El federalismo es sólo para los discursos

El federalismo es sólo para los discursos

Los gobernadores se subieron al colectivo de la queja histórica por falta de medidas desde la Casa Rosada para romper con las asimetrías que dividen a la Argentina en dos. El federalismo sólo es una expresión en los discursos presidenciales, con una escala en las promesas electorales. El paro definido por la central de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) fue la gota que rebasó el vaso. Los subsidios se quedan en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), mientras que el interior profundo debe seguir pagando más de la cuenta para gozar de servicios mínimos, básicos, porque de los otros prácticamente no existen. El transporte y la energía son una clara muestra de las distorsiones difíciles de vencer. Ni hablar de la distribución de la coparticipación federal de impuestos, tan desigual como la administración de los servicios esenciales del Estado que, en gran medida, está en manos de las provincias.

Desde antes de llegar a ser presidenta, cuando fue convencional constituyente en 1994, Cristina Fernández de Kirchner había planteado la necesidad de propiciar un federalismo serio. “Es inaceptable que el centro sea la ciudad puerto y que el resto se empobrezca o tenga que vivir de las migajas que les dejan”, dijo tiempo después, en 2009, siendo ya la mandataria nacional.

Mauricio Macri también apeló al discurso federalista para llevar agua para su molino amarillo. “El desarrollo del país es el desarrollo de cada economía regional. Nosotros no queremos más un país centralista, queremos un país verdaderamente federal”, afirmó el ex Presidente “En mis años como Presidente las provincias recuperaron la autonomía del gobierno central y muchas de ellas alcanzaron el equilibrio”, señaló en 2009.

Alberto Fernández cabalgó sobre el mismo mensaje que sus antecesores y remarcó que el federalismo no es para su Gobierno un discurso, sino “convocar al desarrollo integral de la Argentina”. “Sabemos que hay asimetrías. Está claro que en el centro del país está la riqueza del campo que permite exportar todo lo que exportamos y producir todo lo que producimos, pero en el resto del país hay otras riquezas que debemos darle el pulso necesario para que de cada provincia y lugar se haga un lugar fuerte de la Argentina, eso es el federalismo, pensar la Argentina entera”, añadió.

La grieta por los dos países cada vez es más profunda. Horacio Rodríguez Larreta, ha dado cuenta de esto en una de sus últimas declaraciones, atajándose de los embates de los gobernadores peronistas. “Tenemos un gran desafío de volver a construir un país federal. Argentina nunca ha sido tan unitaria como es ahora. Y eso es responsabilidad de un santacruceño que fue el que se llevó todos los fondos a nivel nacional a principios de los 2000 y eso no se revirtió. Tenemos que tener un país federal donde cada provincia pueda ser artífice de su destino, decidir sus obras y prioridades”, expresó en medio de la disputa por el reparto de la coparticipación y por los subsidios que el AMBA recibe de la Nación para los servicios del transporte y de energía.

La airada reacción de los gobernadores justicialistas está relacionada con la dispar distribución de las compensaciones. Un 85% de las ayudas quedan en el AMBA, mientras que el resto se reparte entre 22 provincias que, a su vez, tienen tarifas y boletos mucho más caros. Son malas noticias para Alberto Fernández, en medio de una puja interna con su compañera de fórmula. El 27 de este mes, Tucumán puede ser el centro del reclamo que ya había sido expuesto en otras cumbres del Norte Grande. El planteo rompió las fronteras regionales. El cordobés Juan Schiaretti, el santafesino Omar Perotti; el sanjuanino Sergio Uñac y el chubutense Mariano Arcioni han expresado su descontento, a través de las redes sociales, con la forma de hacer federalismo. Ellos se unieron a la queja formulada por el tucumano Osvaldo Jaldo, el riojano Ricardo Quintela y el salteño Gustavo Sáenz.

“No somos los culpables de estas asimetrías”, señalan casi al unísono. Con plata en la mano, los gobernadores no pudieron destrabar el paro del transporte en el interior. La decisión, una vez más, está en Buenos Aires. La centralidad domina el escenario político e institucional. El pase de factura de los mandatarios provinciales es una nueva señal para la Casa Rosada. Tirar demasiado del mantel en estos momentos tormentosos no es la mejor estrategia. Los gobernadores siguen rezando para que Dios no solo atienda en Buenos Aires, sino en todo el territorio nacional.

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