
En la quietud de una fría noche de invierno en Tafí del Valle, hay algo que llama la atención. Aunque las calles están desoladas, hay un poco de ruido. Y empezás a ver luces de colores. Todo eso viene de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen: es que la fiesta ya está por comenzar. Como cada 16 de julio, Tafí del Valle se tiñe de amarillo y blanco para celebrar con gran alegría a la Virgen del Carmen, patrona de la villa. Y este año no fue la excepción.
Las actividades empezaron pasadas las 20 del viernes. Para esa hora, ya habían arribado a la iglesia más de 25 misachicos de diferentes partes de los Valles Calchaquies. En la parroquia ya esperaban decenas de fieles de todas las edades, en compañía del párroco Rafael Navarro y del Arzobispo de Tucumán, Carlos Sánchez.
Con el pasar de los minutos, más personas se fueron acercando al predio; en la parte de atrás, había dispuesto un escenario y una gran carpa para recibir a los creyentes y resguardarlos del frío. En la espera, jóvenes de la comunidad presentaron bailes típicos y también hubo conjuntos musicales.
Una fiesta
Pocos minutos antes de la medianoche, partió una gran caravana para buscar la figura de la patrona, que esperaba en una camioneta en el Hospital de la villa. Con los parlantes y con las primeras canciones religiosas, el silencio de la noche finalmente se cortó. “¡Ya son las 12, que viva la Virgen del Carmen!”, expresó a los gritos el padre Rafael, mientras cientos de fieles, ya congregados en ese centro de salud, festejaban con pañuelos y bocinazos a la venerada.
Al mismo tiempo, decenas de jóvenes esperaban el retorno de la imagen a la parroquia. Y exactamente a las 0, empezaron a caer sobre las lajas de la entrada de la iglesia los primeros copos de nieve. “Es la Virgen, que nos está bendiciendo”, dijeron los presentes. La espera, entre el frío y la nieve, valió la pena: al retornar la caravana, los sacerdotes dirigieron una oración comunitaria y los cristianos, de distintas partes, pudieron darle las gracias a la Patrona.
Las actividades continuaron durante el día. Era la primera vez en dos años que los fieles pudieron volver a celebrar con bombos y platillos a la Virgen del Carmen en forma presencial. Nadie quiso perdérselo: cientos de personas se acercaron a la parroquia para la celebración de la Santa Misa, presidida por el Arzobispo. La carpa, que la noche anterior parecía grande, a las 10 ya estaba completa y los asistentes tuvieron que agruparse en los alrededores de la iglesia para poder escuchar la misa. Al momento de la eucaristía, los sacerdotes tuvieron que hacer zig-zag entre la gente para poder dar el sacramento a los fieles.
Y, más tarde, todavía se sumaron más personas. A medida que la misa iba terminando, afuera de la parroquia llegaban otras decenas de católicos para esperar el momento culmine: la procesión. Pasadas las 12 salieron en fila cada una de las imágenes de los misachicos: San José, San Cayetano, la Virgen del Valle, San Roque y San Ramón, entre otros, estuvieron para custodiar a la homeneajeada, que abandonó su templo para recorrer nuevamente la ciudad.
La procesión comenzó por la calle principal y se extendió por distintos puntos de la ciudad. Allí, cientos de turistas se pararon a saludar, a agradecer y a pedir protección a la Virgen. A su retorno, todos los presentes cerraron la velada con un broche de oro: un almuerzo comunitario, para el que se prepararon seis ollas de locro.












