Al ritmo de la barriada
Artistas de diferentes disciplinas se comprometieron con la realidad que los rodea y, con los pies en el barro, empezaron a tratar de modificarla junto a los vecinos. Con talleres, muestras, conciertos y puestas en escena , el barrio se hace oir. Las experiencias apuntan a objetivos distintos, pero todos los artistas involucrados creen en la cultura como motor del cambio y como generadora de la transformación social.
"La música posee una fuerza en sí misma que hace posible cosas aparentemente imposibles". Con esta frase, el pianista tucumano Miguel Angel Estrella intentó sintetizar cuál sería la línea de trabajo de la Federación Internacional Música Esperanza, una entidad sin fines de lucro que él fundó en 1982. Desde entonces, esta organización que cuenta con el aval de la Unesco, difunde y promueve la música como medio solidario entre los hombres y los pueblos mediante conciertos y subsidios .
Jorge Ruiz de Huidobro, uno de los representantes de la fundación en Tucumán, asegura que su trabajo le ha enseñado a construir lazos solidarios. "Esta experiencia corta es una muestra más de que nadie se salva solo", dice el músico y docente que colabora activamente el el barrio Juan XXIII (La Bombilla), brindando talleres de música.
En la coordinación de estas actividades también participan Aldo Albornoz (un antiguo militante de Música Esperanza) y Pablo Beltrán (joven formoseño, estudiante de psicología). El trío ha demostrado un profundo compromiso con la promoción de actividades sociales y artísticas. "Al barrio voy dos o tres veces por semana, los chicos aprenden a tocar aerófonos andinos como la quena y el sikus (a este último lo construyen ellos mismos), la guitarra, el charango y el bombo. La forma en que trabajamos con los chicos es lo que se conoce como aula taller", cuenta Ruiz de Huidobro.
Como a este espacio concurren niños y jóvenes de entre ocho y 18 años, los niveles de aprendizaje son distintos. "El que aprendió primero, muchas veces y de manera espontánea le enseña al otro. Por un lado no hay mejor manera de aprender que enseñando, y por el otro se van construyendo, en la práctica, lazos solidarios", añade.
Otra de las actividades musicales que desempeña la fundación es el recital de ?sikuriadas?. "Es otra práctica que incentiva la solidaridad y además es un modo ancestral de hacer la música de América", contó el docente.
Este sostenido trabajo en el barrio, que ya tiene más de una década, planea una ampliación para transformarse en una orquesta. A fines del año 2007, desde el programa de Inclusión Educativa de la Nación y de la provincia de Tucumán, Ruiz de Huidobro recibió una propuesta para presentar un proyecto a fin de conseguir instrumentos para armar una orquesta.
"Presenté el proyecto y nos aprobaron la formación de una orquesta que tuviera una sonoridad que refleje las estéticas de la música del norte y particularmente de Tucumán. En la misma se podrán escuchar todas las cuerdas (violín, viola, chelo, contrabajo) aerófonos andinos, percusión latina, guitarra, charango, flauta traversa y clarinete", explica.
Así, este año, en coordinación con el Ministerio de Educación de la Provincia y con el de la Nación, en el marco del lanzamiento de un programa de orquestas, el barrio Juan XXIII formará una propia.
"Creo que es importante que terminemos de darnos cuenta de que el mundo es uno solo y si no estamos bien todos, difícilmente lo estará el resto, y que no hay mayor violencia e inseguridad que la desigualdad de oportunidades; por más que nos encerremos con muros, rejas, guardias y pongamos presos hasta los niños, nuestra vida no va a cambiar. Como diría Joan Manuel Serrat, ?ser solidario y preocuparse por el otro, es en definitiva en defensa propia?", concluye el músico y docente.








