09 Abril 2006 Seguir en 
Cualquiera que fuese el resultado de las elecciones que se efectúan hoy en Perú, la segunda vuelta ya está instalada en el calendario político de ese país. Al decir de todas las encuestas, sólo el candidato nacionalista Ollanta Humala tiene asegurada su participación en esta segunda fase.
La candidata conservadora, Lourdes Flores, de quienes sus contrincantes no se han cansado de reiterar que representa los intereses de la poderosa oligarquía peruana, durante las últimas semanas ha caído en las encuestas y hoy se encuentra casi en un empate técnico con Alan García. Un colega peruano me dice con una mezcla de resignación e ira: “los peruanos tenemos mala memoria”.
Luego del mandato de García -entre 1985 y 1990-, Perú sufrió una fuerte crisis económica. Hoy el candidato ha prometido responsabilidad en el manejo de la economía, sin dejar de lado su pasado populista con propuestas como la reducción de cobros excesivos por los servicios públicos.
La elección peruana es emblemática y es seguida con atención por el mundo.
Primero, porque se advierte que es un nuevo escenario de la lucha soterrada que libran George Bush y Hugo Chávez. Aunque Humala es un candidato inédito, resulta inevitable vincularlo al mandatario venezolano. La cuantiosa propaganda que exhibe en las calles del Perú, para un hombre que no posee fortuna, no se explica de otra forma.
Aunque como estrategia de campaña Humala se ha mostrado cauteloso, ya prometió que revisará todos los contratos sobre inversión extranjera, especialmente la chilena.
De convertirse en presidente, Humala, junto a Evo Morales y a Chávez y, un poco más al norte, Fidel Castro, conformarán un bloque que podría traer más de un dolor de cabeza al resto de los países del continente. Porque si bien Brasil, Argentina y Chile son conducidos por gobernantes de izquierda, los modelos económicos siguen siendo de corte marcadamente liberal.
La Cancillería chilena ha manifestado en forma discreta su preocupación por el posible triunfo de Humala. Se estima que el foco histórico de conflictos entre ambas naciones podría agudizarse.
El destacado escritor peruano Alfredo Bryce Echenique señaló recientemente que su país podría caer bajo la influencia de Chávez si Humala gana las elecciones presidenciales.
La segunda vuelta va a ser una elección con un dramatismo épico. El mundo de la globalización y del libre comercio se va a ver enfrentado precisamente a lo que se le opone, a la autarquía, a un nacionalismo vociferante y anacrónico alineado con Chávez, que proclama Humala.
Los cerca de 17 millones de peruanos que votan en esta elección tienen la última palabra. (Especial para LA GACETA)
La candidata conservadora, Lourdes Flores, de quienes sus contrincantes no se han cansado de reiterar que representa los intereses de la poderosa oligarquía peruana, durante las últimas semanas ha caído en las encuestas y hoy se encuentra casi en un empate técnico con Alan García. Un colega peruano me dice con una mezcla de resignación e ira: “los peruanos tenemos mala memoria”.
Luego del mandato de García -entre 1985 y 1990-, Perú sufrió una fuerte crisis económica. Hoy el candidato ha prometido responsabilidad en el manejo de la economía, sin dejar de lado su pasado populista con propuestas como la reducción de cobros excesivos por los servicios públicos.
La elección peruana es emblemática y es seguida con atención por el mundo.
Primero, porque se advierte que es un nuevo escenario de la lucha soterrada que libran George Bush y Hugo Chávez. Aunque Humala es un candidato inédito, resulta inevitable vincularlo al mandatario venezolano. La cuantiosa propaganda que exhibe en las calles del Perú, para un hombre que no posee fortuna, no se explica de otra forma.
Aunque como estrategia de campaña Humala se ha mostrado cauteloso, ya prometió que revisará todos los contratos sobre inversión extranjera, especialmente la chilena.
De convertirse en presidente, Humala, junto a Evo Morales y a Chávez y, un poco más al norte, Fidel Castro, conformarán un bloque que podría traer más de un dolor de cabeza al resto de los países del continente. Porque si bien Brasil, Argentina y Chile son conducidos por gobernantes de izquierda, los modelos económicos siguen siendo de corte marcadamente liberal.
La Cancillería chilena ha manifestado en forma discreta su preocupación por el posible triunfo de Humala. Se estima que el foco histórico de conflictos entre ambas naciones podría agudizarse.
El destacado escritor peruano Alfredo Bryce Echenique señaló recientemente que su país podría caer bajo la influencia de Chávez si Humala gana las elecciones presidenciales.
La segunda vuelta va a ser una elección con un dramatismo épico. El mundo de la globalización y del libre comercio se va a ver enfrentado precisamente a lo que se le opone, a la autarquía, a un nacionalismo vociferante y anacrónico alineado con Chávez, que proclama Humala.
Los cerca de 17 millones de peruanos que votan en esta elección tienen la última palabra. (Especial para LA GACETA)








