10 Agosto 2008 Seguir en 
El reciente episodio de violencia en el que una adolescente fue patoteada por chicas de su misma edad en la vía pública renueva la preocupación por este tipo de hechos, que suelen ocurrir con frecuencia dentro y fuera de los establecimientos escolares y que esporádicamente salen a la luz cuando alguien se anima a denunciarlos. En nuestra edición del viernes, dedicamos un amplio espacio al tratamiento del tema y reprodujimos los resultados de una encuesta nacional realizada por el Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica Argentina (UCA) sobre 6.000 chicos, en la que se afirma que uno de cada cuatro alumnos de entre 10 y 18 años (la cuarta parte) manifestó que le tiene miedo a alguno de sus compañeros; entre los chicos de 12 a 15 años, la relación es de uno de cada tres.
Los datos recogidos son inquietantes: el 46% de los chicos dijo haber sufrido a veces la violencia indirecta; el 11% afirmó haber sufrido mucho la violencia indirecta; el 32 % señaló que sufre “a veces” agresiones físicas; el 62 % de los entrevistados indicó que ha sufrido agresiones verbales, mientras que el mismo porcentaje confesó que ha maltratado a sus compañeros “a veces”. El 6 % de los encuestados afirmó que ha maltratado a sus compañeros en forma continua. El 97 % de los docentes manifestó que actualmente existen situaciones de violencia en las escuelas.
El estudio reveló que el acoso entre compañeros sucede en el interior de las escuelas, casi siempre a espaldas de los adultos porque quienes lo sufren rara vez lo manifiestan o lo hacen cuando la agresión ya lleva largo tiempo. Una especialista del área Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Sede Argentina dijo que no se debe demonizar a los jóvenes y sostuvo que el problema de las agresiones tiene que ver con la ampliación de los regímenes visuales, con una sociedad que valora este tipo de exhibición, con la expansión de ciertas formas del relato televisivo sensacionalista, que transmite imágenes crueles, y frente a las cuales se hace poco, y que se amplifican, porque hay una reiteración del episodio, de pegar, de discriminar.
En abril pasado, en un debate organizado por LA GACETA, en el que participaron alumnos, padres, docentes, abogadas, psicólogas y funcionarias de Educación, se analizaron las causas de esta problemática y surgieron ideas orientadas hacia una solución posible. Cada uno de los sectores hizo una autocrítica y, entre las propuestas, se señaló que es necesario un trabajo interdisciplinario; desarrollar los sistemas de tutorías, de autodisciplina, de convivencias y talleres culturales, impulsar la mediación escolar como una herramienta eficaz para promover el diálogo entre los niños y los adolescentes. Se habló de desterrar el trinomio violencia-pobreza-exclusión, de revisar las prácticas docentes, de que los padres les enseñen a los hijos a discernir entre el bien y el mal, de propiciar con más intensidad las prácticas deportivas.
Creemos que todas estas propuestas son válidas y aún aguardan ser discutidas y puestas en práctica. La violencia entre los chicos es un reflejo de lo que ellos reciben en sus hogares y en los ámbitos que frecuentan. Nadie nace violento. Son las pautas culturales, educativas y sociales las que van construyendo la personalidad de un individuo. Vivimos en una sociedad donde la comunicación y el diálogo tienen cada vez menos espacio, y en la que se nos bombardea con la violencia a través de los medios. Se debe abordar esta problemática desde varios frentes y comenzar a educar para la paz no sólo a los niños, sino también a los padres y a los docentes.
Los datos recogidos son inquietantes: el 46% de los chicos dijo haber sufrido a veces la violencia indirecta; el 11% afirmó haber sufrido mucho la violencia indirecta; el 32 % señaló que sufre “a veces” agresiones físicas; el 62 % de los entrevistados indicó que ha sufrido agresiones verbales, mientras que el mismo porcentaje confesó que ha maltratado a sus compañeros “a veces”. El 6 % de los encuestados afirmó que ha maltratado a sus compañeros en forma continua. El 97 % de los docentes manifestó que actualmente existen situaciones de violencia en las escuelas.
El estudio reveló que el acoso entre compañeros sucede en el interior de las escuelas, casi siempre a espaldas de los adultos porque quienes lo sufren rara vez lo manifiestan o lo hacen cuando la agresión ya lleva largo tiempo. Una especialista del área Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Sede Argentina dijo que no se debe demonizar a los jóvenes y sostuvo que el problema de las agresiones tiene que ver con la ampliación de los regímenes visuales, con una sociedad que valora este tipo de exhibición, con la expansión de ciertas formas del relato televisivo sensacionalista, que transmite imágenes crueles, y frente a las cuales se hace poco, y que se amplifican, porque hay una reiteración del episodio, de pegar, de discriminar.
En abril pasado, en un debate organizado por LA GACETA, en el que participaron alumnos, padres, docentes, abogadas, psicólogas y funcionarias de Educación, se analizaron las causas de esta problemática y surgieron ideas orientadas hacia una solución posible. Cada uno de los sectores hizo una autocrítica y, entre las propuestas, se señaló que es necesario un trabajo interdisciplinario; desarrollar los sistemas de tutorías, de autodisciplina, de convivencias y talleres culturales, impulsar la mediación escolar como una herramienta eficaz para promover el diálogo entre los niños y los adolescentes. Se habló de desterrar el trinomio violencia-pobreza-exclusión, de revisar las prácticas docentes, de que los padres les enseñen a los hijos a discernir entre el bien y el mal, de propiciar con más intensidad las prácticas deportivas.
Creemos que todas estas propuestas son válidas y aún aguardan ser discutidas y puestas en práctica. La violencia entre los chicos es un reflejo de lo que ellos reciben en sus hogares y en los ámbitos que frecuentan. Nadie nace violento. Son las pautas culturales, educativas y sociales las que van construyendo la personalidad de un individuo. Vivimos en una sociedad donde la comunicación y el diálogo tienen cada vez menos espacio, y en la que se nos bombardea con la violencia a través de los medios. Se debe abordar esta problemática desde varios frentes y comenzar a educar para la paz no sólo a los niños, sino también a los padres y a los docentes.







