29 Diciembre 2006 Seguir en 
Hemos venido a colaborar, no a enseñar. Hemos venido a escuchar y, en la medida de lo posible, a sugerir lo que nos parece más aproximado a una decisión atinada. No quiero que los kilómetros que separan esta Provincia de la Capital Federal hagan suponer que en el trayecto se distorsionan sus voces y sus reclamos. Por el contrario, el Gobierno nacional está extremadamente atento a la situación socio ambiental de esta provincia.
El Presidente, regularmente, exige un cuadro de situación sobre el estado de cosas en esta parte de la Argentina y nos exige soluciones para los problemas más acuciantes.
No se trata de diagnósticos. Se trata de remediar los males, y los remedios deben ser viables y sustentables en el tiempo. No se puede seguir acumulando palabras. Hemos levantado apachetas, hemos construido catedrales de palabras, pero no se ha logrado una solución perdurable.
El problema más serio es que cuando se busca conciliar intereses que a veces aparecen encontrados, alguien debe ceder algo.
Eso se llama solidaridad y el primer paso para alcanzarla es participar, aportar ideas o "jugarse un poco" por el conjunto. Tucumán, una provincia tan hospitalaria, tiene un río cuyo nombre entraña una paradoja: "río Salí". Es como si a uno lo echaran de entrada. Pero, ¿a quién le estará diciendo el río que salga?
Seguramente no a los pueblos que viven en sus márgenes y se sustentan en su extensa cuenca, sino a los que están agrediendo, polucionando, modificando la composición del agua y la existencia de los ribereños.
Así que el nombre paradojal deviene en una advertencia oportuna. La naturaleza tiene un límite y transgredirlo es colocarse en el terreno de lo imprevisible. Si la respetamos nos dará el lugar que nos corresponde. Si no, nuestra existencia y la de nuestros hijos quedarán libradas al azar.
El Presidente, regularmente, exige un cuadro de situación sobre el estado de cosas en esta parte de la Argentina y nos exige soluciones para los problemas más acuciantes.
No se trata de diagnósticos. Se trata de remediar los males, y los remedios deben ser viables y sustentables en el tiempo. No se puede seguir acumulando palabras. Hemos levantado apachetas, hemos construido catedrales de palabras, pero no se ha logrado una solución perdurable.
El problema más serio es que cuando se busca conciliar intereses que a veces aparecen encontrados, alguien debe ceder algo.
Eso se llama solidaridad y el primer paso para alcanzarla es participar, aportar ideas o "jugarse un poco" por el conjunto. Tucumán, una provincia tan hospitalaria, tiene un río cuyo nombre entraña una paradoja: "río Salí". Es como si a uno lo echaran de entrada. Pero, ¿a quién le estará diciendo el río que salga?
Seguramente no a los pueblos que viven en sus márgenes y se sustentan en su extensa cuenca, sino a los que están agrediendo, polucionando, modificando la composición del agua y la existencia de los ribereños.
Así que el nombre paradojal deviene en una advertencia oportuna. La naturaleza tiene un límite y transgredirlo es colocarse en el terreno de lo imprevisible. Si la respetamos nos dará el lugar que nos corresponde. Si no, nuestra existencia y la de nuestros hijos quedarán libradas al azar.









