24 Enero 2008 Seguir en 
"Así que pensaste que te podría gustar venir al show. A sentir la tibia emoción de la confusión. Ese resplandor de cadete espacial. Dime, si hay algo eludiéndote, rayito de sol. No es esto lo que esperabas ver. Si quieres averiguar qué hay detrás de estos fríos ojos, sólo tendrás que despedazar este disfraz". (The Wall, Alan Parker, 1982).
Ese muro existencialista construido por ladrillos de cocaína se levantó cuando Parker y Roger Waters condensaron en un cuarto de hotel de Los Angeles el zapping y las pesadillas de Pink. Se trata de un personaje al que un amante del cine-rock ha visto o, si se la banca, debiera ver. Porque si bien muchos pensaron que les gustaría venir al show, pocos aguantaron la hipnosis y, agachados para no molestar, abandonaron la sala antes del final. Otros ni siquiera entraron. ¿Será, después de todo, que el cine arruinará las sensaciones que el rock nos puede dar?
Según Hollywood, sí. Nunca apostó por la gran película con acordes. Y las que se le acercaron como "Casi famosos" no resultaron creíbles (todos lindos, una groupie hablando con una mamá...). Cuando las salas del mundo se llenaron y permitieron la globalización de Elvis ("Love me tender", 1956) o The Beatles (Help!, 1965), la crítica les dio con un caño. Entonces, abrazados a la revolución de los 70, antes de "The Wall" aparecieron dos clásicos que dieron la idea de ópera rock: "Tommy" y "Quadrophenia", en clave The Who. Siguieron "Suburbia" (¡actúa Flea!) y "This is Spinal Tap", una de las grandes películas porque trata en formato documental el ocaso de la banda inglesa, una idea que será plagiada por los siglos de los siglos, al igual que la dureza de las giras ("Ya tuvimos suficiente. O, quizás, es pura superstición. No hay que llamar a la desgracia. Es un estilo de vida imposible", dice Robbie Robertson), el amor en los tiempos de heroína ("Sid & Nancy"), melómanos incurables ("Alta Fidelidad"), biopics ("Don?t look back", con Bob Dylan, y "The Doors", enorme Val Kilmer, por el parecido y la actuación), el descontrol en pastillas y brillantina ("24 hours party people" y "Velvet Goldmine") y la muerte.
Como prueba de que el cine lo puede todo, hace poco llegaron dos obras maestras antagónicas. "El último vals", de Martin Scorsese, 25 años después en DVD, nos permite estar ahí, en la cocina de la música entre amigos. Claro que esos son los amigos de The Band: Eric Clapton, Neil Diamond, Dylan, Ringo Starr, Dr. John, Muddy Waters y cuatro minutos para enamorarnos de Joni Mitchell. El trabajo de Scorsese ha sido la base para su próxima presentación, el 7 de febrero, en el festival de Berlín, llamado "Shine a Light", basado en los Rolling Stones.
Alejado del formato documental, abran las puertas al genial Gus van Sant. "Los últimos días", una película de silencios, de teléfonos que suenan y del último tazón de cereal de chocolate que probó Kurt Cobain. Por nuestra parte, falta el gran plato, aún sin probar. Así como hay discos perfectos ("Sgt. Pepper", "Thriller", "The Dark Side of the Moon"), el cuarto y el séptimo arte se deben una obra deslumbrante, culta, masiva, con guión, fotografía y una banda sonora como Hank Williams, Buddy Holly, Otis Redding, Janis, Elvis y Jimmy Hendrix, inmortales que siguen de gira. Así será, algún día, en las mejores salas.
The Wall (1982), de Alan Parker
Cada aspecto de la vida de Pink, decorado por sustancias de todos los colores, construye un muro psicológico, trágico y opresivo, pero cautivante e hipnótico como las letras de Waters. Se tratan de 99? no aptos para los defensores de la industria musical.
Sid & Nancy (1986), de Alex Cox
Sid Vicius fue el famoso bajista de los Sex Pistols. Nancy Spungen, la groupie ideal para un amor que sólo la muerte podía separar. Gary Oldman y Chloe Webb nos llevan de la manito, al compás de una banda de sonido tan desmesurada como notable.
