Cuidar a los nietos y aportar dinero para cubrir sus necesidades configuran un fenómeno que crece
En la actualidad, los abuelos viven más y son más saludables. Disponen de un dinero seguro todos los meses y de tiempo para ayudar a atender a los hijos de sus hijos. La tendencia aumenta en los hogares de clase media, donde la plata no alcanza para pagar una niñera o una guardería. ¿El resultado? Abuelos cansadas, exigidos y estresados. Los riesgos.
Tienen tiempo, sabiduría, experiencia, paciencia y una entrada fija todos los meses. Eso convierte a los adultos mayores en aliados imprescindibles para la crianza de sus nietos. Y aunque muchos ya quisieran abandonar ese puesto, les resulta imposible. La mayor esperanza de vida, el desempleo de alguno de los jóvenes, el ingreso de la mujer al mercado laboral y la prolongación de los horarios profesionales son algunos de los factores que están trasladando de los padres a los abuelos más responsabilidades ligadas a la atención de los chicos.
La entrega al cuidado de sus nietos va mucho más allá de la eventualidad. Muchos los atienden casi todos los días. La realidad ofrece evidencias por todas partes: en el parque, en las puertas del colegio, en el pediatra, en el supermercado y en los clubes es común ver a los abuelos pendientes de sus nietos.
En las entidades que otorgan préstamos a los jubilados también es habitual encontrar de estas historias. "Siempre que buscan un crédito es para ayudar a algún hijo o nieto. Es común escucharlos hablar sobre las necesidades educativas de los chicos. También les dan apoyo para cuestiones médicas o por viajes", resalta Miriam Blasco, de una institución crediticia.
En promedio, Elías López, de 69 años, gasta $ 300 mensuales para cubrir necesidades de sus nietos. "Y eso que tengo la jubilación mínima, que es de poco más de $ 1.600. Pero tengo amigos que cobran un poco más y les pasan hasta $ 500 a sus nietos. Con todos los gastos que tienen los chicos hoy, a los padres no les alcanza. Entre la escuela, ropa, pañales y otras cosas, no dan abasto", explica el abuelo, mientras espera para cobrar su pensión. María Teresa Apud de Giuliano, especialista en temas previsionales, reconoce que los adultos mayores que perciben una jubilación suelen ser una red de seguridad para las familias, puesto que ayudan a pagar gastos prácticos y necesidades. "Es algo que se ve bastante en la sociedad, especialmente en tiempos de crisis. También es común que ante un problema económico, familias enteras se instalen en las casas de los abuelos", resalta.
Múltiples funciones
La figura del abuelo como cuidador habitual emergió en paralelo a la mayor incorporación de la mujer al mercado laboral. La mayoría no lo hace por elección. Tampoco se niegan. Lo disfrutan. Pero se cansan. Y algunos incluso acaban convirtiéndose en algo más que niñeros: son secretarios de sus atareados hijos, cadetes y hasta choferes de los chicos.
El fenómeno no está cuantificado, pero es cada vez más frecuente, destaca la doctora Aurora Rueda, máster en gerontología, especialista en geriatría y gerontología comunitaria e institucional. "Muchos renuncian a todo por atender a sus nietos", explica la experta.
Rueda reconoce que los abuelos disfrutan del cuidado de los chicos y les hace bien. Sin embargo, advierte que el placer y la satisfacción pueden esfumarse rápidamente cuando esta labor se realiza sin límites. "Lo que pasa en muchas situaciones es que hay un desbalance: la función del abuelo debe ser de apoyo y no de carga. Hoy los padres jóvenes están sobrecargando a los abuelos y los mayores acumulan estrés y displacer", resalta.
Agobiados
Los abuelos de hoy no son iguales a los de hace 50 años. Son más saludables, están mejor preparados y viven más. Por eso, muchos de ellos, en la actualidad están reemplazando en algunas cuestiones a sus hijos en sus funciones de padres. El fenómeno se ve principalmente en hogares de clase media y baja, donde el dinero no alcanza para pagar una niñera o una guardería. "Esto va en desmedro de la salud de la tercera edad. Tengo pacientes que llegan al consultorio diciendo que están agobiados, que no dan más; están súper estresados, pero son incapaces de quejarse para no enfrentarse a los hijos", destaca la especialista. "Además, muchos son sostén económico y moral de sus familias, teniendo en cuenta que en desempleo afecta más que nada a los jóvenes", admite Rueda.
"Los abuelos cumplen un rol privilegiado en el crecimiento de los niños. Pero de ninguna forma pueden desempeñar el papel con igual responsabilidad que cuando eran jóvenes. Están en una edad en la que debe primar el autocuidado de su salud. Deben animarse a decir que no pueden estar disponibles las 24 horas. Estar jubilado no es sinónimo de estar libre para cuidar los nietos. Es un espacio que debe usarse para mejorar la calidad de vida, para desarrollar actividades sociales y culturales", apunta la especialista.
