"Era un hombre íntegro que necesitaba amor para sobrevivir"

02 Febrero 2010
La sombra de los intelectuales difuntos suele trascender en la portada de un diario, en los debates literarios, en las charlas de café o en la memoria de un país. Sin embargo, expira ligeramente las virtudes humanas que los caracterizaban. En diálogo con LA GACETA, María Lilia Martínez Castro de Terán, hermana de Tomás Eloy Martínez, recordó aquellos momentos en los que el escritor abandonaba su faceta periodística para convertirse en el tucumano seductor y sonriente que siempre fue.

"Una vez quedé libre en el colegio. Debía rendir 12 materias. Tomás me preparó en dos horas y terminé sacándome un 10. En casa yo era el demonio y él era el ángel (ríe). Siempre fue muy cariñoso", comenta María Lilia.

A pesar de presidir la Asociación Católica en Tucumán, el escritor se volvió agnóstico, según su hermana. "Me decía que no encontraba a Dios, y yo le respondía que no lo buscaba. El 9 de diciembre pasado fui a visitarlo con César, mi esposo, que volvía de recuperarse en la unidad coronaria del hospital. Tomás estaba contento y se sorprendió de ver bien a César, que había estado muy grave. El creyó ver un cadáver caminando y me dijo ’dame lo mismo que Dios le dio a tu esposo’. Entonces le regalé una medallita de la Virgen María", relató Martínez Castro, y añadió que su gesto tuvo una respuesta inmediata por parte del novelista. "Al día siguiente me llamó por teléfono para contarme que nuestra visita fue como si el sol hubiese estado en su departamento", dijo.

El autor de "La novela de Perón", también fue un rompecorazones que procuraba no sucumbir en la altanería. "Las mujeres quedaban encantadas con él. No se consideraba un seductor; era un hombre que conocía el mundo y la cultura. No festejaba sus logros, era muy humilde en ese sentido", reveló María Lilia.

La tolerancia, la integridad y la sensatez fueron rasgos que se dibujaban a menudo en la comisura de su rostro, en las palabras con las que hablaba y en las historias que trazaba su lápiz en el papel. "Tomás era un hombre íntegro que necesitaba amor para sobrevivir. Para él la educación y el progreso de la cultura eran indispensables a fin de construir un país ejemplar. Leí todos sus libros, pero el que más me gustó fue ’Santa Evita’. Desde chico le escribía a mis tías y abuelas. Además, no se cansaba de estimular en nosotros la lectura", recordó la hermana del escritor tucumano, desde su casa en Raco.

¿Qué le hubiese gustado decirle antes de su partida? "Me hubiese gustado decirle lo mucho que lo quería. Siempre se lo recordé. Fue un padre y un abuelo excepcional. Sus hijos lo admiraban, sus nietos lo querían", manifestó la mujer.

La Argentina ha perdido a un escritor de verdad. Y para María Lilia esa afirmación que publicaron los diarios de toda América es una verdad literal. "Demostró una fortaleza inquebrantable frente a la muerte. Lo imaginaré siempre con esa cara sonriente e irónica que tanto lo caracterizaba", concluyó emocionada.

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