La música electrónica bombardea al país

En los encuentros hay reglas no escritas, en la que todo esta permitido, pero sin generar incidentes.

PRECURSORES DESDE LOS 70. La banda alemana “Kraftwerk”, que anticipó las ideas del ciberpunk, también tocó en el país hace 10 días.
PRECURSORES DESDE LOS 70. La banda alemana “Kraftwerk”, que anticipó las ideas del ciberpunk, también tocó en el país hace 10 días.
21 Noviembre 2004
En noviembre desembarcaron algunos de los más importantes músicos de la electrónica. Con bandas y dj's, todo se llenó de tecno, dance, pop y rock, con festivales que reunieron multitudes (el "Personal Fest", con 40.000, y la edición del "Creamfields" con 55.000). Después de tres años de sequía, los grupos internacionales volvieron al país, un fenómeno que se vincula a cierta estabilidad económica por un lado, y al creciente poder adquisitivo de un sector de la juventud, por el otro. Algunos hablan de una epidemia: una música que excita y que hace bailar sin limites, pero que también es una pasarela fashion que tiene múltiples atractivos.

Música y ritmo intensos con promesa de descontrol y alegría
El "Creamfields" y el "Personal Fest" terminaron por confirmar la popularidad de la música electrónica en el país. La suma de espectadores convocados por ambos festivales puso en evidencia que son los de mayor concentración de público luego del fútbol.
Bailar y divertirse era la oferta, envuelta en la promesa del descontrol y alegría asegurados.
En el "Creamfields BA" (que se hizo en un predio de 13 hectáreas el sábado pasado) se instalaron diversos escenarios al aire libre y diez grandes carpas, donde la gente podía bailar, comprar comidas, bebidas y hasta una extensa variedad de estimulantes. La fiesta, una versión similar a la que se realiza en Liverpool (Reino Unido) desde 1998, contó con la presencia en el escenario de "Deep Dish", un dúo iraní que vive en Nueva York, la banda británica "Groove Armada", y los DJ's Paul Oakenfold, Erick Morillo, Jeff Mills y Darren Emerson, entre otros. Los asistentes al festival vibraron sobre el final con la actuación de Hernán Cattáneo, el "discjockey" argentino de mayor reconocimiento internacional.
Previamente, habían tocado Leo García y el grupo "Catupecu Machu".

Vidriera de la farándula
A pesar de los elevados precios de las entradas ($ 150), los asistentes -munidos de celulares y "lookeados" para la ocasión- tuvieron que soportar colas de más de 20 cuadras para ingresar al lugar y soportar la escasez de bebidas pasadas las 3 de la mañana. La fiesta electrónica se extendió por 15 horas, hasta el amanecer del domingo, cuando todavía los jóvenes continuaban bailando bajo la lluvia.
Tanto el "Personal Fest" como el "Creamfields" fueron una pasarela fashion y una vidriera de la farándula,así como la exhibición de nuevos modelos de teléfonos celulares. Los infaltables de las noche fueron los mensajes de texto reproducidos en grandes pantallas; las bebidas energizantes, la cerveza y el agua mineral.

Los chicos sólo quieren divertirse

El descontrol. Esa podría ser la palabra para entender por qué tanto interés en los festivales, en los que, llamativamente, nunca se registran incidentes y tampoco se deja entrar a la policía (los pactos no escritos se respetan: "ustedes cuidan afuera, nosotros cuidamos adentro").
"¿Vos ves a algún policía aquí? Y si hay algún 'federico' va a mirar para otro lado. ¿Por qué no voy a prender el porro?", le contestó hace dos semanas a LA GACETA, un asombrado Román mientras descansaba entre tema y tema de los "Pet Shop Boys". Verónica y Pía, sudadas totalmente, bailaban entre ellas a pocos metros del escenario. Cuando se les preguntó si tomaron pastillas, respondieron juntas desafiantes: "obvio, ¿y qué?".
En las fiestas todo está permitido y nadie se fija en lo que está haciendo el que está al lado. No todos consumen, y también la pasan bomba; muchos no necesitan de ninguna ayuda para divertirse, eso está claro. Estar "happy, very happy" tiene su precio: hay que aguantar por horas el ritmo, pero además pagar el costo (trátese de energizantes o pastillas, o lo que sea). Nadie puede ir a estas fiestas con menos de $ 300.
El periodista Pablo Schanton consultado por la revista "T X T" describió que "Creamfields" es la importación de un negocio que nació en Inglaterra a cargo de unos productores de la industria dance. Termina siendo un parque de diversiones "esponsoreado", con Dj y algo de rock no barrial, pensado por empresarios para adolescentes de clase media-alta (y otros que aspiran a ella), donde cualquier acto de clandestinidad es tan permisivo que resulta inocuo".

El bajo, la guitarra y la batería, ausentes

Para hacerla simple, nada mejor que repetir la definición de Eduardo "Vampiro" Vardiero: la música electrónica es aquella que prescinde de la forma tradicional de la canción, y de la utilización de instrumentos tradicionales.
A pesar de que se la vincula generalmente a la potencia de grandes equipos que provocan alto volumen, "hay electrónica para bailar y para escuchar; el volumen no tiene nada que ver", afirma el "Vampiro" que tiene su propio estudio de grabación y es un experto en informática.
La música electrónica permite la elaboración y reproducción de sonidos con todas las cantidades posibles de frecuencias, así como todas las variaciones y transformaciones de timbre que se pueden obtener por superposición y variaciones de intensidad de los armónicos. También el ritmo es susceptible, en la nueva técnica, de sufrir transformaciones imposibles de lograr con la imperfección de los instrumentos y del organismo humano.

En la composición
Más allá del sonido, los estudiosos señalan que la creatividad musical del compositor ha dado un salto impresionante: hoy, el autor puede componer sin la mediación de partituras, conocimientos de solfeo y demás; puede interpretar todos los instrumentos que aparecen en su trabajo y diseñarlos a su antojo, con lo cual no se limita a crear notas, sino también sonidos. Incluso puede generar e interpretar en el teclado voces, coros, lluvias, ventiscas y hasta cantos de aves.

A Tucumán llegó tarde
y se quedó

La electrónica llegó tarde a Tucumán, pero para quedarse. "Nocturno" (ahora clausurado por la justicia) fue, sin dudas el boliche que lo instaló en la escena local. Luego lo adoptó "Tjanaima" y más recientemente "La Boite". De todos modos, desde hace tres años había fiestas organizadas por "Punto Negro" en diferentes locales y domicilios privados en los que esta música ya se bailaba y se escuchaba. Incluso, en el Palacio de los Deportes se hicieron un par de fiestas mini-rave, al igual que en el Complejo Sarmiento, que además ofrecían performances, espectáculos de "body-art", "painting-art", tatoo y hasta virtuales "streep tease".
En otro boliche ubicado en avenida Perón (Yerba Buena) se intentó el año pasado hacer una versión del "Creamfields", pero los tucumanos llegaron tarde y no se cumplió con la mínima de 13 horas de baile.

Ibiza es como el Woodstock de la electronica

Desde que surgieron las multitudinarias fiestas electrónicas, en la paradisíaca isla de Ibiza (verano de 1987), siempre se las vinculó con el consumo de drogas, en particular, el éxtasis. Fue allí donde se detectó por primera vez la existencia de estas pastillas, que ahora la moda parece imponer y que inquieta a la policía y la justicia en Tucumán. Estas pastillas provocan una excitación sin control, que posibilita una fiesta continuada. Ibiza es a la electrónica, lo que Woodstock fue al rock.

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