Un antiguo colectivo, personajes del comic, una pelota de fútbol, la bandera kamikaze... Vivió la infancia junto a un padre que le compraba 10 revistas de historietas por semana. Se iban en un Renault Gordini a seguir al equipo de San Martín en cualquier lugar donde jugara.
Treinta años después, decidió hacerse hincha del club Amalia para volver a sentir con intensidad la mística del ayer. En la puerta de su departamento tiene pegada la foto de un cacique comanche con la leyenda "nunca te rindas". Y una de sus pinturas es el retrato de un gallo, "El Retador", que representa su postura desafiante ante la vida.
Pablo Iván Ríos dice que admira a la gente apasionada, que lucha por realizar sus sueños. "El empuje, las ganas, el seguir adelante, es algo que expreso en muchas de mis pinturas. A mí me gusta la gente que no se rinde, que pone pasión en las cosas que hace. Es una premisa que les transmito a mis hijos, a mis alumnos y a mis amigos -explica Ríos -. A mis hijos les digo que no se vuelvan atrás. En lo que quieran hacer, yo los voy a apoyar. Pero vamos para adelante. No quiero escuchar lamentos como: ?podría haber sido esto pero...? No. Aquí se impone el espíritu de ese gallo que va a retarlo al campeón".
Desde hace 15 años (tiene 41), el artista viene obteniendo premios y participando en muestras nacionales y provinciales. En su faceta de historietista es uno de los creadores de la revista "Papalú". A sus alumnos (tiene 30, de diversas edades) les enseña historieta, dibujo o pintura -según sus intereses- y a cultivar la amistad de todo el grupo.
Internet le permite mostrar su trabajo a gente de cualquier otro lugar, así pudo entablar amistad con autores de comic que él admira, y también ponerse en contacto con el público local que gusta del arte. "Que venga gente a casa a ver qué pinté o simplemente a charlar es muy importante para mí", sostiene. En su blog http://tukumano.blogspot.com acompaña las fotos de sus obras con textos breves que revelan también su talento para la escritura.
El olor de la tinta fresca
"Aprendí a escribir leyendo a Robin Wood en las revistas ?Fantasía? y ?D?Artagnan? -comentó-. Recuerdo con gran emoción la ida semanal al kiosco con mi padre, el olor de la tinta fresca... Ese legado de lo que fue la gran historieta argentina, que tuvo lenguaje propio, se perdió en los 90. Pero está resurgiendo en los últimos años, con una legión de jóvenes fanáticos y gente que publica nuevas revistas juntando las monedas". A esa gente que edita con gran esfuerzo, Ríos le manda colaboraciones sin cargo, a pesar de que su oficio es su único medio de vida.
Hoy el artista vende con cierta regularidad sus obras de creación libre y también recibe encargos. Por ejemplo, retratos a tinta -una técnica nada sencilla- y otros pedidos más insólitos, como la pintura de la bandera kamikaze que le compraron en el extranjero.
"Una vez estaba sin un peso, necesitaba vender, entonces enrollé unas obras en tinta sobre cartulina y salí a ofrecerlas", recuerda. "De inmediato me compraron una, que hoy está colgada en una sala de Tribunales", agrega.
Además de realizar escenografías para coreógrafos (hizo una para el maestro Héctor Zaraspe) o para obras de teatro, así como también programas y otros trabajos de diseño, Ríos suele complacer pedidos de amigos y clientes, como el caso de una escribana que le encargó el desnudo de una mujer para regalárselo a otra profesional. O el retrato de un perro callejero que fue la mascota del bar Bernasconi. Un día el animal se perdió y dejó a su dueño desconsolado.
A la hora de ponerle precio a una pintura, cree que la mejor forma de respetar a quien la compra es cotizarla por centímetro cuadrado. Sus pinturas valen $ 0,50 el centímetro.
"A mí me gusta pelearle a la vida. Por eso quiero tanto al fútbol, que es una pelea reglamentada. Y tiene el lugar que antes tenían los gladiadores en el Coliseo romano -argumenta-. En mis obras hay elementos autorreferenciales, como el fútbol o el colectivo. Cuando era chico fantaseaba con hacer un viaje en ómnibus que no termine nunca. El viaje en colectivo me apasionaba y siempre me imaginaba que más allá de donde yo bajaba pasaban cosas maravillosas".
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