01 Febrero 2008 Seguir en 
Natalia Jiménez Terán no tiene miedo de que la tilden de "premoderna" cuando insiste en que en el aula es difícil hacer de la tecnología un aliado. "El celular no es un instrumento pedagógico", afirma la psicopedagoga, e invita a los padres a no dejarse engañar, y a no reemplazar el celular por la comunicación de primera mano.
- Hay quienes ven en el celular una herramienta con potencial pedagógico...
- El celular no es un instrumento pedagógico desde ningún punto de vista. Los padres le regalan al chico un celular sin medir las consecuencias, con la excusa de que les sirve para saber dónde está. Pero la base no pasa por ahí sino por una buena comunicación entre el padre y el adolescente. No lo veo necesario al celular como intermediario.
- ¿Se ha llegado al nivel de la adicción al celular?
- No hablaría todavía de adicción, que es cuando perdemos el control sobre algo. Hablaría de síntomas, y de las consecuencias negativas que puede dejar un celular en niños y en adolescentes.
- ¿Qué diferencias hay entre el videojuego y el celular?
- Ambos pueden provocar trastornos de sueño, ambos pueden provocar desatención: el hecho de estar pendiente del "me voy a mandar un mensaje", o del "me voy a jugar". El chico y el adolescente necesitan un hábito de estudio, y tanto el celular como los videojuegos lo alejan de eso.
- ¿Qué se mueve desde lo cognitivo?
- Sabemos que el aparato despierta grandes motivaciones. El adulto no maneja las tecnologías de última generación como las maneja el chico, que necesita sentir que descubre cosas.
- ¿Cómo tiene que ubicarse el adulto frente a esta avalancha?
- Es importante que el adulto tome conciencia de que el chico no necesita un celular, más allá de que sea lo último en el mercado; que hay muchos otros instrumentos que son realmente pedagógicos. Una de los medidas consiste en ponerle límites. Y creo que esta norma de no poder hablar por teléfono celular mientras se maneja también es una forma de ponerle límites al adulto. No estoy de acuerdo con que el chico lleve el celular dentro del aula. Creo que es importante que no se pierda el significado de lo que es la pareja educativa en el aula: hay alguien que aprende y hay alguien que enseña.
-¿Le ves algo positivo al celular?
- La posibilidad de intercambiar información, conocimiento intercultural. Pero siempre sabiéndolo manejar.
- También has trabajado con chicos con dificultades de aprendizaje...
- Sí, y las mayores dificultades que he encontrado se dan en chicos con déficit de atención.
-¿Cuánto hay de eso y cuánto de imposibilidad de las maestras de adecuarse a los chicos?
- En primer lugar, hablaría de un 60 o un 70 % de chicos con déficit de atención, con o sin hiperactividad. El chico con déficit atencional se distrae frente a cualquier estímulo, y se aleja absolutamente de lo que es el aprendizaje. Son chicos que pueden tener un buen nivel intelectual. Y es muy importante tener en cuenta los estímulos ambientales para que este chico pueda mantener su concentración en el aprendizaje. Entre esos estímulos ambientales está, por supuesto, el celular. También veo problemas de dislexia, y muchas consultas por fracaso escolar y bajas notas.
- ¿A qué atribuís la dificultad para estudiar?
- El chico no comprende consignas, no sabe interpretar. Los avances tecnológicos nos van alejando de la lectura, uno de los principales elementos didácticos. El chico ya no lee un libro, no lee LA GACETA, no interpreta, no contesta preguntas, va perdiendo el rigor gramatical.
- ¿Muestran curiosidad? ¿Se formulan preguntas?
- No, para nada. Se preguntan muy pocas cosas, y esto tiene que ver con las nuevas tecnologías. No hay preguntas, sino que buscan respuestas.
- También hacés orientación vocacional... ¿Qué le demandan los chicos al orientador?
- Llegan chicos que no saben elegir. En ellos no hay elección, sino que hay mandatos de padres profesionales. Creo que hay una falta de conocimiento sobre las diferentes carreras u opciones. La profesión es una elección. Por eso es que creo que desde niños hay que enseñarles a los hijos a elegir. Cuando llegan a una edad en la que hay que elegir - una profesión, un trabajo- hay que dejarles la posibilidad de elegir, darles margen para que ellos hablen, para que se expresen. Así les estamos abriendo el camino para una elección vocacional madura y propia, independiente.
