Con un gran espíritu de superación

PARIS. Francia fue otra de sede de torneos importantes en los que participó Luis. También lo hizo en Italia.   GENTILEZA FOTO DE LUIS ALARCÓN
PARIS. Francia fue otra de sede de torneos importantes en los que participó Luis. También lo hizo en Italia. GENTILEZA FOTO DE LUIS ALARCÓN
Por Teresa Barrionuevo 12 Febrero 2012
Desde pequeño, Luis Alarcón (41 años) se dedicó a los deportes. A los 6 años comenzó con la gimnasia en la escuela a la que concurría, de la mano del profesor Oscar González. Dos años después y al cambiarse de escuela, en el barrio Roca de Aguilares (ciudad en la que vive), se inclinó por el atletismo. "No tenía preferencia por ninguna especialidad. Competía en salto en alto y en largo, y en lanzamientos (bala y jabalina)", recordó Luis.

No podía estar inactivo y paralelamente al deporte integró un grupo de boy scout. En una de las travesías con el grupo, cruzaron caminando el cerro y se perdieron durante tres días hasta que los encontraron. Su papá no quiso que siguiera con esa actividad. De una manera u otra, Luis tenía que llenar el espacio libre que le quedaba los fines de semana. Fue entonces que a los 15 años decidió practicar voley. Su mayor virtud era su salto (1.10 metro), a pesar de su baja estatura.

Era tanta la pasión que sentía y siente por los deportes, que luego se dedicó a la natación. Lo hizo hasta los 20 años, justo antes de que un accidente interrumpió, en parte, su carrera deportiva. Lejos de bajar los brazos y de darse por vencido siguió ligado al deporte. Mientras tanto, no descuidaba sus estudios de enfermería y su trabajo en la empresa Cablevisión.

"Fue un accidente raro. Teníamos que hacer el tendido de la red principal en un barrio. Estaba trepado a un poste de cinco metros de altura preparando todo para el cableado -continuó con su relato-. Se formó un campo magnético porque cerca del lugar pasaba un cable de media tensión. La corriente me empezó a atraer. Me desvanecí por la descarga, caí de espaldas sobre un montículo de escombros y me fracturé la columna", contó con detalles. A partir de entonces su vida tuvo un giro de 180 grados. Ese mismo día lo operaron, y a los 20 días, comenzó con su rehabilitación. "Tenía la posibilidad de ir a Cuba, Estados Unidos o Buenos Aires para rehabilitarme -agregó-. Elegí Buenos Aires para no alejarme de mi familia".

El accidente no le causó ningún trauma y Luis no necesitó de sicólogos según contó. "El espíritu de progresar y de superarme me ayudó a enfrentar mi problema. Además de eso conté con el apoyo incondicional de mi familia. Mis padres estaban siempre a mi lado y mis amigos constantemente me alentaban a seguir adelante", reconoció.

Los médicos le dijeron que es difícil que vuelva a caminar porque ya pasaron 21 años del accidente, aunque en su interior, no pierde la fe. "No reniego de mi condición. En la vida todo pasa por una razón y tengo que encontrarla. Trato de pensar que en algún momento pueda llegar a recuperarme aunque sé que no podré hacerlo. Según los estudios que se están haciendo, los experimentos se pueden aplicar en pacientes recientes. No es mi caso, y si lo aplican, no me garantizan nada", aseguró.

Alarcón continuó con su rehabilitación pero aparecieron varias piedras en el camino que lo obligaron a suspenderla. "Me manejaba con muletas. Hice unas ortecis pero luego, por distintas enfermedades y operaciones dejé las muletas y volví a caer en cama. Mi cuerpo sufrió un cambio tremendo. El organismo no fue el mismo debido a las medicaciones que tenía. Sufrí cálculos en la vejiga y curaciones para no tener escaras, entre otras cosas", detalló.

A pesar de todo lo que le pasó, continuó con su vida. Siempre recuerda las palabras de su médico de cabecera Alexis Quarin (fallecido a los 27 años en el atentado del 92 a la AMIA) y con la voz entrecortada por la emoción y con un brillo especial en sus ojos recordó: "lo primero que me dijo y también se lo dijo a mi familia fue que teníamos que agradecer cómo estaba yo porque había muchas personas en peores situaciones, y tenía razón. A partir de allí comencé a ver el lado positivo", concluyó.

Recordando la película "Caballos Salvajes", hay una escena en la que Héctor Alterio expresó con énfasis: "¡La p.... que vale la pena estar vivo!" Esta frase encaja justo en la historia de vida de Luis Alarcón, un incanzable luchador.

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