La evolución del sexo: un presente de placer y tecnología

La evolución del sexo: un presente de placer y tecnología

La evolución del sexo: un presente de placer y tecnología

Mientras nuestro foco de atención estaba en las apps de citas, en su influencia y en las modificaciones en los vínculos afectivos, algo el triple de grande se gestaba a la par. Es que 2021 ha sido el año del sextech, con un nivel de adelanto jamás visto en décadas. El término alude a la unión entre tecnología y sexualidad y vino a demostrar que la innovación puede pasar por cualquier industria.

En una telaraña de causas y efectos derivados de las diferentes medidas sanitarias adoptadas, las relaciones a distancia y el cortejo online han tenido un peso ineludible. “Antes mucha gente consideraba que los sex toys u objetos afines eran sólo para parejas a las que les faltaba algo en la relación, tenían problemas íntimos o no disfrutaban del sexo. Algo similar a un placebo destinado a solteros/as y a quienes fracasan en el amor”, analiza la terapeuta Maira Lencina.

Dicha impresión mutó a causa de la covid-19. “La pandemia creó nuevas necesidades y una metamorfosis de costumbres. El resultado fue que para millones de personas los juguetes sexuales, dating apps o productos eróticos pasaron a representar recursos colaborativos para la preservación de un lazo o el confort individual”, prosigue.

Como antecedente, un hito importante ocurrió en 2020 cuando la Feria Electrónica de Consumo (CES) de Las Vegas -catalogado entre los eventos tecno mejor posicionados del mundo- permitió que los dispositivos sexuales participen en las exposiciones (y además, dentro de la categoría de Salud y Bienestar).

A partir de ahí, la apuesta por la visibilización no paró de crecer, llegando hoy a contemplar un 4% del total de productos exhibidos. “Aun cuando parezca una curiosidad menor, hechos así reflejan la revolución silenciosa que se viene gestando desde hace rato y trae de protagonistas a la salud sexual-reproductiva y a la reivindicación del placer”, reflexiona la sexóloga Irina Lavalle.

En este contexto -quizás- el mayor avance en sextech sea lo que muchos profesionales decidieron llamar big data sexual. La idea empezó a cocinarse hace poco en el ámbito de la Academia y promete un mañana en el cual cualquier escena hot de ciencia ficción parece viable.

Para resumir, el concepto implica la recopilación digital de nuestros datos y consumos sobre temas referidos a la sexualidad: los programas empleados para conquistar, los seguimientos en las redes sociales, el historial de videos XXX, noticias, consultas a Google y hasta las compras de comercio electrónico.

“El objetivo es crear preferencias perfectas y consejos 100 % asertivos que permitan a los usuarios potenciarse en la cama sin pruritos. Además de resolver sus conflictos o expandir las prácticas íntimas. No es algo simple, sino controversial porque se bosqueja que exista una entidad abstracta (pero en esencia corporativa y con beneficios comerciales) que funcione a modo de especialista”, señala el Técnico en Informática y Marketing web Andrés Zahara.

Chiches varios

Aunque huyamos a los testeos en carne propia, igual seguro vamos a quedar al menos impactados por las recientes invenciones. Por ejemplo, con los dildos sónicos o aquellos que emplean ondas de aire para estimular el cuerpo y los nanovibradores (pequeños chips adheribles a las yemas de los dedos para armar una especie de guante robot muy sensible).

Otra tendencia que demostró cómo el sexo fluctúa junto a las problemáticas globales actuales fueron los juguetes a control remoto. Dispositivos que, mediante una aplicación para celular, pueden programarse y funcionar aunque estemos separados por un continente. Con ellos, la consigna del sexting escaló al siguiente nivel y hasta generó videos virales en Tik Tok mostrando sus propiedades.

Recién salidas del horno, el catálogo de gadgets sexuales se completa con vibradores capaces de medir la intensidad de nuestros orgasmos y elaborar estadísticas sobre las instancias que nos producen mayor gozo, las circunstancias idóneas para el clímax y los amantes menos compatibles. Lo mismo va para los i-anillos que se colocan junto al preservativo y recopilan referencias sobre la cantidad de penetraciones y el ritmo mantenido.

“Por la presión del rendimiento y diversos estereotipos, la ansiedad y el estrés han ingresado al ámbito sexual como nunca. Es cierto que tanta tecnología puede obnubilar, deshumanizar el coito o desconectarnos del contacto físico (otro gran debate para el cierre anual), pero la información hiperpersonalizada no deja de ser poder”, interpreta el terapeuta de parejas Gabriel Callejas.  

Para proseguir con la inventiva, existen empresas que sacaron réplicas 3D de genitales a medida y hasta hay almohadas pensadas para reproducir el latido del corazón de nuestro/a enamorado/a. ¿Seguimos? En el frenesí del universo multipantalla aparecen sex toys conectados a reproductores o a la TV para crear rutinas de vibraciones acompasadas por música. P.D: el delirio de llegar a la petit mort con cantos gregorianos o riñas de gallos de fondo.  

Futurismo y vanguardia

En el paraguas del entretenimiento para adultos (con las fichas puestas en las experiencias bajo demanda o streaming) los profesionales advierten que los límites entre el sexo real y virtual resultan cada día más engorrosos.

Sobre lo que nos depara el 2022 hay informes como “El futuro del sexo: predicciones detalladas sobre el impacto de la tecnología en la sexualidad humana” (actualizado este año por sexólogos y divulgadores científicos de varios países) que auguran a partir de enero y hasta el 2045 un proceso de metamorfosis completo.

El monstruo de la digitalización sexual no incluye panaceas que no tengan anclaje en el presente. Al menos, en Estados Unidos, España, Holanda y Reino Unido. Con una fuerte carga de gamificación, el sexo en realidad aumentada y los videojuegos porno interactivos son las alternativas lúdicas y de autoplacer más populares.

Mucho más

Vaticinan que reinarán los videos 360° y los programas en que hasta customizaremos nuestros avatares, la historia previa al encuentro erótico y los escenarios. “Pensemos en tener sexo simulado en la plaza Urquiza, la oficina o con un famoso mientras estamos en el baño o recostados en la cama con el aire. Eso nos ofrece la sextech y se hermana en plena sincronía con el metaverso que tanto pronostica Meta Platforms (ex Facebook)”, aporta Lavalle.

Otro de los anticipos del informe (ya comprobado con la oferta del mercado) será el incremento de las muñecas sexuales hiperrealistas; con un pasito extra hacia los androides y ginoides embebidos en Inteligencia Artificial (foto).

En Argentina, una nota publicada en LA GACETA el 28 de noviembre (“Muñecas sexuales: conocé todo sobre ellas”) detalla el auge de ventas durante la pandemia y sus cualidades programables (increíble resulta que estas puedan simular la temperatura corporal, gemir, mostrar humedad y conversar).  

“El desafío permanece instaurado y el 2021 fue un periodo bisagra en esta evolución, al punto de cotejarse en los medios el término de digisexualidad. Los debates bioéticos quedarán para más adelante, pero el mensaje esencial es que la sexualidad nos es innata. Y si nosotros transitamos por internet y por la esfera digital, no queda otra que acomodarse, innovar y ofrecer un goce integral”, resalta Lencina.

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