La bandera ucraniana encuentra un límite (polémico) en Berlín

Las autoridades alemanas prohibieron la exhibición del pabellón de los países en guerra durante la conmemoración de la victoria en la Segunda Guerra Mundial

BERLÍN. El presidente de Francia y el canciller alemán, frente a la Puerta de Brandenburgo, iluminada con los colores de la bandera de Ucrania. BERLÍN. El presidente de Francia y el canciller alemán, frente a la Puerta de Brandenburgo, iluminada con los colores de la bandera de Ucrania. REUTERS

La confiscación de una enseña de Ucrania caldeó los ánimos en Kiev. “No pueden tratar a nuestros símbolos del mismo modo que a los rusos”, protestó el canciller ucraniano.

Una precaución organizativa de la conmemoración berlinesa del Día de la Victoria desató una controversia referida a la libertad de expresión; al discurso de odio; al nacionalismo; a la Segunda Guerra Mundial; al nazismo y a la guerra en Ucrania.

Todo empezó cuando las autoridades de Berlín decidieron que, debido a la sensibilidad del momento y a las connotaciones de la fecha -marca el triunfo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1945-, era prudente prohibir la exhibición de símbolos patrios de rusos y de ucranianos durante el 8 y el 9 de mayo pasados. Mientras estaba vigente la veda, la Policía de la capital alemana confiscó una bandera de Ucrania. La noticia se viralizó por las redes sociales, y provocó un roce entre el Gobierno de Volodimir Zelenski y uno de sus aliados europeos. En Twitter, el canciller ucraniano Dmytro Kuleba fue tajante: “no pueden tratar a nuestros símbolos del mismo modo que a los rusos”.

La Jefatura de Policía de Berlín consideró que no cabían las distinciones al momento de preservar el Día de la Victoria, efeméride principal en Rusia y de gran relevancia en Europa del Este, región que en el mapa de la posguerra empezaba precisamente en el Muro que separaba la zona oriental de la capital alemana. En esas áreas urbanas que hasta 1989 pertenecieron a la URSS hay múltiples estatuas e hitos evocativos de la derrota de las fuerzas de Adolf Hitler. La jefa de la Policía, Barbara Slowik, justificó la veda temporaria en la “situación de riesgo muy delicada” existente por el clima de beligerancia que creó la invasión rusa, según informó el sitio alemán RND. La supresión de los signos pretendía evitar que los actos conmemorativos fueran “instrumentalizados” o hirieran sensibilidades que se traduzcan en provocaciones y escaladas de violencias entre simpatizantes.

La memoria histórica de la Segunda Guerra Mundial ha dado pie en Alemania a una política muy severa de respeto a las víctimas y de prevención de fenómenos totalitarios. Allí está prohibida de manera permanente la exhibición de la simbología del nazismo con la esvástica a la cabeza, y existe desde 1950 un programa de vigilancia doméstico dirigido a identificar actividades de grupos extremistas consideradas inconstitucionales o amenazadoras para el orden democrático. El listado de expresiones restringidas y permitidas es fuente de grandes debates internos, y de posiciones encontradas. Antes de que Slowik ordenara la exclusión de los estandartes rusos y ucranianos del Día de la Victoria, en Baviera y Baja Sajonia habían dispuesto una penalización para quienes portaran la letra “Z”, emblema de identificación y de apoyo de las tropas rusas al mando del autócrata Vladimir Putin.

“Punto de inflexión”

“Todo el mundo puede expresar su opinión en Alemania, pero la libertad de expresión termina donde empieza el Código Penal”, había advertido al comienzo de la conflagración el ministro del Interior de Baja Sajonia, Boris Pistorius, de acuerdo con la agencia DW.

El Código Penal castiga con hasta tres años de prisión y una multa a quien manifieste su aprobación a las guerras de agresión susceptibles de alterar el orden público.

Las posibilidades de hacer cumplir de manera leal y universal las vedas a los llamados mensajes de odio chocan contra una realidad inaprensible. Las dificultades aparecieron en Berlín, cuando la oposición a la intendenta Franziska Giffey advirtió que, pese a la prohibición policial, los pabellones rusos flameaban en la ciudad. El político local Stefan Evers manifestó que la capital alemana se había prestado para una demostración de nacionalismo del agresor a Ucrania. “¡Es bochornoso!”, opinó. Luego Giffey precisó que la restricción sólo regía en los sitios conmemorativos del Día de la Victoria, no en la vía pública en general.

El revuelo tocante a las banderas se agrega a la serie de reproches que recibió Alemania desde el comienzo de la crisis ucraniana. Como consecuencia de su dependencia enorme de los hidrocarburos baratos de Putin, esta es una de las naciones más afectadas por los efectos económicos colaterales de la invasión y la que aún no puede darse el lujo de desairar por completo al Kremlin.

El presidente Zelenski además sostiene que la ex canciller Ángela Merkel y el ex presidente francés Nicolás Sarkozy subestimaron el poder destructivo de Putin, y fueron condescendientes con él al oponerse al ingreso de Ucrania a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en 2008.

Desde hace unas semanas, el Gobierno del canciller Olaf Scholz intenta aliviar las presiones de Kiev mediante el envío de armas pesadas y el establecimiento de programas de cooperación. En esa línea de acercamiento, la ministra de Relaciones Exteriores, Annalena Baerbock, se convirtió ayer en la primera alta funcionaria alemana que visita la capital ucraniana. “Mi país está trabajando para poner fin de un modo definitivo a las importaciones de energía de Rusia”, expresó Baerbock, según la agencia Reuters. “Es un punto de inflexión histórico. Quiero agradecer a Alemania por haber cambiado de opinión en diferentes temas cruciales desde el comienzo de la guerra”, dijo Kuleba acerca de la visita. También es un giro significativo para el propio canciller, quien el día anterior y a propósito de la polémica de las banderas había dicho que Berlín se equivocó al prohibir el estandarte ucraniano que hoy representa la unión de las naciones democráticas.

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