El último vals (1978), de Martin Scorsese
Después de 16 años de gira, The Band sabe que han aprendido todo y que más sería jugar con el destino. A través de un montaje único de Scorsese vemos cómo Robbie Robertson y Rick Danko crean música con Clapton, Dylan, Ringo, Ron Wood y más.
Tommy (1975), de Ken Russell
La historia de un muchacho que, luego de presenciar el asesinato de su padre, queda ciego, sordo y mudo, ya es un clásico. Además del cantante Roger Daltrey en el rol principal y del resto de los The Who, aparecen Elton John, Tina Turner y Eric Clapton.
This is Spinal Tap (84), de Rob Reiner
Una descerebrada comedia con estructura de falso documental. ¿Quiénes son Spinal Tap? ¿Nunca supieron de ellos? Para eso llegó Rob Reiner, que 20 años después del apogeo de los 70, juntó a Christopher Guest, Michael McKean y Harry Shearer.
Los últimos días (05), de Gus van Sant
Una de las ficciones más logradas de todas justamente no incluye soundtracks. Sus eternas tomas e incómodos silencios son la letra y música del ocaso de Kurt Cobain, sucio y alejado de Courtney Love, con un bajón de barritas y cereal de chocolate. Salud.
Alta fidelidad (2000), de Stephen Frears
Dicen que Pettinato basó su Top Five de Orsai a la medianoche en la técnica de Rob (John Cusack) para no caer en los errores de sus cinco rupturas más importantes. Es el debut de Jack Black ("Escuela de rock" y "Delirios de fama").
The Doors (1991), de Oliver Stone
El director de "Evita" quiso encender la vida de Morrison y eligió al clon de Hollywood. Val Kilmer la rompe y sus conductas sobre el escenario nos ayudan a entender, si es que eso buscamos, qué le pasaba al lisérgico Jim y su hipnosis al volante.
The Commitments (91), de Alan Parker
El gran Alan no recibió las críticas de "The Wall". Si bien se trata de la típica temática que trata el ascenso y el descenso de una banda atada con alambres, Dublín quería su banda de soul y Parker les regala 10 miembros en papel de celofán.
Velvet Goldmine (98), de Todd Haynes
Ideal para las chicas. El guapo que juega al ping pong con Scarlet Johansson anda entre sábanas con Ewan Mc Gregor. La ambigüedad sexual es uno de los temas que shockeó a Londres en los 70. Como "El Ciudadano Kane", pero con mucha brillantina.
Ese muro existencialista construido por ladrillos de cocaína se levantó cuando Parker y Roger Waters condensaron en un cuarto de hotel de Los Angeles el zapping y las pesadillas de Pink. Se trata de un personaje al que un amante del cine-rock ha visto o, si se la banca, debiera ver. Porque si bien muchos pensaron que les gustaría venir al show, pocos aguantaron la hipnosis y, agachados para no molestar, abandonaron la sala antes del final. Otros ni siquiera entraron. ¿Será, después de todo, que el cine arruinará las sensaciones que el rock nos puede dar?
Según Hollywood, sí. Nunca apostó por la gran película con acordes. Y las que se le acercaron como "Casi famosos" no resultaron creíbles (todos lindos, una groupie hablando con una mamá...). Cuando las salas del mundo se llenaron y permitieron la globalización de Elvis ("Love me tender", 1956) o The Beatles (Help!, 1965), la crítica les dio con un caño. Entonces, abrazados a la revolución de los 70, antes de "The Wall" aparecieron dos clásicos que dieron la idea de ópera rock: "Tommy" y "Quadrophenia", en clave The Who. Siguieron "Suburbia" (¡actúa Flea!) y "This is Spinal Tap", una de las grandes películas porque trata en formato documental el ocaso de la banda inglesa, una idea que será plagiada por los siglos de los siglos, al igual que la dureza de las giras ("Ya tuvimos suficiente. O, quizás, es pura superstición. No hay que llamar a la desgracia. Es un estilo de vida imposible", dice Robbie Robertson), el amor en los tiempos de heroína ("Sid & Nancy"), melómanos incurables ("Alta Fidelidad"), biopics ("Don?t look back", con Bob Dylan, y "The Doors", enorme Val Kilmer, por el parecido y la actuación), el descontrol en pastillas y brillantina ("24 hours party people" y "Velvet Goldmine") y la muerte.
