Criticó a Putin, perdió su banco y se ocultó para sobrevivir

La guerra destruyó la fortuna de Oleg Tinkov y este emprendedor de las finanzas digitales se despachó contra la política militar del Kremlin. Después de desprenderse de sus acciones por “centavos”, dijo que se sentía amenazado por los servicios secretos rusos y se escondió

El aislamiento financiero de Rusia golpeó en la sien a Tinkoff, el banco digital fundado por el multimillonario Oleg Tinkov. En cuestión de días, la compañía perdió el 90% de su valor.

Fue el comienzo de la caída del otrora multimillonario, quien luego resolvió tomar distancia pública del autócrata Vladimir Putin y cuestionar la guerra en Ucrania.

Tras estas manifestaciones en sus redes sociales, Tinkov vendió por “centavos” su paquete accionario en Tinkoff, según expresó, y optó por ocultarse ante el temor de que los servicios secretos le quitaran la vida.

En las entrevistas que brindó desde su escondite, el ex banquero ratificó que su suerte estaba echada. “No creo en el futuro de Rusia con Putin. Me he dado cuenta de que Rusia, como país, ya no existe”, expresó a “The New York Times”.

“Yo pensaba que el régimen de Putin era malo pero, por supuesto, no tenía ni idea de que iba a crecer a una escala tan catastrófica”, agregó.

Los cuestionamientos directos convirtieron a Tinkov en el empresario más crítico del autócrata que gobierna su país desde hace dos décadas.

El fundador de Tinkoff manifestó que sus colegas del sector privado estaban de acuerdo con su visión, pero callaban para salvar sus patrimonios y para no verse obligados a refugiarse, como le había ocurrido a él.

“The New York Times” calculó que la fortuna de este ex fabricante de cervezas ascendía en noviembre a 9.000 millones de dólares.

Una semana después de que las tropas rusas comenzaran a bombardear Ucrania, Forbes consideró que los bienes del emprendedor habían quedado reducidos a 800 millones de dólares.

El perjuicio económico total es difícil de precisar porque Tinkov se negó a revelar el precio que recibió del magnate Vladimir Potanin por su participación en Tinkoff: sólo informó que correspondía al 3% del valor de mercado.

“Me obligaron a vender mi parte -35% de las acciones- por mis declaraciones. Lo hice por ‘kopeks’ (centavos)”, refirió a la prensa. Considerado el empresario más acaudalado de Rusia -el índice de Bloomberg le asigna U$S 31.600-, Potanin está aprovechando los remates que propició la guerra: en los últimos dos meses, su grupo Interros adquirió al menos tres firmas ligadas al sector financiero.

En el comunicado oficial de la operación, Tinkov agradeció a Potanin.

“Estoy orgulloso de que, junto con mi equipo, haya logrado construir el mejor banco del país completamente desde cero. Todos en la industria estarían de acuerdo en que Tinkoff es ahora uno de los mejores bancos digitales del mundo. Por lo tanto, es el momento perfecto para jubilarme, y dedicar más tiempo a cuidar mi salud y mi amada familia”, expresó el fundador.

Presiones

A los periodistas con los que conversó, el empresario crítico de Putin comentó que, después de que se despachara en Instagram con una diatriba contra la destrucción de los ucranianos, el Kremlin hizo saber a los ejecutivos de Tinkoff que la corporación debía cambiar de nombre y desprenderse de su creador si no quería enfrentar una estatización.

El banco digital guardó silencio respecto de las presiones denunciadas por Tinkov, aunque sí comunicó que iba a adoptar una nueva denominación.

En las redes, Tinkov había calificado la invasión como una “locura” sin beneficiarios y hasta se había burlado del Ejército ruso.

“Gente inocente y soldados están muriendo. Cuando los generales se despertaron de una resaca se dieron cuenta de que tenían un ejército de mierda. ¿Por qué tendríamos un buen ejército si todo lo demás en el país es disfuncional, y está sumido en el nepotismo, el servilismo y la sumisión?”, había interrogado. Y habían añadido: “los funcionarios están sorprendidos de que no sólo ellos, sino también sus hijos, ya no pueden ir de vacaciones al Mediterráneo en el verano”.

Esta publicación del 19 de abril tuvo una repercusión inmensa. El Kremlin restringió al máximo las libertades de prensa y de expresión desde que abrió fuego contra Kiev, y estableció castigos muy severos de multa y de prisión para quienes se apartaran de la narrativa oficial sobre “la operación especial en Ucrania”, y cuestionaran a las fuerzas armadas.

Tinkov padece las secuelas de una leucemia, enfermedad que lo llevó a vivir fuera de Rusia desde 2019. El año pasado trascendió por una investigación de evasión tributaria en los Estados Unidos por la que tuvo que desembolsar más de U$S 500 millones. En marzo, Reino Unido incluyó a Tinkov en la lista de integrantes de la élite rusa sancionados como represalia por la guerra en Ucrania.

El fundador de Tinkoff sostiene que, en Rusia, impera un clima de paranoia asfixiante y que siente que su vida está en peligro, como lo están las vidas de todos los disidentes y opositores a Putin, y que, por ello, decidió colocarse fuera del radar del Kremlin.

Todo, menos el alma

Hace seis días, Tinkov volvió a Instagram para despedirse de su proyecto empresarial y de sus compatriotas, y reafirmar que consideraba inadmisible hacer dinero a costa de callar el repudio a la matanza de rusos y de ucranianos.

“Adiós Tinkoff Bank, adiós Rusia. No me queda nada en mi país. Y esto es malo para Rusia. Fui uno de los pocos que logró prosperar a pesar del régimen y no gracias a él (...). Estaba orgulloso de que en una Rusia corrupta y arcaica se pudiera construir un tipo de negocio honesto y libre. (...) Pero el deseo de castigarme por mi opinión habla de la deshumanización final del régimen”, afirmó.

El emprendedor rebelde añadió: “perdí todo, pero no he perdido mi alma”.

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