La experiencia agridulce de vivir

02 Nov 2015
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Ilustración de Allie Brosh

Reseña de Hipérbole y media

Hay gente que ve arte en los garabatos. Se emocionan y dan charlas de arte contemporáneo mientras aplauden a obras que parece que solamente ellos entienden. Para ellos, es imposible dibujar como un niño de menos de cinco años. Hay artistas que les hacen caso, se obsesionan con esto e intentan emular la fuerza y expresividad que tienen esos dibujos, claro nunca les sale bien por el simple hecho de que tienen idea de ilustración. Lo irónico es que se escandalizan cuando aparecen personas que tienen una técnica de dibujo tan tosca que parece salido de la mano de un niño neurótico, se pone de moda. Peor si gracias a la magia de internet  comienza a tener seguidores. Cuando llega a los medios y  se populariza, muchos de estos artistas se ofenden, se sienten frustrados porque esos “dibujos horrendos” consiguieron la fama que sus obras no pudieron. Si no me creen busquen una copia de Hipérbole y media de Allie Brosh, elijen el dibujo que más les llame la atención y se las muestran a algún amigo dibujante. Van a divertirse cuando escuchen esos insultos gráficos que les encanta descargar. Si los quieren hacer gritar todavía más más, les dicen que ese libro, que fue multipremiado, tiene impreso material de uno de los blogs más populares e influyentes de los últimos años.

Por suerte Allie Brosh es consciente de lo que hace o eso dijo en varias entrevistas. Esos dibujos que van un paso más allá de las ilustraciones de personas de palitos, son intencionales porque busca la crudeza y lo básico. Así logra que sus garabatos, perdón, dibujos sean lo más expresivos posibles. Por algún error del universo lo consigue y funciona bastante bien. Sus personajes van unos pasos más allá de los seres humanos de palitos y no hay proporción anatómica que valga. Su paleta de colores es bastante limitada y lo peor, a pesar de tener una tableta digitalizadora Wacom, usa Paintbrush, es decir el programa más básico posible que no tiene ni sensibilidad a la presión del lápiz óptico. A pesar de todo, tienen un trabajo importante y tal vez allí está el secreto de por qué son tan expresivos. En una entrevista Allie Brosh dijo “Se ven realmente simples y un poco mierdosos, pero toma horas tratar de que estén bien” Les voy a decir algo, hay un momento, posiblemente cuando van por la mitad de cualquiera de sus historias en el que se van a encariñar con su estilo. Tiene muchísimo que ver con lo que escribe y cómo lo hace. En esto es brillante.

 Escribir para combatir la depresión, como hace Allie Brosh, no es algo fácil. No es como esas descargas mal escritas que nos cansamos de leer en las redes sociales que van más o menos así “Ai un lugar oscuro, secreto y lejano que todos pueden ver al que van todas mis amargas lagrimas. Ay está tu recuerdo oscuramente doloroso lleno de triste tristeza amarga” Sí, a mi también me duele leerlos, pero qué le vamos a hacer, todos tenemos un amigo que escribe y sufre así. Lo de esta autora es diferente, habla desde el lugar de alguien que no quiere hundirse en la autocompasión. Ella quiere compartir historias de su infancia, alguna que otra anécdota y hablarnos de sus perras (la perra simplona me parece genial). Lo cuenta de una manera que hace interesante su vida y nos hace ver el mundo a su manera: neurótica y agridulce.   Debajo de la capa de humor ácido y sarcasmo inteligente, hay sentimientos muy fuertes que si estuviesen expresados de manera directa, dudo que alguien pueda pasar más de diez páginas de este libro sin querer regalárselo a un psicólogo amigo y después pedirle algunas sesiones de psicoterapia. Ese humor que tiene es la herramienta que usa para contarnos lo que se le da la gana sin pelos en la lengua y dejar que sus sentimientos fluyan. Además lo suyo no es texto lineal. Cada tanto aparecen cuadros, juegos de preguntas y respuestas y otros recursos lingüísticos. En algunos capítulos habla de temas fuertes como su depresión o de la posibilidad de suicidio que había pasado por su mente. Eso sí, están suavizados porque sabe cómo y donde utilizar el humor para matizarlos y gracias a sus ocurrencias inesperadas hay risas frente a estos temas. Es aquí donde su estilo gráfico tiene sentido y comienza a tener peso. Esas viñetas mal dibujadas, que son tan toscas y expresivas, nos descolocan. A diferencia de muchos ilustradores, sabe muy bien qué poner en cada cuadro. Como no pretende lucirse, sino expresar algo, logra que haya una simbiosis muy fuerte entre texto y cómic. Aún así es extraño que se fusionen, después de todo, lo que escribe es brillante y lo que dibuja, horrible. Sea como sea, lo hace de una manera tan inteligente que lo logra.

Gracias a los Blogs, muchos artistas tuvieron la posibilidad de difundir sus obras. La mayoría pasó con justificación al olvido, y a la vergüenza global que da internet. Sin embargo, gracias a los Blogs pudimos conocer a gente con mucho talento. El mercado editorial vio esto y tuvo la inteligencia de publicar obras como ésta, o Más respeto que soy tu madre de autores argentinos.  El caso de Allie Brosh es uno de esos en los que al hojear el libro por primera vez, sentimos que nos están estafando y la humanidad se hizo zombie hace mucho tiempo. Sin embargo, cuando comenzamos a leerlo, respiramos tranquilos, el material es muy bueno y hay esperanzas para la humanidad. Además, a pesar de que sus dibujos estén más cerca del garabato que de la ilustración, sabe qué es lo que quiere expresar y lo logra. Muchos dibujantes pueden renegar por esto, pero la verdad, podrían aprender una que otra cosa de Brosh. Por algo una de sus ilustraciones se volvió meme. 

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