Estatuas: ¿qué pasa con el patrimonio del Parque?

Eran 40 las copias de obras clásicas que trajeron desde París en los años 20, pero hoy quedan menos de la mitad por el saqueo y el maltrato

31 Ene 2012 Por Natalia Viola
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LA GACETA / FOTOS DE FRANCO VERA Y EZEQUIEL LAZARTE

Entrar al taller es como ir de visita a un cementerio de estatuas (si esto es posible). Allí están las piezas desmembradas de mármol que los vándalos no lograron arrebatarle al patrimonio mueble del Parque 9 de Julio. Los bustos manchados con grafitis y otras piezas pertenecen a unas 160 plazas de la ciudad.

En esta especie de "hospital de las estatuas" se le devuelven las extremidades, los dedos, las narices o se les pegan las piernas a las figuras de hormigón que fueron destruidas por los traslados o por el maltrato. A las de mármol se les hace uno que otro "arreglito" con otro material sin que se note y a las de hierro se les devuelve el color que el grafiti les borró.

Durante la mañana trabajan el escultor Ángel Díaz Cabrera y Alberto Berrondo, el último de los moldeadores con más de 30 años en la especialidad.

En ese galpón ubicado en el centro del parque se amontonan decenas de figuras de mármol y de hierro que fueron puestas a resguardo después de que intentaron llevárselas o las quebraron. En el caso de la figuras de hierro fundido, algunas han sido reemplazadas por copias de hormigón. "Se hace lo mismo que en Europa; se ponen las réplicas en las plazas y paseos para que las destruyan y a las originales se las protege en museos", explica Díaz Cabrera.

Otra suerte corren las de mármol, ya que resulta imposible arreglarlas usando el mismo material, por lo tanto se deben conformar con quedar así, algunas sin caderas, sin brazos ni cabezas o con alguna amputación de sus extremidades. "De la Venus Capitolina tenemos el torso y las piernas, pero falta la parte de las caderas. No podemos armarla", agrega. Si se trata de algo que puede solucionarse, se usa otro material, pero nunca el mármol. Por supuesto, el vandalismo es más rápido que la restauración, que puede durar un año entero por pieza.

"Si Carlos Thays viviera...", se anima a decir Ángel, revoleando los ojos. Lo primero que preguntaría -si vale fantasear- es quién ordenó borrar los entornos de jardinería que tenía cada escultura para reemplazarlos por caminerías de adoquines ("de muy mal gusto", agrega el escultor).

Esto le dio acceso al visitante para que las toquen, las admirne, pero también a los dañinos que les raspan los pies, las dibujan con aerosol o les roban algunas de sus partes. "Hoy, pasa a ser más un baño público, que un entorno compositivo", enfatiza. Pobre suerte la de las estatuas.

un museo para resguardar el patrimonio

Lo que para unos es un montón de piernas, torsos y figuras desfiguradas, para quienes conocen y valoran el arte se trata del testimonio de un época, de una visión que se tenía sobre la sociedad, en definitiva, son el patrimonio de un pueblo. Devoverlos a su antiguo emplazamiento puede que no tenga sentido, pero sí resguardarlos en un museo. De esta manera, el tucumano y el turista podrían conocer lo que alguna vez también habitó el Parque, saber de qué copias se trata, el material del que están hechas y el origen. Ya hay algunas propuestas de este tipo, pero aún no han sido tenidas en cuenta.

los personajes del taller

¿Qué es lo que se puede encontrar allí? En principio, decenas de bustos de prohombres como Benjamín Matienzo, Padre Monti, José Ponssa (médico que luchó contra el cólera), Pedro Riera, el artista Juan Carlos Briones, entre otros. Algunos ocuparán un lugar en una plaza, otros en una peatonal o también en un centro cultural. También están las clásicas figuras de hierro de fundición y de mármol, alegorías de historias mitológicas. Además, hay macetones que se los fabrica allí para aprovechar los pedestales que van quedando vacíos y también para ornamentar espacios públicos.

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