ligan a los objetos con distintas áreas de las artes escénicas en general y con el teatro de objetos en particular. Llevo años acumulando escritos que se desprenden de mi trabajo como artista y docente en distintas áreas y disciplinas. Los textos que se escuchan en las cintas son en realidad un conjunto de cavilaciones, de especulaciones y teorías aleatorias sobre el mundo de los objetos que voy registrando y pasando al papel.    


 Los dibujos de Sergio Ibáñez son una parte importante de la cinta. ¿Cómo llegó al proyecto? ¿Las ilustraciones fueron creadas para el corto?


Es un verdadero lujo contar con el aporte de un artista de la talla de Sergio Ibáñez. Hicimos dupla hace unas décadas atrás, cuando dibujó algunos capítulos para la serie Mikilo. Sergio hizo esas ilustraciones en realidad para un libro de mí autoría que saldrá a la venta en el mes de mayo de 2020. No es un libro de historietas, sino de teoría teatral y lleva por título “Biobjeto en escena”. Las Cintas Magnetofónicas de Ezra Winston eran originalmente tres videos cortitos de promoción, pensados para divulgar el lanzamiento del libro. Cuando los estaba editando me di cuenta que podía hacer con ellos algo más profundo y significativo en términos artísticos, como, por ejemplo, un homenaje a dos grandes maestros de la historieta.


¿Qué es lo que destacas de Oesteheld como Escritor? ¿Cómo influyó en tu obra?

Hace un tiempo atrás descubrí que leía a H.G. Oesterheld desde muy pequeño, cuando vivía en Uruguay. A través de la revista Billiken entré en contacto con algunos de sus trabajos. Recuerdo la serie Marvo Luna –ilustrada por Solano López-, y algunas adaptaciones de clásicos de la literatura que hizo para editorial Atlántida. Creo que El Sabueso de los Baskerville y 20.000 leguas de viaje submarino le pertenecen, la primera dibujada por Gustavo Trigo y la segunda por Regalado, si mal no recuerdo. De ahí en más siempre anduvo cerquita, o mejor dicho, yo anduve dando vueltas alrededor de él y hasta el día de hoy lo sigo orbitando.


¿Tenés proyectos audiovisuales para el futuro?

Puede que haga algo para el próximo lanzamiento del tomo 2 de Mikilo y eso está pautado para fines de abril de 2020. Todavía no sé cómo sería ni en que soporte específico, pero algo se me va a ocurrir. Por otro lado, ando con ganas de llevar algunas viñetas de Mort Cinder al teatro y con muñecos. Sin palabras, con poca luz y muchas sombras. Y no van a faltar los objetos, por supuesto. 

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