Como prueba de que el cine lo puede todo, hace poco llegaron dos obras maestras antagónicas. "El último vals", de Martin Scorsese, 25 años después en DVD, nos permite estar ahí, en la cocina de la música entre amigos. Claro que esos son los amigos de The Band: Eric Clapton, Neil Diamond, Dylan, Ringo Starr, Dr. John, Muddy Waters y cuatro minutos para enamorarnos de Joni Mitchell. El trabajo de Scorsese ha sido la base para su próxima presentación, el 7 de febrero, en el festival de Berlín, llamado "Shine a Light", basado en los Rolling Stones.
Alejado del formato documental, abran las puertas al genial Gus van Sant. "Los últimos días", una película de silencios, de teléfonos que suenan y del último tazón de cereal de chocolate que probó Kurt Cobain. Por nuestra parte, falta el gran plato, aún sin probar. Así como hay discos perfectos ("Sgt. Pepper", "Thriller", "The Dark Side of the Moon"), el cuarto y el séptimo arte se deben una obra deslumbrante, culta, masiva, con guión, fotografía y una banda sonora como Hank Williams, Buddy Holly, Otis Redding, Janis, Elvis y Jimmy Hendrix, inmortales que siguen de gira. Así será, algún día, en las mejores salas.
The Wall (1982), de Alan Parker
Cada aspecto de la vida de Pink, decorado por sustancias de todos los colores, construye un muro psicológico, trágico y opresivo, pero cautivante e hipnótico como las letras de Waters. Se tratan de 99? no aptos para los defensores de la industria musical.
Sid & Nancy (1986), de Alex Cox
Sid Vicius fue el famoso bajista de los Sex Pistols. Nancy Spungen, la groupie ideal para un amor que sólo la muerte podía separar. Gary Oldman y Chloe Webb nos llevan de la manito, al compás de una banda de sonido tan desmesurada como notable.
El último vals (1978), de Martin Scorsese
Después de 16 años de gira, The Band sabe que han aprendido todo y que más sería jugar con el destino. A través de un montaje único de Scorsese vemos cómo Robbie Robertson y Rick Danko crean música con Clapton, Dylan, Ringo, Ron Wood y más.
Tommy (1975), de Ken Russell
La historia de un muchacho que, luego de presenciar el asesinato de su padre, queda ciego, sordo y mudo, ya es un clásico. Además del cantante Roger Daltrey en el rol principal y del resto de los The Who, aparecen Elton John, Tina Turner y Eric Clapton.
This is Spinal Tap (84), de Rob Reiner
Una descerebrada comedia con estructura de falso documental. ¿Quiénes son Spinal Tap? ¿Nunca supieron de ellos? Para eso llegó Rob Reiner, que 20 años después del apogeo de los 70, juntó a Christopher Guest, Michael McKean y Harry Shearer.
Los últimos días (05), de Gus van Sant
Una de las ficciones más logradas de todas justamente no incluye soundtracks. Sus eternas tomas e incómodos silencios son la letra y música del ocaso de Kurt Cobain, sucio y alejado de Courtney Love, con un bajón de barritas y cereal de chocolate. Salud.
Alta fidelidad (2000), de Stephen Frears
Dicen que Pettinato basó su Top Five de Orsai a la medianoche en la técnica de Rob (John Cusack) para no caer en los errores de sus cinco rupturas más importantes. Es el debut de Jack Black ("Escuela de rock" y "Delirios de fama").
The Doors (1991), de Oliver Stone
El director de "Evita" quiso encender la vida de Morrison y eligió al clon de Hollywood. Val Kilmer la rompe y sus conductas sobre el escenario nos ayudan a entender, si es que eso buscamos, qué le pasaba al lisérgico Jim y su hipnosis al volante.
The Commitments (91), de Alan Parker
El gran Alan no recibió las críticas de "The Wall". Si bien se trata de la típica temática que trata el ascenso y el descenso de una banda atada con alambres, Dublín quería su banda de soul y Parker les regala 10 miembros en papel de celofán.
Velvet Goldmine (98), de Todd Haynes
Ideal para las chicas. El guapo que juega al ping pong con Scarlet Johansson anda entre sábanas con Ewan Mc Gregor. La ambigüedad sexual es uno de los temas que shockeó a Londres en los 70. Como "El Ciudadano Kane", pero con mucha brillantina.







