"El cuadro es dantesco"

El director de Bomberos de la Policía admitió que se impresionó por los daños que provocó la explosión.

HORROR. El violento estallido en una lavandería provocó la muerte de dos personas. LA GACETA/INES QUINTEROS ORIO
HORROR. El violento estallido en una lavandería provocó la muerte de dos personas. LA GACETA/INES QUINTEROS ORIO
21 Julio 2009
El lugar donde funciona la lavandería en la que se produjo la explosión de la planchadora cilíndrica se encontraba este mediodía fuertemente custodiado, mientras peritos de distintas reparticiones provinciales realizaban estudios.

Allí trabajaban especialistas de la Dirección de Bomberos de la Policía, de la Secretaría de Trabajo de la Provincia, de la Dirección de Defensa Civil Provincial y personal de la comisaría VII. "El cuadro con el que nos encontramos es dantesco", admitió Daniel Lobo, jefe de Bomberos.

"La fuerza del reventón fue terrible, hay paredes caídas y columnas retorcidas. Lo más grave fue que había varias personas trabajando a apenas cinco metros del cilindro planchador que estalló", sostuvo Lobo.

Con las pesquisas que se efectúan se procurará conocer las razones que provocaron la explosión y la situación en la que trabajaba el personal.

El estallido se produjo anoche, alrededor de las 20, en Santiago del Estero al 1.400. Según el informe policial, las personas fallecidas son Javier Lizárraga, de 27 años, y Carlos Hansen (25). Los heridos son Dora Haydée Argañaraz y su hija Lucía del Carmen Pérez, Mariana Rasparí, José Ricardo Contreras y María del Valle Díaz Lobo.

Tanto los heridos como los muertos eran empleados de la lavandería en la que se produjo la catástrofe. Aunque la Policía y los bomberos llegaron a los pocos minutos del incidente, los vecinos colaboraron en el auxilio a las víctimas. "¡Mi cara, mi cara!" y "¡Dios mío! ¿Qué pasó?", exclamaban tres de las mujeres, mientras recibían ayuda.

Los familiares de las víctimas se quejaron de las condiciones laborales en las que trabajaban los alrededor de 30 empleados de la lavandería."Nos pagaban $ 5 la hora. Entrábamos a las siete de la mañana y a veces salíamos pasadas las 10 de la noche. Trabajábamos las 24 horas, en dos turnos ", contó una empleada que estaba en el hospital acompañando a sus compañeros.

A medida que se conocía la dimensión de la catástrofe, el lugar se fue llenando de vecinos y familiares angustiados por conocer el estado de sus seres queridos. Cuando el propietario del local, René Auvieux, que había llegado a la lavandería tras la noticia de la explosión, intentó retirarse del lugar, los familiares de las víctimas se le abalanzaron. La Policía lo protegió para evitar que lo golpearan. LA GACETA ©

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