Aquí, la tecnochatarra se vuelve arte y energía

El taller Arte Chébere recibe, desarma y clasifica la basura electrónica para crear obras artísticas o inventar nuevos dispositivos.

05 Jun 2014
Su taller es en realidad un cuartel secreto y ellos, agentes encubiertos. Al mundo le dicen que convierten la basura electrónica en arte y es cierto, pero su misión va más lejos: convertir todo eso que les llega, un monitor sin imagen o una impresora muerta, en nuevos dispositivos que generen energías limpias. La misión no parece tan imposible y tiene su lógica. Sin embargo, de a ratos, Sebastián Ogayar -el capitán de este barco hecho con maderas de cajón- se sienta solo como un profeta loco en un mundo de sordos.

Hoy es el Día Mundial del Medio Ambiente y en todo el planeta hacen malabares para dar una solución a un problema propio de la sociedad de consumo. Según datos de la ONU, en 2013 se produjeron casi 49 millones de toneladas de basura electrónica en el mundo, es decir, unos siete kilos por cada uno de los 7.000 millones de habitantes del globo. Y en Tucumán, el taller Arte Chébere tiene un mensaje: con la tecnochatarra se puede hacer arte, producir energías limpias, construir nuevos dispositivos e incluso construir casas. Suena a exageración, pero ellos ya hicieron sus propias pruebas.

“Hice un seguimiento de 20 impresoras Epson, del mismo modelo. En todos los casos la falla ‘insalvable’ era la misma: una pieza de plástico que (¿casualidad?) no está en su catálogo de repuestos. La impresora no anda, pero todo lo que tiene en su interior sí: un transformador, cables, conectores, metales, motores y un montón de componentes electrónicos que están intactos. Lo único que no se puede reciclar tan fácilmente es la carcasa de plástico”, detalla Sebastián, cuyos alumnos lo conocen mejor como “Pipa”. Es bajista y líder de la banda La Misteriosa Blues Band, y hace tres años está metido de lleno en el reciclado de desechos tecnológicos. A través de Facebook reciben todo tipo de dispositivos en desuso.

“Siempre he sido muy malo en la electrónica. Yo armaba un alargador y hacía saltar los fusibles de toda la cuadra. Pero con esto me he visto obligado a aprender, siempre de forma autodidacta porque los ingenieros, los que saben en serio de electrónica, nunca me dieron mucha bolilla. Tampoco los docentes. No creen en esto. Piensan que es basura y listo”, dice “Pipa”.

Su casa en Perú 423, cerca de la cancha “decana”, siempre está llena de gente: entre sus seis hijos, los seis profesores que dictan talleres y sus alumnos, el movimiento es incesante. “Recibimos chicos desde los seis años. Enseñamos guitarra, armónica, bajo, reciclado, artesanía... Los chicos vienen y deciden qué hacer cada día”, explica.

El lugar que más los atrae es sin duda “el taller”, un cuarto repleto de monitores, teclados, lectores de CD, plaquetas apiladas... Ahí también hacen los experimentos. Por ejemplo: con dos CDs, unas aspas de cartón, algunos cables y un motor de impresora han armado un generador de energía eólica capaz de encender un led. “La ventaja de estas cosas es que se puede ir sumando y generando más y más energía, hasta obtener lo que uno necesita”, se entusiasma.

Expresiones
Cecilia Víscido es una de las alumnas que llegó al taller y se quedó para siempre: “estudiaba Artes en la Facultad, pero estaba siempre la cultura de que hay que comprar una cosa u otra para hacer una obra. Acá me di cuenta de que no es así, que uno puede expresarse con lo que encuentre, con la basura. Los chicos que toman el taller no pueden creer las cosas que construyen desde la nada”, contó la joven.

Además de crear conciencia, “Pipa” piensa en un negocio: vender los componentes que rescata y clasifica, construir nuevos artículos (ya hizo un amplificador, por ejemplo) y seguir produciendo arte. En estos momentos están embarcados en la construcción de una trituradora de plásticos para poder hacer los ecoladrillos. Para eso necesitan un motor de 3 a 5 HP, que están tratando de conseguir. “De ahí, a los que preguntan qué necesitamos, les decimos: nada, vos fijate qué podés hacer acá”, y señala la montaña de futura energía.

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