El caso Frida Sofía, uno más de nuestra neurosis

22 Sep 2017
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Un rescatista busca a Frida Sofía bajo los escombros. (Foto: La Nación)


El día del Terremoto de Puebla de 2017, en la Ciudad de México un edificio que albergaba el colegio Enrique Rébsamen se derrumbó con niños adentro. Con el paso de las horas fueron rescatando a los niños y personal que laboraba en la institución.

De repente, la mañana del 20 de septiembre, la televisora Televisa sacó al aire la historia de una niña que supuestamente estaba atrapada debajo de los escombros.

Según apuntan algunas versiones la niña fue detectada por los rescatistas y está se comunicaba con ellos, ella supuestamente les dijo que su nombre era Frida Sofía. La televisora le dio mucha importancia a este caso, y mantuvo a mucha gente expectante sobre lo que iría a pasar. Hasta que aproximadamente al medio día del 21 de septiembre se descubrió que todo había sido un engaño de la televisora para mantener la audiencia. Frida Sofía no existía, ya que todos los niños y personal educativo ya habían sido encontrados.

El caso de Frida Sofía se vuelve especular con el caso de Luis Ramón "Monchito" Navarrete, de 9 años, el "niño fantasma" que también captó la atención de la prensa nacional e internacional, y de toda la sociedad mexicana en 1985, tras el devastador terremoto producido aquel año.

En realidad hay muchísimos casos de estas mismas características a lo largo de la historia, de la historia de los accidentes donde queda gente atrapada en pozos o derrumbes, y a lo largo de la historia del periodismo y del flujo de la información en los medios masivos.

Uno de estos casos es el de Floyd Collins en 1925, quien fue un explorador de cavernas estadounidense , principalmente en una región del centro de Kentucky que alberga cientos de kilómetros de cavernas subterráneas interconectadas dentro de Mammoth Cave National Park , el sistema de cuevas más largo del mundo.

El 30 de enero de 1925, mientras intentaba encontrar una nueva entrada a Crystal Cave, Collins se quedó atrapado en un estrecho pasaje a 18 metros bajo tierra. Cuando había recorrido unos 50 metros desde la entrada de la cueva, Collins quedó atrapado por una piedra que aprisionó su pierna izquierda.

La operación de rescate para salvar a Collins se convirtió en una sensación mediática nacional y una de las primeras historias de noticias importantes que se informó utilizando la nueva tecnología de radio y fue retrasmitida por el mundo entero. Tanto que el caso del rescate de Collins es considerado uno de los más difundidos eventos mediáticos del período entre las dos guerras mundiales del siglo XX. Collins murió el 13 de febrero de 1925, los rescatistas no pudieron sacarlo a tiempo de la cueva.

Otro caso es el de la niña Kathy Fiscus:

El 8 de abril de 1949, Kathy estaba jugando con su hermana en un campo en San Marino, California, de pronto cayó en un pozo de agua abandonado que había perforado la empresa California Water and Telephone Co., donde trabajaba su padre David.

La niña fue encontrada el domingo por la noche, estaba muerta. El caso fue uno de los primeros de este tipo en ser transmitidos en vivo por televisión y radio en todo EEUU.

Recordemos también la impensada y magnánima cobertura que recibió el caso de los 33 mineros chilenos atrapados en la Mina de San José, en Chile. Los mineros quedaron atrapados a 720 metros de profundidad durante 69 días. Durante todo ese tiempo, el caso fue cubierto de modo permanente por los medios de comunicación y difundido por el mundo entero. 

Pero volviendo al caso de Frida Sofía cabe preguntarnos por qué la neurosis colectiva concibe un invento, lo materializa en un nombre (casualmente el mismo de la pintora más famosa de México) y se desata la catarata de información apócrifa que genera este tipo de fenómeno mediático, psicológico y sociológico.

Algunos hablarán de la influencia de los medios de comunicación, o de algo parecido Síndrome de la mujer blanca desaparecida (Missing White Woman Syndrome) que es una expresión de origen estadounidense, y que se refiere a la desproporcionada mayor atención que se da en los medios (principalmente la televisión, la radio y los periódicos) a los casos de personas desaparecidas cuando éstas son mujeres jóvenes, atractivas físicamente, de clase media o media alta y de raza blanca, en comparación con los casos de desapariciones de cualquier hombre, o mujeres de otras razas o clases sociales.

Pero este fenómeno no sólo se trata de la mujer blanca desaparecida, sino de la niña aprisionada bajo tierra, o en un pozo, o bajo escombros, que necesita ser rescatada. La tipología de las circunstancias despierta nuestra más instintiva conmiseración y nuestra más pura esperanza de que el caso tenga un final feliz, incluso cuando se trata de un devastador terremoto, porque ante tanta desgracia, tanta indiferencia con que el Planeta (que algunos ególatras de perogrullo pretenden “salvar”) nos aniquila nuestra vana esperanza en busca esa pequeña luz, de esa Proserpina que nos brinde al menos el diminuto alivio de saber que no todo es tragedia, que no todo es muerte.

@Cesario

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