En la FM de su escuela, los chicos hablan de alcoholismo

Al este de la capital, en Los Ralos, los empleos rurales son la única alternativa de trabajo para los jóvenes.

EN CLASE. Las alumnas del Polimodal de Los Ralos conducen un programa sobre temas que les atañen. LA GACETA / FRANCO VERA
EN CLASE. Las alumnas del Polimodal de Los Ralos conducen un programa sobre temas que les atañen. LA GACETA / FRANCO VERA
30 Abril 2006
Al este de la capital, en los alrededores de las ruinosas chimeneas de un ingenio que cerró en la década del 60, muchos habitantes de Los Ralos todavía recuerdan la época de esplendor. Ahora, los jóvenes aprenden a subsistir con la ayuda de los empleos rurales y, a la vez, estudian y sueñan con un futuro mejor. En la Escuela de Comercio, por ejemplo, la actual orientación educativa es hacia el área de comunicaciones. Por eso funciona allí una emisora de FM que manejan los alumnos.
"A veces hacemos informes sobre el alcoholismo y las adicciones, que se dan mucho acá. Lo que más consumen los jóvenes es cerveza. Y siempre hay alguna pelea. Creo que tienen problemas que tratan de resolver tomando", dijo Carla Villa (16). Quiere estudiar Comunicación Social en la universidad. No sale a bailar, "por el riesgo que corren las chicas", explicó. Los hechos le dan la razón, porque durante el fin de semana pasado fueron clausurados los dos boliches del pueblo, donde había menores alcoholizados.
"Pasión musical" se titula uno de los programas que conducen Villa, María Rodríguez, Elda Lagartera, Elizabeth Marchant y Jorge Alderete. Tienen 16 años. Además de poner música, leen las noticias del diario y difunden informaciones sobre los problemas de la adolescencia.
"Podemos pasar avisos sobre actividades de la comunidad, pero no difundimos denuncias -comentaron-. Los sábados tenemos un taller de locución".
"A mí me gusta el campo. Detrás de mi casa hay una plantación de soja y yo he trabajado carpiendo surcos. Hace poco fuimos con un tío a trabajar en La Rioja, en la cosecha de aceitunas", contó Jorge Alderete, que se desempeña como operador de la radio escolar. Dijo que le gustó la experiencia de trabajar junto a obreros de Bolivia, de Salta y de otras procedencias, a pesar de que las jornadas eran de 11 horas. Cobraba entre $ 400 y $ 500 por semana, y el dinero lo entregó a su madre.
"No me gusta estar sin hacer nada en mi casa. Tengo un grupo de amigos que piensan igual. Todos trabajan. Tengo un solo compañero que es ?servidito? -ironizó Alderete-. Tampoco me gusta ir al boliche. Se toma mucho".
El medio no ofrece demasiadas alternativas de trabajo a los jóvenes. Algunos trabajan cosechando o empaquetando citrus; otros intentan entrar en la Policía, según dijo el director del colegio, Luis Olea. Tampoco en materia de esparcimiento tienen opciones. "Al no tener qué hacer, terminan yendo al boliche", agregó.
Evangelina Frías (16) colabora en el centro de actividades juveniles, que funciona los sábados en el colegio, con talleres de computación, locución, teatro y deportes. "La idea es que aprovechen el tiempo libre aprendiendo cosas útiles -contó-. A mí no me gusta ir a bailar, pero acompaño a mi hermana al boliche. Ella tiene 19 años y no la dejan salir sola". Evangelina está segura de que podrá seguir estudiando en la universidad. Le gusta Ciencias Económicas. Aunque no tiene computadora en casa (apenas un 10 % de los alumnos la tiene), cuenta que en julio hará un curso de informática.
El sábado 22, cuando el IPLA clausuró los dos boliches de Los Ralos porque encontró menores alcoholizados, Evangelina estaba allí. "Cerca de las cuatro pasó el encargado diciendo que escondieran la bebida, porque venían los inspectores, y que se retiraran los menores de edad -relató-. Afuera hubo peleas".
En opinión del profesor Olea, las bebidas alcohólicas deberían ser mucho más caras, para que los jóvenes no puedan comprarlas tan fácilmente. "Hace poco estuve en Salta. Una cerveza en un bar cuesta tres veces más que acá", advirtió.

