Marco Avellaneda y ocho pasos hacia un destino fatal - LA GACETA Tucumán

Marco Avellaneda y ocho pasos hacia un destino fatal

Su estrella brilló y se apagó a toda velocidad, al cabo de una vida breve, intensa y gestora de un poderoso legado.

17 Oct 2021
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LA IMAGEN CLÁSICA. Es un óleo de Aniceto Valdez.

1- Desde Catamarca a tierras tucumanas

Juan Nicolás de Avellaneda y Tula y Salomé González vivían en Catamarca cuando su hijo Marco llegó al mundo, el 18 de junio de 1813. Don Juan Nicolás era una figura prominente de la vida catamarqueña, provincia de la que fue gobernador entre 1821 y 1822. Los vaivenes políticos lo obligaron a refugiarse en Tucumán junto a su familia. Marco era su único hijo.

2- Ideas unitarias y amigos para siempre

Educado en Buenos Aires, el joven Marco cursó en el Colegio de Ciencias Morales y luego pasó a la Facultad de Derecho, de la que egresó como Doctor en Jurisprudencia en 1834. Durante esos años se fue impregnando de los conceptos esenciales que conformaban el ideario unitario y se hizo amigo de figuras claves de la llamada Generación del 37, grupo de pensadores liberales en el que revistaban Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez y Vicente Fidel López.

3- Haciendo pie en la provincia federal

Pero pronto debió regresar a Tucumán, donde gobernaba el caudillo federal Alejandro Heredia. No comulgaban en las ideas, lo que no impidió que entablaran una buena relación, mientras el joven Marco desarrollaba una veloz carrera política que incluyó la presidencia del Tribunal de Justicia. Avellaneda encabezaba la Legislatura cuando Heredia fue asesinado el 12 de noviembre de 1838. Es un momento tumultuoso en la historia tucumana, en el que la facción unitaria aprovecha para hacerse del poder y desafiar a Juan Manuel de Rosas, el poderoso líder de la Confederación.

EL VERDUGO. Manuel Oribe, el jefe rosista.

4- Esposo y padre en un puñado de años

Antes de estos episodios Marco se había casado con Dolores Silva, hija del ex gobernador de Tucumán José Manuel Silva y de Tomasa Zavaleta. La boda se celebró en la antigua Catedral el 3 de enero de 1836 y los hijos llegaron en una vertiginosa sucesión, al ritmo de uno por año: Nicolás (el futuro Presidente de la Nación), Marco Aurelio, Manuel Ignacio, Eudoro e Isabel. La familia completa, incluyendo a los abuelos de los niños, don Juan Nicolás y doña Salomé, se exilió en Tupiza (Bolivia) tras la muerte de Marco.

5- “La calma de los enamorados”

Esa placidez con la que pasaba sus días el Marco Avellaneda veinteañero, jovencísimo padre de familia, precedía a la inminente tormenta. Así se lo confesaba a Alberdi en una carta: “la calma de los tucumanos es como la calma de los enamorados: pereza en el cuerpo pero al mismo tiempo una sensibilidad exquisita y mucha actividad en el espíritu. La facultad de padecer tiene energía aún durante el sueño”.

6- Un líder para el desafío a Rosas

Tres unitarios se suceden en la gobernación de Tucumán tras el asesinato de Heredia: Bernabé Piedrabuena, Pedro Garmendia y Gregorio Aráoz de La Madrid. Marco Avellaneda es una figura descollante de esos gabinetes, y mientras tanto consigue que Salta, Jujuy, Catamarca y La Rioja se unan a Tucumán para formar la Liga del Norte, a la que se entrega en cuerpo y espíritu para convertirse en su fervoroso líder. El 7 de abril de 1840 el pronunciamiento contra Rosas se formaliza y la respuesta es el envío de un ejército comandado por Manuel Oribe para sofocar el alzamiento. Cuando La Madrid parte hacia el campo de batalla, Marco Avellaneda se hace cargo de gobernar la provincia. Asume el 23 de mayo de 1841.

LA ESPOSA. Dolores Silva. Murió en 1890, con 77 años.

7- El traidor que aparece en la dramática escena

Cuatro meses más tarde la suerte de la Liga del Norte queda echada. El 19 de septiembre, Oribe derrota a las fuerzas de Juan Lavalle en Famaillá -batalla en la que Avellaneda había participado- y se produce el desbande unitario. Avellaneda decide marchar al exilio en Bolivia, pasando antes por Jujuy, adonde había enviado a su familia. Cabalga hacia el cerro San Javier y de allí se dirige a Raco para descansar en la estancia de los Ruiz de Huidobro. La fatalidad fue el posterior encuentro con uno de sus oficiales, Gregorio Sandoval, un soldado venal y corrompido que se había pasado al bando federal. Sandoval encontró a Avellaneda en la estancia La Alemania (departamento Guachipas), donde tras vencer la resistencia de pocos leales lo capturó y maniató para llevarlo al cuartel de Oribe, instalado en Metán.    

8- El calvario en Metán y la  piedad de doña Fortunata

Torturado y decapitado durante un procedimiento que supervisó el coronel Mariano Maza, Avellaneda muere el 3 de octubre de 1821, a los 28 años. Un oficial de apellido Alegre llevó la cabeza con la orden de clavarla en una pica en la plaza Independencia (entonces llamada Libertad). Al cabo de dos semanas, la viuda del ex gobernador Domingo García, Fortunata García de García, termina con ese macabro espectáculo. Hay distintas versiones acerca de lo sucedido con la cabeza, tanto de quiénes y cómo acompañaron a Fortunata, como del lugar en el que fue depositada. Completa Carlos Páez de la Torre (h) en uno de sus numerosos artículos referidos a este episodio: “muchos años después, en febrero de 1888, el doctor Marco Avellaneda (h) escribió a Tucumán a su hermano Eudoro. Le pedía que tomase medidas para trasladar a La Recoleta la cabeza del padre, ‘que es lo único que conservamos de sus restos’”.

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