Reflexiones de un ex agente argentino

"Las dificultades, hoy, pasan por el rechazo de la sociedad".

12 Abr 2009
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REALIDAD Y FICCION. En El Ateneo Grand Splendid, en Buenos Aires, French recomienda la película alemana La vida de los otros como uno de los filmes más realistas en materia de espionaje.

Horacio French vive en Córdoba, es doctor en Derecho y tiene posgrados en Seguridad y Criminalística. Durante dos décadas fue agente de los Servicios de Inteligencia del Estado, de donde se retiró después de ocupar cargos de alta jerarquía. En 2006 publicó Servicios secretos en crisis (El Emporio ediciones), libro en que repasa la historia de los servicios secretos en el mundo, señala los límites dentro de los que deben funcionar y analiza críticamente la situación de la SIDE. Actualmente, está escribiendo un ensayo sobre Inteligencia militar y una novela de espionaje. Esta entrevista tuvo lugar hace una semana en una librería de Buenos Aires.

- Al final de la película Sin salida, el espía soviético que ha logrado infiltrarse en el Pentágono (interpretado por Kevin Costner) se rebela a sus jefes del KGB y pretende abandonar la casa en la que lo están interrogando. Uno de los agentes rusos intenta detenerlo y su superior le dice “Déjalo ir. Volverá. ¿Adónde más podría ir?”. ¿Se puede salir fácil y definitivamente de un servicio secreto?
- No, pero las dificultades hoy no pasan por la persecución o por las amenazas de los propios servicios sino por el rechazo de la sociedad. Hay un prejuicio, en países como el nuestro, que obstaculiza la reinserción del ex agente en la comunidad.

- En su libro usted afirma que el rechazo que suelen despertar los servicios secretos está ligado a la sospecha de abusos en el manejo de fondos reservados, a los casos de espionaje político y al temor a que se viole el derecho a la intimidad de los ciudadanos. Usted es abogado. ¿Cuánto secreto y discrecionalidad tolera el sistema democrático?
- El problema del secreto en una democracia radica en que el sistema se basa en la publicidad de los actos de gobierno. El límite de este presupuesto, la excepción, es la seguridad nacional. Dentro de esa esfera deberían actuar, de manera exclusiva, los servicios. Su función es prevenir, pronosticar, informar y evaluar cuestiones vinculadas a ese terreno. El desprestigio surge, en parte, del uso político de los servicios, ya sea para perseguir, extorsionar y espiar a rivales, o del uso de fondos destinados a Inteligencia para financiar campañas o pagar sobornos. En la Argentina el problema pasa, en cierta medida, por la ausencia de una legislación específica que regule el secreto de Estado, a diferencia de lo que ocurre en Chile o en España. Básicamente, debe encuadrarse legalmente el concepto de seguridad, establecerse un límite temporal al secreto (vencido el cual se procede a lo que se denomina “desclasificación”) y franqueárseles el acceso a las investigaciones judiciales. Finalmente, el periodismo independiente es el mejor aliado para el control social sobre los servicios de Inteligencia.

- ¿Cómo es la vida de un agente argentino?
- Depende de cada caso. No todos los agentes trabajan de manera encubierta. Yo, por ejemplo, siempre tuve una vinculación pública con la SIDE; tenía contacto directo con gobernadores y presidentes porque fui la cabeza del organismo en cada provincia en la que estuve. Pero hay muchos perfiles: los analistas que elaboran informes específicos y que tienen capacidades técnicas concretas (pueden ser ingenieros, contadores, químicos, etcétera); los informantes y, por supuesto, los agentes secretos. El éxito del trabajo de estos últimos se mide por la repercusión. Si hace “ruido”, si conocemos sus logros, es un mal agente.

- El atentado a la embajada de Israel fue el primero perpetrado por un grupo fundamentalista en el continente americano y el antecedente del 11 de setiembre. Ambos evidenciaron las grandes falencias de los servicios de Inteligencia. ¿Cuáles son los peligros que deben intentar neutralizar actualmente?
- Los atentados terroristas siguen siendo uno de ellos, sin duda. Pero, dentro de una visión macro, las guerras religiosas y étnicas constituyen un riesgo mayor. A eso se suma el poder extraordinario del narcotráfico, por ejemplo. El camino para intentar desactivar las grandes organizaciones criminales lo marca la circulación del dinero. Por eso es necesario conformar equipos multidisciplinarios para recorrer los laberintos propios de los delitos complejos. Se necesita del trabajo conjunto de especialistas en finanzas, tributaristas, expertos en internet, societaristas, etcétera. En la Argentina la seguridad es muy endeble porque sufre graves fallas este servicio burocratizado y con poco personal adecuadamente capacitado. La Triple Frontera, por citar un caso, es un área de riesgo a la que no se le presta debida atención.

- ¿Hay algún espía argentino célebre?
- El sargento mayor José Antonio Alvarez de Condarco (N. de la D.: nació en Tucumán -1780-1855-) escribió una página inolvidable, aunque poco conocida, de la historia del espionaje americano cuando cumplió exitosamente una misión encomendada por San Martín, que necesitaba los detalles del camino por el que podría cruzar los Andes. Alvarez de Condarco, gracias a su prodigiosa memoria, elaboró los mapas que meses después permitieron al Ejército Libertador llegar a Chile sin bajas.

- ¿Cuáles son las novelas y las películas de espías más realistas?
- Una de ellas es la película alemana La vida de los otros, que presenta la vida gris, tediosa, monótona de un agente que dedica sus días a espiar la vida de un dramaturgo sospechado de ser un opositor al régimen comunista en Alemania Oriental. El personaje es el reverso del agente seductor y bon vivant, cuyo arquetipo es James Bond.
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