El fenómeno, detalla Rueda, afecta en especial a las abuelas. Los efectos que se ven en el consultorio son estrés, fatiga y falta de energía. "El problema de fondo es que los adultos mayores creen que todo eso que sufren es producto del envejecimiento. Pero cuando el médico empieza a indagar, se da cuenta que está agotado porque está cumpliendo funciones que no le competen", remata.
La entrega al cuidado de sus nietos va mucho más allá de la eventualidad. Muchos los atienden casi todos los días. La realidad ofrece evidencias por todas partes: en el parque, en las puertas del colegio, en el pediatra, en el supermercado y en los clubes es común ver a los abuelos pendientes de sus nietos.
En las entidades que otorgan préstamos a los jubilados también es habitual encontrar de estas historias. "Siempre que buscan un crédito es para ayudar a algún hijo o nieto. Es común escucharlos hablar sobre las necesidades educativas de los chicos. También les dan apoyo para cuestiones médicas o por viajes", resalta Miriam Blasco, de una institución crediticia.
En promedio, Elías López, de 69 años, gasta $ 300 mensuales para cubrir necesidades de sus nietos. "Y eso que tengo la jubilación mínima, que es de poco más de $ 1.600. Pero tengo amigos que cobran un poco más y les pasan hasta $ 500 a sus nietos. Con todos los gastos que tienen los chicos hoy, a los padres no les alcanza. Entre la escuela, ropa, pañales y otras cosas, no dan abasto", explica el abuelo, mientras espera para cobrar su pensión. María Teresa Apud de Giuliano, especialista en temas previsionales, reconoce que los adultos mayores que perciben una jubilación suelen ser una red de seguridad para las familias, puesto que ayudan a pagar gastos prácticos y necesidades. "Es algo que se ve bastante en la sociedad, especialmente en tiempos de crisis. También es común que ante un problema económico, familias enteras se instalen en las casas de los abuelos", resalta.
Múltiples funciones
La figura del abuelo como cuidador habitual emergió en paralelo a la mayor incorporación de la mujer al mercado laboral. La mayoría no lo hace por elección. Tampoco se niegan. Lo disfrutan. Pero se cansan. Y algunos incluso acaban convirtiéndose en algo más que niñeros: son secretarios de sus atareados hijos, cadetes y hasta choferes de los chicos.
El fenómeno no está cuantificado, pero es cada vez más frecuente, destaca la doctora Aurora Rueda, máster en gerontología, especialista en geriatría y gerontología comunitaria e institucional. "Muchos renuncian a todo por atender a sus nietos", explica la experta.
Rueda reconoce que los abuelos disfrutan del cuidado de los chicos y les hace bien. Sin embargo, advierte que el placer y la satisfacción pueden esfumarse rápidamente cuando esta labor se realiza sin límites. "Lo que pasa en muchas situaciones es que hay un desbalance: la función del abuelo debe ser de apoyo y no de carga. Hoy los padres jóvenes están sobrecargando a los abuelos y los mayores acumulan estrés y displacer", resalta.
Agobiados
Los abuelos de hoy no son iguales a los de hace 50 años. Son más saludables, están mejor preparados y viven más. Por eso, muchos de ellos, en la actualidad están reemplazando en algunas cuestiones a sus hijos en sus funciones de padres. El fenómeno se ve principalmente en hogares de clase media y baja, donde el dinero no alcanza para pagar una niñera o una guardería. "Esto va en desmedro de la salud de la tercera edad. Tengo pacientes que llegan al consultorio diciendo que están agobiados, que no dan más; están súper estresados, pero son incapaces de quejarse para no enfrentarse a los hijos", destaca la especialista. "Además, muchos son sostén económico y moral de sus familias, teniendo en cuenta que en desempleo afecta más que nada a los jóvenes", admite Rueda.
"Los abuelos cumplen un rol privilegiado en el crecimiento de los niños. Pero de ninguna forma pueden desempeñar el papel con igual responsabilidad que cuando eran jóvenes. Están en una edad en la que debe primar el autocuidado de su salud. Deben animarse a decir que no pueden estar disponibles las 24 horas. Estar jubilado no es sinónimo de estar libre para cuidar los nietos. Es un espacio que debe usarse para mejorar la calidad de vida, para desarrollar actividades sociales y culturales", apunta la especialista.
El fenómeno, detalla Rueda, afecta en especial a las abuelas. Los efectos que se ven en el consultorio son estrés, fatiga y falta de energía. "El problema de fondo es que los adultos mayores creen que todo eso que sufren es producto del envejecimiento. Pero cuando el médico empieza a indagar, se da cuenta que está agotado porque está cumpliendo funciones que no le competen", remata.









