La vía correcta hacia la erradicación del fuego

El fuego en la producción azucarera es mala palabra; en la actualidad, incluso, su utilización está penada por la ley. Sin embargo, en cuanto arranca la zafra se siguen viendo quemazones en los campos tucumanos; realizadas, por lo general, de manera desaprensiva, sin tener en cuenta los daños que produce. Preocupa, sobre todo, porque el sector cañero se capacita de manera permanente para evitar que sus cañaverales sean afectados por el fuego, antes o después de la cosecha.

Por suerte esta práctica va disminuyendo año tras año, a partir del trabajo de concientización que se realiza desde diversos sectores de la sociedad.

Igualmente la quema sigue existiendo y genera, junto al hollín que liberan algunos ingenios, serios inconvenientes en la población, porque aumenta la polución ambiental.

El jueves y ayer LA GACETA trató este tema, y mostró que si bien aún existe este problema, a lo largo del tiempo va disminuyendo.

Las quemas van desapareciendo a raíz que más del 80% de la superficie con caña de azúcar en la provincia se cosecha en forma mecánica, por medio de máquinas integrales, sin que se queme la caña antes de la operación. La práctica se conoce como “cosecha en verde”, y su implementación conduce a un sistema de manejo del cañaveral más sustentable y amigable con el ambiente y con las poblaciones vecinas a los campos productivos. La quema intencional sigue siendo, sin embargo, el gran enemigo de esta alternativa de manejo sustentable que se desea incorporar.

La breve historia dice que tanto el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) como la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) trabajan denodadamente desde hace más de siete años para solucionar esta práctica, que termina perjudicando al productor y a toda la sociedad. A estas dos entidades se adhirieron otras instituciones, empresas cañeras e industriales para conformar la Mesa de Gestión Ambiental de Cruz Alta. El objetivo de este espacio es diseñar y ejecutar estrategias para la erradicación gradual de la quema de caña. La norma Local g.a.p. y el plan de educación son algunos de sus productos más exitosos.

La actividad azucarera es uno de los motores de la economía tucumana, al punto que la provincia es, desde hace más de 150 años, sinónimo de azúcar.

Se dice que ante cada zafra, durante varios meses se modifica el paisaje tucumano: los caminos se pueblan de rastras cañeras, los ingenios trabajan a pleno y el cielo se va poblando de cenizas desde mediados de junio hasta fines de la molienda producto de la quema de cañaverales y de pastizales -que va disminuyendo- y de actividad industrial.

Lo importante es que el sector se puso a trabajar y a gestionar herramientas para que comience a dejar de usarse uno de los generadores de contaminación ambiental -la quema de cañaverales- y para que se cree consciencia acerca de la no utilización del fuego, no solo en el aparato productivo azucarero, sino también en toda la sociedad.

La certificación de las Normas de Buenas Prácticas Agrícolas -las Local g.a.p. “Tucumán Caña de Azúcar Sin Uso del Fuego”- es hoy la herramienta mediante la cual las empresas garantizan que el proceso de cosecha y de manejo de residuos en sus campos se efectúa sin fuego.

Con su entrada en vigencia, Tucumán se convirtió en el primer lugar del mundo que posee un protocolo internacional de gestión ambiental en este cultivo. El acceso a la certificación permite incorporar Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) en los campos para reducir potenciales quemas accidentales o ajenas en las explotaciones cañeras; lograr una prueba sustancial para evitar la responsabilidad en las multas que impone la Dirección de Fiscalización Ambiental ante el incumplimiento de la Ley Nº 6.253 que prohíbe la quema de vegetación en la provincia, y mejorar la imagen del sector ante la condena social, que lo ubica como único responsable de la problemática.

Los números de la disminución de las quemas son elocuentes,: en 2017, la provincia alcanzó las 15.000 hectáreas certificadas con Local g.a.p. y actualmente superan las 42.000 hectáreas.

La reducción de la quema se logró debido al trabajo de concientización y de sensibilización realizado por la Mesa de Gestión Ambiental y por la Secretaría de Medio Ambiente, sumado al esfuerzo de los productores que aplicaron prácticas innovadoras y medidas preventivas en sus campos.

Igualmente el desafío es continuar en esa línea; que la concientización y la educación sigan siendo la base de sustentación, no solo del sector productivo, sino de toda la sociedad, para lograr reducir a su mínima expresión la quema de cañaverales y del rastrojo poscosecha que queda en el campo.

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