En el Almacén del Infierno hubo duelos criollos
En un rincón de Los Ralos donde ahora sólo hay plantaciones de caña, persiste el recuerdo de un lugar temible: el Almacén del Infierno. Un comercio de ramos generales que abastecía a los obreros del ingenio y a los peladores de caña, residentes en las colonias. Era frecuente escenario de beberajes y peleas, aunque también servía de refugio a los viajeros que llegaban en carretas desde Santiago.
"Cuentan que allí, bajo un gran ceibo, estaqueaban a los presos. En ese entonces no había comisaría. De vez en cuando, los cuchilleros discutían con algún forastero y le dejaban la cara marcada con el facón", relató Elsa Anís de Jerez, viuda del último dueño del almacén, que ahora se encuentra en otro lugar -cerca de su emplazamiento original- pero todavía conserva su curioso nombre. Hoy sus estantes lucen vacíos; pero en las buenas épocas, el comercio contaba con tres camiones para abastecer de mercadería a los pequeños almacenes de la zona.
Un hijo del dueño original, el inmigrante árabe Pedro Atenor, contó que una de las imágenes que conserva de su niñez en aquel lugar, donde hubo muchas muertes en duelos criollos, es la de muchas velas encendidas en recuerdo de esa gente.
"El lugar se llamaba El infierno antes de que mi padre pusiera el almacén -rememoró Miguel Atenor (79)-. Trabajó mucho con la gente que vivía en las colonias de obreros, durante la zafra. Yo llegué a conocer las carretas, enormes, que venían desde Santiago trayendo a familias enteras".
Doña Elsa recuerda que a todos los obreros les daban crédito en el almacén. "Sabíamos que todos pagaban apenas cobraban, cada 5 y cada 20 del mes. El ingenio era muy puntual", afirmó. En más de una ocasión debieron albergar debajo de una gran galería a los santiagueños que iban cargados de mercadería en sus carros. "Venían a trabajar, después compraban comestibles y otras cosas. Volvían cargados a sus casas. Hasta chapas llevaban -contó Elsa-. Cuando los sorprendía una tormenta, los refugiábamos aquí".

DE CAL y de arena
RUTA EN MAL ESTADO.- Para llegar a Los Ralos hay que ir por la ruta 303, sobre un pavimento lleno de grietas y pozos capaces de acabar con la suspensión de un auto en pocos kilómetros. "Los parches de alquitrán que le ponen duran diez días, a lo sumo. Por aquí pasan muchos camiones muy cargados, que durante la zafra llevan 50.000 kilos -indicó el vecino Manuel Véliz-. Hace unos meses vino la diputada Beatriz Rojkés y prometió que iban a repavimentarla, pero no han hecho nada".

SIN AMBULANCIA.- "En Los Ralos y sus alrededores somos 22.000 habitantes, pero no tenemos ambulancia", denunció Irma Garnica. Su vecino, Víctor Pereyra, dijo que en el hospital no hay insumos para Rayos X ni para análisis. "Hay que hacer cola desde las 4 de la mañana para que a uno lo atiendan a las 9.30", afirmó Blanca Moya (32), que tiene seis hijos.

ESCUELA INCOMUNICADA.- En Colonia Lolita Norte, el camino de acceso a la escuela está intransitable y es muy inseguro, según denunció su directora, Ana María Contreras. Cuando llueve no se puede circular y los chicos no pueden asistir a clase. Dijo que el delegado comunal de Los Ralos no solucionó el problema, a pesar de que se le enviaron varias notas.

FUTUROS PERIODISTAS.-
Con un alcance de 25 kilómetros a la redonda, la FM escolar de Los Ralos funciona desde hace seis años. El proyecto se complementa con filmaciones realizadas por los mismos alumnos de la Escuela de Comercio, quienes editan esas notas en video. En contraste, muchos de los alumnos dependen de la beca de $400 anuales que les otorga el Gobierno para poder seguir estudiando. Muchos no la tienen, porque se exige que el ingreso familiar no sea superior a $ 650.

CONTRA EL BASURAL DE MONTE REDONDO
Los habitantes del este tucumano están en contra de la instalación del basural en Monte Redondo. Sostienen que ocasionará un grave impacto ambiental en tierras altamente productivas y a miles de personas que viven hasta a diez kilómetros del lugar. Las autoridades de Medio Ambiente sostienen que se han hecho estudios que aseguran que no habrá contaminación alguna.

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