Es mucho más fácil caer en la depresión cuando se vive solo

El peligro está en reemplazar el encuentro real con un amigo por la vía de internet. La Argentina es uno de los países donde más creció la cantidad de hogares unipersonales. El riesgo de aislarse.

UN ARMA DE DOBLE FILO. La soledad puede ser atractiva, sin embargo no todos pueden sobrellevarla.
UN ARMA DE DOBLE FILO. La soledad puede ser atractiva, sin embargo no todos pueden sobrellevarla.
03 Septiembre 2010
Vivir solo tiene un alto costo, que no es únicamente monetario sino también afectivo. Llegar del trabajo y saber que en casa nadie espera, comer sin compañía y ver siempre vacío el otro lado de la cama, generan estados de angustia que muchas veces terminan en depresión. Este es un fenómeno que llama la atención cada vez más a psicólogo y psiquiatras. En la Argentina, uno de los países donde crecen los hogares unipersonales tanto como en Europa, la depresión aumenta en el mismo sentido.

"¿Hay un perfil de persona para vivir en soledad? Marcela Corazza, que tiene 33 años, vive sola y además es psicóloga, sostiene que se trata de una elección que no es para cualquiera. "Es frecuente que quienes se refugian en el aislamiento para huir de su familia, luego se sientan deprimidos. En cambio, el que tiene un carácter independiente y opta libre y voluntariamente por vivir solo, puede sobrellevar muy bien su elección. Pero hay un detalle que siempre se debe tener en cuenta -advierte-: adoptar este estilo de vida no significa perder el contacto real con los demás. Sin embargo, hay una tendencia a ir limitando los vínculos sociales a internet, de modo que los amigos se hacen por Facebook, Twitter o Messenger. De esta manera llega un momento en que la soledad se transforma en aislamiento porque falta el contacto real con otra persona", explica.

Perder el contacto

"Con internet se pierden la dimensión de los gestos, el contacto con la piel y todas las sensaciones que llegan con la cercanía real - y no virtual - del otro. La pantalla enmascara la personalidad, la esconde, porque cada uno muestra lo que quiere de sí mismo. No hay un encuentro real con el otro. Entonces comienzan el aislamiento y la depresión", afirma.

Una realidad frecuente

La mayoría de los hogares unipersonales está integrado por adultos jóvenes, que a veces son profesionales con ingresos sólidos. Muchos eligen la soledad, no como un camino de crecimiento ni como una opción de vida sino obedeciendo a un impulso individualista y a una moda. Las consecuencias son el vacío y la insatisfacción, advierte el psicoanalista Manuel Andújar, miembro fundador del Grupo de Psicoanálisis de Tucumán.

Celulares, computadoras y otros aparatos no alimentan más que la ilusión de un encuentro con otra persona. "El aislamiento a través de la tecnología genera la ilusión de crear un mundo propio de relaciones, pero que nunca reemplaza al contacto personal, no permite elaborar los miedos y las angustias propios de la condición humana porque en internet no hay un intercambio con el semejante. La persona cree sentirse protegido pero a través de un mecanismo que atenta contra su propia integración subjetiva", explica el psicoanalista.

Otro aprendizaje

Florencia se fue de su casa a los 24 años porque quería estudiar en otra provincia. No le fue fácil. "Nadie nace sabiendo. Es como aprender a ser padre, hay que serlo para empezar", afirma la tucumana. La joven volvió por un tiempo a la casa de sus padres y ahora de nuevo vive sola. "Cuando convivís tenés necesariamente que compartir con los demás; en cambio, sola, disfrutás de tu familia y de tus amigos cuando querés; vos elegís con quiénes rodearte y cuándo compartir. En ese sentido, fortalecés los vínculos con tu familia porque empezás a llevarte mejor. Sólo cuando tengo ganas me voy a tomar unos mates con mis amigas, y cuando creo que lo necesito me voy a almorzar con mis padres", confiesa.

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