01 Agosto 2008 Seguir en 
Una de las visitas obligadas de los tours por el microcentro es el Museo Histórico Nicolás Avellaneda, que lleva el nombre del ex presidente tucumano. Este vivió allí hasta los cinco años. Después de la Casa Histórica, es el museo más visitado. En las últimas dos semanas, más de 200 turistas por día recorrieron sus amplias salas. En los próximos días se esperan varios contingentes de Buenos Aires.
La casona rosada ubicada en la primera cuadra de calle Congreso alberga algunas de las piezas más valiosas del patrimonio histórico de la provincia. Una de ellas es la Jarra de plata de Ibatín, conocida porque fue robada dos veces. Cuenta también con una extensa colección numismática, que exhibe monedas hasta del imperio romano, y con carbonillas de retratos que hizo Lola Mora.
Sin embargo, una de las mayores atracciones la conforman los trajes españoles de la época colonial. "Son auténticos trajes del siglo XIX que pertenecieron a distintas familias tucumanas de clase alta", informó Estela Guzmán, a cargo del área de conservación.
Entre los artículos textiles se pueden ver una galera de Nicolás Avellaneda, un poncho de vicuña de Alejandro Heredia, un gran abanico de nácar y encaje, que perteneció a Isidora Zavaleta de Mariño; una camisa con puntillas, típica de finales de 1800 y un tarjetero labrado de palo de rosa con una placa de oro.
Conservación
Desde 2005, cada una de las piezas que alberga el museo son revisadas, refaccionadas y acondicionadas por expertos. En organizadas cajas plásticas, que consignan un etiqueta con los datos, se colocaron los trajes previamente cepillados y aspirados. Guzmán, licenciada en Artes, se especializa en conservación. Dijo que es una disciplina que requiere una capacitación especial. "Cada objeto recibe especial atención porque debe ser acomodado de tal manera que no se deforme ni se empeste. Además de guardarlo, se lo protege", contó. Dentro de cada caja hay una base de un material similar al telgopor, forrada con tela y ahuecada de la medida de la pieza para evitar que se deforme. Además, se colocan pequeños envases con clavo de olor para que absorban la humedad. "Cuando empecé los trabajos de conservación, la indumentaria y el papel fueron la prioridad por el rápido desgaste y el deterioro de los materiales. Hoy está todo perfectamente acondicionado pero necesita de un mantenimiento periódico", especificó la licenciada, mientras mostraba unos zapatos de raso bordado, con una hebilla metálica y un moño, que datan del siglo XIX. "Son más de 60 textiles que constituyen la colección histórica civil y religiosa", agregó.
A la espera de las próximas refacciones que se realizarán en el museo y que habilitarán tres salas más, algunos artículos están guardados. No obstante, el nuevo guión museológico prevé exposiciones temporales de los diferentes trajes de fiesta y de diario.
La casona rosada ubicada en la primera cuadra de calle Congreso alberga algunas de las piezas más valiosas del patrimonio histórico de la provincia. Una de ellas es la Jarra de plata de Ibatín, conocida porque fue robada dos veces. Cuenta también con una extensa colección numismática, que exhibe monedas hasta del imperio romano, y con carbonillas de retratos que hizo Lola Mora.
Sin embargo, una de las mayores atracciones la conforman los trajes españoles de la época colonial. "Son auténticos trajes del siglo XIX que pertenecieron a distintas familias tucumanas de clase alta", informó Estela Guzmán, a cargo del área de conservación.
Entre los artículos textiles se pueden ver una galera de Nicolás Avellaneda, un poncho de vicuña de Alejandro Heredia, un gran abanico de nácar y encaje, que perteneció a Isidora Zavaleta de Mariño; una camisa con puntillas, típica de finales de 1800 y un tarjetero labrado de palo de rosa con una placa de oro.
Conservación
Desde 2005, cada una de las piezas que alberga el museo son revisadas, refaccionadas y acondicionadas por expertos. En organizadas cajas plásticas, que consignan un etiqueta con los datos, se colocaron los trajes previamente cepillados y aspirados. Guzmán, licenciada en Artes, se especializa en conservación. Dijo que es una disciplina que requiere una capacitación especial. "Cada objeto recibe especial atención porque debe ser acomodado de tal manera que no se deforme ni se empeste. Además de guardarlo, se lo protege", contó. Dentro de cada caja hay una base de un material similar al telgopor, forrada con tela y ahuecada de la medida de la pieza para evitar que se deforme. Además, se colocan pequeños envases con clavo de olor para que absorban la humedad. "Cuando empecé los trabajos de conservación, la indumentaria y el papel fueron la prioridad por el rápido desgaste y el deterioro de los materiales. Hoy está todo perfectamente acondicionado pero necesita de un mantenimiento periódico", especificó la licenciada, mientras mostraba unos zapatos de raso bordado, con una hebilla metálica y un moño, que datan del siglo XIX. "Son más de 60 textiles que constituyen la colección histórica civil y religiosa", agregó.
A la espera de las próximas refacciones que se realizarán en el museo y que habilitarán tres salas más, algunos artículos están guardados. No obstante, el nuevo guión museológico prevé exposiciones temporales de los diferentes trajes de fiesta y de diario.
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