Cancerbera

Por Fernando Stanich 03 Diciembre 2011
La senadora Beatriz Rojkés de Alperovich acaba de asumir el laborioso papel de un volante tapón. Porque su designación como presidenta provisional del Senado, tercera autoridad del país o celosa custodia de las jugadas boudistas implica el rol de cancerbera. En Buenos Aires o en Tucumán, la presidenta del PJ local es a partir de ahora la responsable de cortar el circuito de juego de los más "habilidosos".

Naturalmente, su elección por parte de Cristina Fernández la posiciona al frente de la grilla por la sucesión de su marido, el gobernador José Alperovich. "Sos una luchadora, te lo merecés. Néstor te quería mucho, hubiese estado muy feliz con tu designación". En el oficialismo aseguran que esas fueron las palabras que la jefa de Estado le lanzó por teléfono, el miércoles a primera hora, a la senadora. ¿Gana algo la Presidenta con su elección? Hay quienes sostienen que Rojkés no le aporta nada. Entonces, ¿por qué su nombramiento? Nadie puede creer que la Presidenta se haya sentido presionada para designarla. En cambio, hay otros leguleyos que le apuntan al mensaje que lleva intrínseco la elección de la tucumana. Principalmente, hacia los porteños y bonaerenses.

Según este razonamiento, el arribo de Rojkés de Alperovich desactiva cualquier intento separatista y pone en cauce a los traviesos que en el Congreso puedan "imaginar" el armado de un espacio paralelo. Es decir, lo que Cristina gana es tranquilidad, porque nadie puede sospechar que los Alperovich vayan a jugarle a sus espaldas.

Pero su designación como tercera autoridad nacional también trae reacomodamientos en esta provincia. Puntualmente, afecta a todos aquellos que piensan en 2015, porque el silbato les sonó antes de tiempo. El intendente de la capital, Domingo Amaya, es uno de los que deberá pensar una jugada de pizarrón. Más de una vez soltó que al único que no le disputaría el mando de la Provincia sería a José Alperovich. ¿Y ahora? ¿Gana o pierde ímpetu? De buenas a primeras, Amaya ya no enfrenta a un solo rival, sino a dos. Y prácticamente de la misma envergadura. Inoportunamente, el repentino protagonismo de Rojkés de Alperovich lo acalambra cuando apenas estaba entrando en calor para la partida por la gobernación.

El hombre de los récords

La espuma alperovichista de los últimos días logró embeber de asfalto al escándalo que, antes de que se fuera noviembre, sacó de quicio al poder.

Antes de posar para los flashes nacionales, el gobernador taponeó la discusión y dijo que la prensa actuó con bajeza al dar a conocer el malestar de los vecinos de Lomas de Tafí, indignados porque se pavimentó -hasta ahora- sólo la cuadra en la que vive la hija del legislador oficialista José Teri.

Con lo sucedido, el poder en Tucumán quedó abiertamente fuera de lugar. Porque hablar de bajeza desnuda la falta de respuestas. Implica, ni más ni menos, lo mismo que el "estamos trabajando" o el "no se puede controlar todo", aunque más violento. Porque conlleva una descalificación, porque denota desprecio.

Ninguna autoridad supo dar una explicación convincente para el bochorno. Quizá haya sido una casualidad, como sugirió el intendente Javier Pucharras. De ser así, y ya que logró entrar al Guinness con la limonada más grande del mundo, el jefe municipal taficeño podría ahora presentar ante el libro de los récords este caso: porque Teri es el hombre fuerte de Vialidad y el legislador de mayor diálogo con funcionarios y empresarios vinculados con la obra pública.

Pero sólo se pavimentó la cuadra en la que reside su hija, de pura casualidad.

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