31 Dic 2016 15
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Siempre disfruto conocer artistas nuevos y descubrir buenos cómics. Hay veces en las que compro cosas que son un insulto al papel en el que se las imprimió y sin dudas me siento estafado por apostar a ciegas. En este sentido, hay editoriales que tienen una media de calidad en lo que publican y no es muy arriesgado aventurarse con sus libros, una de éstas es Loco Rabia, responsable de libros como El color de la nieve, El dormilón o Reflejos. Hace un par de semanas llegó un título que prometía mucho, Hostil y Abyecto de Fernando Baldó.

Con un estilo limpio y muy definido, Baldó es un maestro a la hora de crear entornos urbanos y situaciones cotidianas. Es capaz de darle dinamismo y emoción hasta a unos personajes que se sientan a comer unos morcipanes o hacer interesante lo que les pasa a unos revisteros. Cuando tiene que dar el giro hacia lo violento, su estilo se potencia sin llegar en ningún momento a lo grotesco, incluso en momentos muy sangrientos. Es de esos dibujantes que con un buen guionista hace cómics que seguro van a funcionar muy bien.

Sin embargo, Hostil y abyecto supone un trabajo como artista integral. Su historia es algo que vimos antes: un fracasado, en este caso Joaquín, que tiene una excusa perfecta para desquitarse de los que hicieron que su vida sea un asco. A nivel dibujo creo que es una de sus mejores obras y podemos apreciar estos cambios de ritmo e intensidad narrativa a los que nos tiene acostumbrados. Además nos damos con planos difíciles y secuencias de mucha acción en las que se luce. El problema está en el guion, la historia de Joaquín, después de que descubre que es inmortal y se desata, es muy buena. Sin embargo, hay que diferenciar entre un buen guion y un buen argumento. Muchas de las motivaciones de Joaquín son demasiado básicas y prácticamente una excusa para esa seguidilla de situaciones violentas que tiene el cómic. Joaquín es un personaje muy bidimensional que actúa por inercia, sin pensar en otra cosa que lo inmediato. No hay un gran plan, ni algo que lo haga evolucionar. Simplemente, como dije algo, está para justificar esas situaciones. En realidad, estas explosiones son algo por lo que pasa un escritor cuando está en fase de crecimiento y descubre que el sistema en el que estamos inmersos está muy mal y es sumamente injusto. En los diálogos se hace aún más evidente, sobre todo en las explosiones que tiene Joaquín. Aquí se convierte en un alter ego de Baldó y descarga contra todo lo que le moleste sin ningún tipo de impunidad. Sin un giro fuerte, esto queda en nada más que el autor insultando con otra cara. Lamentablemente, el giro final es rebuscado, también visto y muy brusco. Es más, es tramposo. En ningún momento prepara o da indicios para ese giro, y esto no solamente hace ruido, sino que tira toda la historia por el balcón.

A pesar de sus imperfecciones y ese giro lamentable al final, Hostil y Abyecto es divertido y una delicia a nivel visual. No esperen uno de los mejores cómics del año, porque dista  de serlo, pero si quieren algo violento que los haga pasar un buen rato, este es su cómic. 

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