Textos fundacionales que olvidamos fácilmente

Textos fundacionales que olvidamos fácilmente

La cuestión de cuánto poder debemos reconocer a los administradores del Estado es asunto central en todas las comunidades humanas. No es de extrañar que la Grecia clásica, donde se originó hace más de 2.600 años nuestra tradición occidental, haya examinado el asunto con la racionalidad inaugural que la caracterizó.

07 Octubre 2012
Aunque los filósofos griegos más importantes, Platón (428 a.C. a 347 a.C) y Aristóteles (384 a.C. a 322 a.C), pensaron desde una sociedad con metecos y esclavos, ambos defendieron modelos exigentes del vínculo entre los individuos y sus gobiernos. Nótese en el siguiente texto de la Política, de Aristóteles, su defensa del ciudadano ante los riesgos de la autoridad: "El poder más necesario al pueblo es el de elegir los magistrados y hacerse rendir cuentas de sus gestiones, pues, privados de semejante poder, el pueblo será esclavo y enemigo". 

Difícil encontrar hoy un lenguaje más preciso en defensa de lo que llamamos democracia. 

A Platón lo tentaba un poder aristocrático (en manos de los "mejores") rigurosamente elegido y que no podía caer en manos de la muchedumbre, sino pertenecer a los amantes del conocimiento (los filósofos). Pero Platón también sostuvo la necesidad de que esa aristocracia en el poder cumpliese requisitos rigurosos. Léase esta descripción de su libro La República: "Ninguno (de los guardianes, una parte del poder) ha de poseer casa o despensa particular, a la cual no tenga acceso quien lo desee… Porque en cambio, cuando ellos llegaran a poseer tierras privadas, casas y dineros, serían administradores y campesinos antes que guardianes, y se convertirían en amos, enemigos y no en protectores de los demás ciudadanos; y odiando, y odiados, intrigando y perseguidos por la intriga, pasarían toda su vida en constante temor de sus enemigos interiores mucho más y más fuertemente que de los exteriores, corriendo hacia la ruina y arrastrando a ella al Estado también". 

La vigencia actual de estos antiguos textos se conserva intacta. Los riesgos que ambos autores señalan ante los excesos del poder sobre los ciudadanos, desgraciadamente, constituyen un problema que los hombres no hemos sabido resolver. 

Agrego, en la misma dirección, un texto de Herodoto (484 a .C. a 425 a.C.) que forma parte de su Historia: "Los atenienses, en suma, se habían convertido en una potencia. Y resulta evidente -no por un caso aislado, sino como norma general- que la igualdad de derechos políticos es un preciado bien, si tenemos en cuenta que los atenienses, mientras estuvieron regidos por una tiranía, no aventajaban a ninguno de sus vecinos en el terreno militar; y, en cambio, al desembarazarse de sus tiranos, alcanzaron una clara superioridad". 

Tradición hebrea 
Ideas próximas hallamos en textos de la tradición hebrea, la otra cultura raíz de nuestras tradiciones en occidente. Hace más de 3.000 años este escrito del antiguo testamento (Samuel, 8) anunciaba los riesgos del poder: 

"Entonces Samuel comunicó la respuesta del Señor al pueblo, que le pedía un rey. Les dijo: -Esta es la manera en que el rey os va a gobernar: Tomará a vuestros hijos, y a unos los destinará a sus carros de combate, a otros a su caballería y los pondrá a correr delante de sus carros. A unos nombrará jefes de mil soldados, y a otros, jefes de cincuenta. A otros tomará para arar sus tierras y recoger sus cosechas, a fabricar sus armas y el material de sus carros de combate. Tomará también a su servicio a vuestras hijas, para que sean sus perfumistas, sus cocineras y sus panaderas. Se apoderará de vuestras mejores tierras y de vuestros mejores viñedos y olivares y se los entregará a sus funcionarios. Os quitará la décima parte de vuestros cereales y viñedos, y se la entregará a los funcionarios y oficiales de su corte. También os quitará vuestros criados y criadas, y vuestros mejores bueyes y asnos, y los hará trabajar para él. Se apropiará, además, de la décima parte de vuestros rebaños, y hasta vosotros mismos seréis sus sirvientes. Y el día en que os quejéis por causa del rey que hayáis escogido, el Señor no os hará caso". 

Y las advertencias de Dios, contra el poderoso a quien se concede la condición de rey, también puede hallarse en este bello texto (Jueces, 9): 

"Los árboles iban a elegir rey sobre ellos y dijeron al olivo: "¡Reina sobre nosotros!" 

Pero el olivo les respondió: "¿He de renunciar a mi aceite con el cual son honrados Dios y los hombres, para ir a dominar a los árboles?" 

Luego dijeron los árboles a la higuera: "¡Ven Tú, y reina sobre nosotros!" 

Pero la higuera les respondió: "¿He de renunciar a mi dulzura y a mi buen fruto, para ir a dominar a los árboles?" 

Luego dijeron los árboles a la vid: "¡Ven Tú, y reina sobre nosotros!" 

Pero la vid les respondió: "¿He de renunciar a mi vino nuevo que alegra a Dios y a los hombres, para ir a dominar a los árboles?" 

Entonces todos los árboles dijeron a la zarza: "¡Ven Tú, y reina sobre nosotros!" 

Y la zarza respondió a los árboles: "Si en verdad me ungís como rey sobre vosotros, venid y refugiaos a mi sombra, y si no, ¡salga fuego de la zarza y devore los cedros del Líbano!" 

La humanidad ha crecido enormemente en la comprensión del mundo. Pero no parece ocurrir lo mismo con el aprendizaje para evitar los excesos del poder en sus comunidades. Contra los que alertaron tempranamente textos fundacionales de nuestra cultura. 

© LA GACETA
Jorge Estrella - Escritor, doctor en Filosofía, ex profesor de la Universidad de Chile.

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