21 Abril 2012 Seguir en 
Algunos lo hacen porque quieren sentirse útiles. Otros, porque buscan segundas oportunidades y quieren recuperar con los nietos lo que no pudieron vivir con sus hijos. Estos son algunos de los motivos por los que los abuelos ayudan a cuidar y a mantener a los hijos de sus hijos.
"Trato de hablarles, de convencerlos de que el abuelo ayuda cuando hace falta. No es un esclavo. Tiene su vida. Hay casos en que hay mucho abuso", sostiene el médico gerontólogo Pedro Figueroa.
La problemática es estudiada por los expertos e incluso ya motivó la publicación de libros. Uno de ellos se llama "El Síndrome de la Abuela Esclava. Pandemia del Siglo XXI", del médico español Alejandro Guijarro Morales. En sus textos asegura que el fenómeno afecta más que nada a mujeres adultas, que se sienten desbordadas y empiezan a sufrir síntomas clínicos.
"Se ven muchas historias en las que los hijos están económicamente limitados y deben vivir en casa de sus padres. Esto agobia a los adultos mayores, les quita libertad e independencia. Y hay otra realidad: en la mayoría de los casos se evidencia la soledad del abuelo, aún cuando está conviviendo con sus hijos y nietos. La sociedad no integra a la tercera edad, y muchas veces la desprecia. Conozco situaciones penosas: familias que están por necesidad en la casa de los mayores, pero nunca le dan participación en las actividades sociales y salidas. Los abuelos se sienten literalmente usados y sufren porque nadie los escucha", resalta Figueroa.
Los abuelos son imprescindibles para una sociedad, sostiene el gerontólogo. Pero cree que actualmente no se los valora como se lo merecen. "Le prestan atención si son útiles, pero no aprovechamos su sabiduría, su experiencia, sus testimonios de vida que pueden servir para orientarnos. Muchos abuelos, para sentirse útiles, cuidan sus nietos y postergan todo, hasta la consulta médica. Esto, obviamente, tiene efectos sobre la salud física, emocional y mental de quienes están en la tercera edad", concluye el médico.
"Trato de hablarles, de convencerlos de que el abuelo ayuda cuando hace falta. No es un esclavo. Tiene su vida. Hay casos en que hay mucho abuso", sostiene el médico gerontólogo Pedro Figueroa.
La problemática es estudiada por los expertos e incluso ya motivó la publicación de libros. Uno de ellos se llama "El Síndrome de la Abuela Esclava. Pandemia del Siglo XXI", del médico español Alejandro Guijarro Morales. En sus textos asegura que el fenómeno afecta más que nada a mujeres adultas, que se sienten desbordadas y empiezan a sufrir síntomas clínicos.
"Se ven muchas historias en las que los hijos están económicamente limitados y deben vivir en casa de sus padres. Esto agobia a los adultos mayores, les quita libertad e independencia. Y hay otra realidad: en la mayoría de los casos se evidencia la soledad del abuelo, aún cuando está conviviendo con sus hijos y nietos. La sociedad no integra a la tercera edad, y muchas veces la desprecia. Conozco situaciones penosas: familias que están por necesidad en la casa de los mayores, pero nunca le dan participación en las actividades sociales y salidas. Los abuelos se sienten literalmente usados y sufren porque nadie los escucha", resalta Figueroa.
Los abuelos son imprescindibles para una sociedad, sostiene el gerontólogo. Pero cree que actualmente no se los valora como se lo merecen. "Le prestan atención si son útiles, pero no aprovechamos su sabiduría, su experiencia, sus testimonios de vida que pueden servir para orientarnos. Muchos abuelos, para sentirse útiles, cuidan sus nietos y postergan todo, hasta la consulta médica. Esto, obviamente, tiene efectos sobre la salud física, emocional y mental de quienes están en la tercera edad", concluye el médico.
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