- Hay quienes ven en el celular una herramienta con potencial pedagógico...
- El celular no es un instrumento pedagógico desde ningún punto de vista. Los padres le regalan al chico un celular sin medir las consecuencias, con la excusa de que les sirve para saber dónde está. Pero la base no pasa por ahí sino por una buena comunicación entre el padre y el adolescente. No lo veo necesario al celular como intermediario.
- ¿Se ha llegado al nivel de la adicción al celular?
- No hablaría todavía de adicción, que es cuando perdemos el control sobre algo. Hablaría de síntomas, y de las consecuencias negativas que puede dejar un celular en niños y en adolescentes.
- ¿Qué diferencias hay entre el videojuego y el celular?
- Ambos pueden provocar trastornos de sueño, ambos pueden provocar desatención: el hecho de estar pendiente del "me voy a mandar un mensaje", o del "me voy a jugar". El chico y el adolescente necesitan un hábito de estudio, y tanto el celular como los videojuegos lo alejan de eso.
- ¿Qué se mueve desde lo cognitivo?
- Sabemos que el aparato despierta grandes motivaciones. El adulto no maneja las tecnologías de última generación como las maneja el chico, que necesita sentir que descubre cosas.
- ¿Cómo tiene que ubicarse el adulto frente a esta avalancha?
- Es importante que el adulto tome conciencia de que el chico no necesita un celular, más allá de que sea lo último en el mercado; que hay muchos otros instrumentos que son realmente pedagógicos. Una de los medidas consiste en ponerle límites. Y creo que esta norma de no poder hablar por teléfono celular mientras se maneja también es una forma de ponerle límites al adulto. No estoy de acuerdo con que el chico lleve el celular dentro del aula. Creo que es importante que no se pierda el significado de lo que es la pareja educativa en el aula: hay alguien que aprende y hay alguien que enseña.
-¿Le ves algo positivo al celular?
- La posibilidad de intercambiar información, conocimiento intercultural. Pero siempre sabiéndolo manejar.
- También has trabajado con chicos con dificultades de aprendizaje...
- Sí, y las mayores dificultades que he encontrado se dan en chicos con déficit de atención.
-¿Cuánto hay de eso y cuánto de imposibilidad de las maestras de adecuarse a los chicos?
- En primer lugar, hablaría de un 60 o un 70 % de chicos con déficit de atención, con o sin hiperactividad. El chico con déficit atencional se distrae frente a cualquier estímulo, y se aleja absolutamente de lo que es el aprendizaje. Son chicos que pueden tener un buen nivel intelectual. Y es muy importante tener en cuenta los estímulos ambientales para que este chico pueda mantener su concentración en el aprendizaje. Entre esos estímulos ambientales está, por supuesto, el celular. También veo problemas de dislexia, y muchas consultas por fracaso escolar y bajas notas.
- ¿A qué atribuís la dificultad para estudiar?
- El chico no comprende consignas, no sabe interpretar. Los avances tecnológicos nos van alejando de la lectura, uno de los principales elementos didácticos. El chico ya no lee un libro, no lee LA GACETA, no interpreta, no contesta preguntas, va perdiendo el rigor gramatical.
- ¿Muestran curiosidad? ¿Se formulan preguntas?
- No, para nada. Se preguntan muy pocas cosas, y esto tiene que ver con las nuevas tecnologías. No hay preguntas, sino que buscan respuestas.
- También hacés orientación vocacional... ¿Qué le demandan los chicos al orientador?
- Llegan chicos que no saben elegir. En ellos no hay elección, sino que hay mandatos de padres profesionales. Creo que hay una falta de conocimiento sobre las diferentes carreras u opciones. La profesión es una elección. Por eso es que creo que desde niños hay que enseñarles a los hijos a elegir. Cuando llegan a una edad en la que hay que elegir - una profesión, un trabajo- hay que dejarles la posibilidad de elegir, darles margen para que ellos hablen, para que se expresen. Así les estamos abriendo el camino para una elección vocacional madura y propia, independiente.







