Rock y glamour: la nostalgia copó River

Babasónicos hizo suspirar a más de 45.000 personas que colmaron la cancha de River. La perla de la segunda noche fue la banda británica Psychedelic Furs.

REPERTORIO FESTIVALERO. Babasónicos interpretó sus joyas más preciadas y también temas que no suelen hacer tan seguido. Los fans aplaudieron a rabiar. LA GACETA / ENVIADO ESPECIAL FRANCO VERA
REPERTORIO FESTIVALERO. Babasónicos interpretó sus joyas más preciadas y también temas que no suelen hacer tan seguido. Los fans aplaudieron a rabiar. LA GACETA / ENVIADO ESPECIAL FRANCO VERA
15 Abril 2007
BUENOS AIRES (Enviado especial, Facundo Pereyra).- El público llegó para ver a Babasónicos y a los británicos de Keane. Y muchos se perdieron a Psychedelic Furs, aquella banda que en los 70 y 80 se subió a la cresta de la new wave para desparramar glamour por el mundo, y que el viernes se convirtió en una de las propuestas más interesantes de ese día del Quilmes Rock. La segunda jornada del gigantesco festival fue así. Puro glamour y una multitud bailando con las últimas bandas, y pop con muy poco público con las dos primeras (Estelares y Arbol).
Cuando los insípidos platenses de Estelares abrieron el show, había unas 5.000 personas escuchándolos. El frío (de la temperatura y de las reacciones), mostró un panorama preocupante para los organizadores, sobre todo teniendo en cuenta que el primer día del encuentro fue sumamente emotivo y popular. Arbol, o las ramas que quedan de la banda de Haedo, arrancaron con "Cosacuosa". Estaba empezando a anochecer, y el ingreso del público era extremadamente lento. La banda, que está haciendo sus primeras experiencias sin uno de sus frontman (se fue Eduardo Schmidt), está más rockera y fuerte, pero con el espíritu circense y festivo siempre en alto. Tocó sus clásicos, hizo algunos temas nuevos y levantó al público con su tradicional convite a pogos fraternales y sincronizados. Su cierre, a 50 minutos de haber empezado, fue con la poco original versión de "La Balsa", tal y como lo venían haciendo con "Jijiji", de Los Redondos.

Resurgimiento
Las luces del escenario, montadas sobre nueve arcos que envuelven el escenario levantado en la cancha de River empezaron a dejar boquiabierto al público cuando Psychedelic Furs arrancó con "Heartbeat", uno de sus temas más recordados y bailados en los días de gloria de la banda, que desde el año 2000 viene reubicándose en la escena de la mano del resurgimiento del pop británico. Los sintetizadores son, tal vez, el aporte más novedoso que tiene este grupo de viejos rockeros que asimilaron, en sus anos felices, lo mejor del pop y del punk inglés, y lo montaron sobre una escena llena de glamour y felicidad. Fue la perla de la segunda noche, lo más novedoso (aunque se trate de un grupo viejo) y atractivo.
Los organizadores dijeron, extraoficialmente, que había unas 45.000 personas cuando Babasónicos arrancó con su colorido y enérgico show, que durante una hora y 10 minutos hizo suspirar a las miles de adolescentes que a esa hora habían logrado llegar hasta el vallado para ver de cerca a la banda de Adrián Dárgelos.
El, como siempre, dio la nota. Entre lentejuelas, volados y pantalones ajustados de un celeste chillón, se sumó a la intro súper electrónica que iniciaron sus compañeros, para empezar con "Así se habla". El repertorio festivalero de los Baba incluyó sus joyas más preciadas, y también versiones de temas que no suelen hacer muy seguido.El frío había cedido y el público seguía entrando al estadio cuando con puntualidad inglesa empezaron a sonar los acordes de "The Iron Sea", del último disco del trío Keane. Las parejas se abrazaron, los besos coparon el campo y las tribunas, y el pop meloso aquietó las aguas para ponerlas en esa dimensión indefinida del romance hecho canción.

Como en un living
El grupo, en su primera visita a la Argentina, y en el momento más alto de su carrera (que tampoco es tan larga), dio lo que se esperaba de él. Buenas canciones pegajosas, con la particular base de batería, teclados y voces que se sostuvo durante una hora y media. Keane, además trajo su propia escenografía, simulando una especie de living íntimo y con luces ténues.
Tim Rice-Oxley, el simpático gordito que canta, ensayó alguno saludos en español ("¡jola, güenosssaires!", dijo), pero pronto se dio cuenta de que le convenía hablar en su idioma madre, para decir que la noche era maravillosa y que Buenos Ares es una ciudad hermosa, como el público que tenía enfrente.



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