Este hombre salvó al mundo de una Guerra Nuclear

04 May 2017
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Stanislav Petrov.

Ante la delicada situación diplomática que se vive actualmente entre Estados Unidos y Corea del Norte, y con el peligro de un enfrentamiento nuclear, viene bien recordar (otra vez) la prudencia de un hombre que quizás salvó al mundo de una Guerra Nuclear hace 35 años. Su nombre: Stanislav Petrov.


El 26 de septiembre de 1983, hace 35 años, el mundo podría haber entrado en una Tercera Guerra Mundial. Iba a ser una guerra de proporciones masivas, cuyo nivel de destrucción estaba garantizado por la tremenda carga armamentística que tenían EEUU y la Unión Soviética.

En 1983 la Guerra Fría estaba en uno de sus puntos más tensos. Ambos bandos, el Occidental/Capitalista, y el Oriental/Comunista, se encontraban pelirgosamente provistos de armas nucleares. Eran dos gigantes desafiándose mutuamente y al mismo tiempo, desafiando el futuro de la Humanidad.

Aquel 26 de septiembre, en el búnker de vigilancia Serpujov-15, al noroeste de Rusia y relativamente cerca de Moscú, sonó una alarma que indicaba que Estados Unidos había lanzado un misil nuclear intercontinental hacia territorio ruso. El hombre que estaba al mando de esa base era el teniente coronel, e ingeniero informático, Stanislav Petrov. Ese hombre tuvo en aquel momento el destino de miles de millones de personas en sus manos, porque si informaba a sus superiores de la alarma, suponiéndola fidedigna, seguramente la réplica nuclear de la Unión Sovietica habría sido inmediata, desatando una Tercera Guerra Mundial, que sería una guerra nuclear.

El Sistema de Detección de Ataques con Misiles que Stanislav Petrov manejaba podría haberse equivocado, un error informático podría haber detonado la alarma. Petrov pensó al principio que si EEUU atacaba a la Unión Soviética, no iba a hacerlo con tan solo un misil. Pero luego el Sistema informó que eran varios misiles que habían sido lanzados hacia la Unión Soviética.

La alarma indicaba que eran cinco los misiles lanzados por EE.UU. Y si era así, si realmemente eran varios misiles balísticos intercontinentales los que estaban viajando desde EE.UU a la Unión Soviética, tenían solo unos 30 minutos para actuar. Lo cual significaba que Petrov tenía menos tiempo para informar al Kremlin que estaban siendo el objetivo de un ataque con misiles nucleares.

Las responsabilidades de Petrov incluían la observación de la red de alerta temprana por satélite y notificar a sus superiores de cualquier inminente ataque de misiles nucleares contra la Unión Soviética. Si se recibía por parte de los sistemas de alerta temprana que se habían detectado los misiles entrantes, la estrategia de la Unión Soviética era un contraataque nuclear inmediato contra los Estados Unidos, dentro de la doctrina de la destrucción mutua asegurada, que es algo así como una estrategia de guerra suicida, donde el contraataque es tan terrible que asegura la destrucción de ambos bandos. Una patada atómica al tablero de un ajedrez desesperado entre dos potencias temerosas, temerosas y poderosas.

Para entender el clima que se vivía en la época, hay que tener en cuenta que solo tres semanas antes, la Unión Soviética había derribado un avión de pasajeros surcoreano que por error había invadido el espacio aéreo soviético, matando a las 269 personas a bordo, incluidos varios estadounidenses, entre los que viajaba el congresista estadounidense de Georgia Larry McDonald.

El mundo entero sopesaba la posibilidad de que se desate una guerra nuclear. La tensión era inaudita, y día a día se ponía más tirante. Sin embargo, sobre aquel momento dijo Petrov más tarde: «Estaba preparado para una situación así, porque me habían designado para ese puesto por ser un profesional. Sin embargo, en aquellos momentos no podía evitar una sensación de perplejidad ante lo que veía».

Pero las alarmas siguieron sonando e indicaban el advenimiento de nuevos misiles. En un momento resultaron ensordecedoras. «Cinco o seis segundos después de que sonara la alarma, miré hacia abajo -mi despacho estaba en el piso superior del puesto de mando- y vi a la gente que salía de sus sitios de trabajo y se quedaban mirándome, esperando mis órdenes. Teníamos que ponernos a trabajar, así que les dije que volviesen a sus tableros de control, pero por el momento no tomamos ninguna decisión».

En ese momento Stanislav Petrov tenía en sus manos el destino de la Humanidad. Si informaba al ministro de Defensa y al Jefe de Estado Mayor de la rusia Soviética lo que estaba pasando -que es lo que cualquier hombre que no tuviera el temple de Petrov haría- ese informe habría desencadenado el mencanismo de respuesta nuclear. Petrov intentó chequear las alarmas con los radares terrestres pero estos no infromaban nada, posiblemente por una falla de funcionamiento.

Entonces decidió esperar, verificar, pensar, y nuevamente esperar, antes de informar erróneamente al presidente Yuri Andropov de la posibilidad de un ataque. Petrov tomo la mejor decisión, no levantó el teléfono rojo. Se trataba de una falsa alarma. El presidente soviético habría iniciado acciones bélicas inmediatamente. Lo que significaba abrir una, y quizá la última, puerta al Infierno. Tan posible era que se ejecute un ataque nuclear desde la Unión Soviética, que según el ex jefe de la contrainteligencia extranjera de la KGB Oleg Kalugin, el pensamiento de Andropov era del tipo: «El peligro estaba en el pensamiento de los líderes soviéticos, los estadounidenses pueden atacar, por lo que es mejor atacar primero».

Finalmente, cuando a Petrov le preguntaron por qué no había dado la alerta, contestó simplemente: "La gente no empieza una guerra nuclear con solo cinco misiles."

En el documental «El botón rojo y el hombre que salvó el mundo» (2008) Petrov afirma: «Todo lo que pasó no me concernía - era mi trabajo. Estaba simplemente haciendo mi trabajo y fui la persona correcta en el momento apropiado, eso es todo. Mi última esposa estuvo diez años sin saber nada del asunto. '¿Pero qué hiciste?', me preguntó. 'No hice nada'»

Ad hoc, y en vistas de la tensa situación entre Estados Unidos y Corea del Norte respecto de las amenazas nucleares del líder petiso, recomendamos una película que ilustra con humor, talento e inteligencia, la situación de amenaza nuclear que vivió el mundo durante décadas. Se trata de Dr. Strangelove, (Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba) de Stanley Kubrick que fue estrenada en 1964, es decir casi 20 años antes del episodio en que estuvo a cargo Stanislav Petrov, y que la historia llama El incidente del Equinoccio de Otoño. A continuación una escena de esa película con el genial Peter Sellers llamando por teléfono a su par en Moscú. 

Dr. Strangelove (1964) de Stanley Kubrick

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