Una niñez desdichada, sin leones, brujas ni roperos

"C.S. Lewis, el niño que invento Narnia", Michael White, Emecé - Buenos Aires. Visión humanizada de un escritor de culto que llevó adelante con J.R.R Tolkien una de las amistades literarias más fructíferas de la historia. Por Maria Eugenia Bestani.

UN HOMBRE DE MOMENTOS DESOLADOS. El fermento de una vida marcada por una temprana orfandad parece estar en la raíz de la noble imaginación de Lewis.
UN HOMBRE DE MOMENTOS DESOLADOS. El fermento de una vida marcada por una temprana orfandad parece estar en la raíz de la noble imaginación de Lewis.
19 Octubre 2008

C.S. Lewis (1898-1963) es un ejemplo perfecto del axioma: “la receta dorada para las artes está en el fermento de una niñez desdichada afectando una noble imaginación”, formulado por Cyril Connolly. Los primeros años de orfandad materna y educación en severas instituciones delinearon el paisaje poético de su obra.
Michael White, en esta recomendable biografía de Clive Staples Lewis, revela cómo la creación de mundos alternativos, tierras medias, animales parlantes y viajes a través del tiempo y de galaxias fue su modo de evadir -o de tratar de asimilar- las carencias afectivas de los primeros años de su vida, transcurridos en Belfast.
El biógrafo les dedica buena parte de su trabajo a esos desolados momentos, documentados en cartas y misivas que C.S. Lewis escribió a su padre (un abogado irlandés más afecto al alcohol que al cuidado de sus sensibles hijos), a su hermano Warnie y a un amigo confidente, Arthur Greeves.
El mayor mérito de White es ofrecer una visión humanizada de este autor de culto. Describe la heterodoxa relación sentimental que lo unió con la madura Janie Moore y cómo ese enigmático vínculo perduró por más de tres décadas. Se refiere a su participación en la Primera Guerra Mundial y a su encuentro con J.R.R. Tolkien, con quien mantendría una de las amistades literarias más fructíferas y formaría parte de los Inklings.
Las lecturas y los debates llevados a cabo en el seno de esta cofradía intelectual influyeron en la conversión de Lewis al cristianismo.

Contrastes
Con prosa ágil y bien documentada, White hace un recorrido por el origen y la evolución del género de la literatura fantástica y de ciencia ficción, y analiza las obras precursoras que influyeron en la escritura de Lewis. Contrasta el fracaso de sus dos primeros libros de poemas con el éxito de su volumen ensayístico inicial: La alegoría del amor (1935), un pormenorizado estudio de la literatura amatoria medieval y del amor cortesano, texto con el que Lewis encuentra su voz, establece su nombre como el de un erudito y afirma su reputación en Oxford y en Cambridge.
Pronto se sumarán títulos sobre ética y religión, en los que despliega sus brillantes dotes de apologista del cristianismo, y los libros específicamente dedicados a la literatura fantástica: La trilogía cósmica y los siete tomos de las consagradas Crónicas de Narnia. A pesar de algunos altibajos, son conmovedoras las páginas que White dedica a la relación de Lewis con la estadounidense Joy Davidman, romance que inspiró el film Tierra de sombras, con las actuaciones de Anthony Hopkins y Debra Winger. © LA GACETA

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