"El desarrollo sigue siendo un desafío nacional"
El economista Aldo Ferrer pronosticó que la crisis financiera internacional finalizará antes de fin de año, pero que después de ella sobrevendrá un nuevo orden económico mundial en el que una mayor presencia del Estado en los mercados será insoslayable.
"No va más", advierten los croupiers para cerrar la posibilidad de seguir apostando en la ruleta. La misma sentencia emplea ahora Aldo Ferrer, en el contexto de la histórica crisis financiera mundial, respecto del paradigma del neoliberalismo. "En el ejercicio de su dominación, los países centrales, desde la década de 1970 dieron lugar a la liberación de los mercados y rechazaron la presencia del Estado, que había sido tan importante para superar la crisis de los años 30, e incluso la dura posguerra. Abandonaron el paradigma keynesiano. Pero ahora este casino gigante en que se convirtió el mundo ha estallado, y vienen tiempos en que surgirá un nuevo marco regulatorio de las transacciones internacionales; un nuevo orden en el que reaparecerá el Estado como garante de la estabilidad del sistema", asevera el economista.
Al respecto, asegura que la posición futura en el mundo de la Argentina y del resto de las naciones latinoamericanas dependerá de los proyectos de país, y no de libretos del extranjero.
"Nosotros somos actores absolutamente marginales en los acontecimientos internacionales. No tenemos posibilidades de resolver el desorden actual. Pero para encontrar nuestro lugar debemos empezar a ver el mundo desde nuestra propia perspectiva, no desde la de los centros de poder, cuyas ideas organizan el mundo para sus propios beneficios, y no para el de los países subordinados", sentencia.
El intelectual, vinculado al kirchnerismo, estuvo a cargo el viernes de la conferencia de apertura del II Congreso Argentino de Cultura, que finalizó ayer en esta ciudad.
Después de la disertación dijo que la debacle actual de los mercados inexorablemente afectará la economía real en la Argentina, pero que el impacto puede ser menor en la medida que se lleve a cabo una serie de acciones. En este sentido, aunque no lo mencionó concretamente, deslizó que el dólar debe ser más caro para sostener la competitividad de la producción.
- ¿Es comparable esta crisis con la de los años 30?
- Aquella crisis financiera se inició también en Wall Street y en la crisis de los bancos europeos, y terminó desorganizando el sistema internacional, lo que arrastró después, y dramáticamente, a la economía real. Esa fue la peor crisis económica del capitalismo; con una caída brutal de la producción, del empleo y del comercio internacional y nosotros, los argentinos, y América latina en general, que estábamos vinculados al mundo por el cordón umbilical de la venta de alimentos y de materias primas, nos quedamos desamparados, endeudados. Esto, después, devino en la Segunda Guerra Mundial. Pero un escenario como aquel no es posible ahora, porque hay un grado notable de interdependencia de los países. Observamos cómo actúan conjuntamente para ponerle un piso a esta crisis financiera fenomenal que se ha desatado y que es consecuencia de sus propios errores, y cómo también lo hacen para ponerle un piso a la retracción del consumo. Probablemente, esta crisis vaya a terminar, en los términos en los que la estamos viendo, antes de fin de año. La globalización va a seguir, porque la ciencia y la técnica nos acerca a través de las comunicaciones, de la información, de la producción, del transporte, del turismo, de las migraciones. Pero en esta aldea global, igualmente, el desarrollo de cada país sigue siendo un desafío nacional. El desarrollo se seguirá dando en las fronteras que ocupa cada sociedad. Es allí donde se construyen las sinergias de la densidad nacional. El desafío nacional es insoslayable e indelegable. Lo que tenemos que hacer los argentinos lo vamos a hacer o no nosotros mismos. Y lo mismo ocurrirá con los países hermanos de América latina. Es muy importante que el país reflexione sobre sí mismo, que trate de saldar los dilemas abiertos de nuestra historia, que trabajemos para la cohesión social y la inclusión, que construyamos liderazgos capaces de acumular poder sobre la base de los recursos y no de la venta del patrimonio nacional.
- ¿Cuál puede ser el grado de afectación de esta crisis a la economía real de la Argentina?
- Depende de lo que nosotros hagamos. De si defendemos el trabajo argentino, el mercado interno y de si movilizamos el ahorro nacional.
- ¿Pero puede desacelerarse con fuerza la economía?
- Bueno, no. Depende de lo que hagamos. Si mantenemos la competitividad de la economía vamos a tener, eventualmente, un efecto externo, pero eso no implica que no podamos seguir creciendo.
- ¿Cómo se hace para mantener la competitividad de la economía nacional? ¿Qué medidas harían falta?
- Muchas. Pero una de ellas es el tipo de cambio. Tenemos que lograr un tipo de cambio mediante el cual las cosas que producimos aquí sean más baratas que las que compramos afuera. Cuando el tipo de cambio, como pasó en el 1 a 1, hacía que la importación sea más barata que lo que producimos nos quedamos sin producción.
- ¿Es decir, un dólar más alto que el actual?
- Hay que defender bien el tipo de cambio competitivo. Hay que plantearlo estable y a largo plazo, para que los productores sepan que les conviene producir y no importar.
- ¿Por qué la Argentina depende de sí misma para salir de esta crisis?
- La Argentina se ha recuperado durante estos años con recursos propios, sin crédito internacional. Además, la Argentina, en un mundo que está sediento de alimentos, es un gran exportador. En un mundo que necesita energía, estamos autoabastecidos. Tenemos grandes recursos.
- Usted habló de cierto déficit en la construcción de consensos, ¿a qué se refería?
- Creo que el hecho de que hayamos vivido tanto tiempo fuera de la democracia, y de que esta democracia tenga recién 25 años, implica que carecemos de la madurez que otras sociedades tienen para resolver los problemas conversando en vez de pelearse. El caso del campo me parece emblemático. En una sociedad más madura esto no pasaba. Hubiera habido conversaciones previas para evitar el conflicto. Bueno, entonces tenemos que aprender de la experiencia. Tenemos que dialogar más, atendiendo los reclamos sectoriales, que son legítimos siempre en el marco del interés general.
- También habló usted sobre la necesidad de fortalecer las instituciones. ¿Qué se debe hacer para cumplir este objetivo?
- Hace falta la creación de un Consejo Económico y Social, donde se sienten los productores del campo, de la industria, los trabajadores, el Gobierno, las universidades. Hay que darle mucho juego al Congreso que es el ámbito político de la República para debatir los grandes temas de la economía. La presidenta (Cristina Fernández de Kirchner) lo planteó en el discurso inaugural. Ella dijo que es necesario mejorar la calidad institucional de la República. Además, habló del pacto del Bicentenario. Eso es lo que hay que hacer.







