El derecho a la identidad de género llegó a la escuela - LA GACETA Tucumán

El derecho a la identidad de género llegó a la escuela

La resolución del Ministerio de Educación encendió la polémica. Muchos celebran pero hay padres que se oponen. Los argumentos

28 Sep 2021 Por Magena Valentié
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“LA ROPA NO TIENE GÉNERO”. Luis Villafañe vestido con la pollera del uniforme, posa frente a su escuela en Alberdi flanqueado por sus compañeras.

Hace apenas nueve meses, Luis Villafañe, que entonces tenía 18 años, escandalizó al director de su escuela cuando se presentó al acto de colación de grado vestido con la pollera del uniforme. “¡Qué hacés con eso! Andate ya a tu casa”, lo echó el docente. “La ropa no tiene género”, intentó defenderse el alumno de la ciudad de Alberdi. Pero tuvo que obedecer y ponerse el pantalón para poder participar de la ceremonia de su egreso. Esto ya no volverá a suceder en Tucumán. Desde ahora, todos los alumnos que se autoperciban con un género diferente al que manifiesta su DNI, tendrán derecho a ser tratados conforme a la identidad con la que ellos reconocen.

“Esta resolución (N° 1073/5 del Ministerio de Educación) es una herramienta que, por un lado, garantiza la ley 26.743 de Identidad de Género y ,por el otro, orienta a las instituciones educativas en protocolos de actuación en casos de transición de identidad”, explica Ana López, directora de Participación entre Familia, Escuela y Comunidad, del Ministerio de Educación.

López no desconoce que “algunas veces prevalece el desconocimiento, el miedo y los prejuicios en la familia con relación al proyecto de vida de los niños o adolescentes”. Pero insiste en que “tanto las escuelas como las familias deben trabajar para erradicar la discriminación y poner en valor la diversidad”.

La referente en ESI cuenta que los casos de cambio de identidad de nombre y género se dan en todos los niveles educativos, aunque suele ser más común entre chicos de entre 13 y 17 años (47,8%). Hasta los 12 años es menos frecuente (32,5%). “Es decir, se suceden en trayectos educativos obligatorios, de ahí la urgencia de atender a la demanda y la necesidad histórica de la población trans, porque queremos que permanezca en las escuelas, que finalicen sus estudios y que su identidad sea respetada como exige la ley”, argumenta.

La medida es celebrada y rechazada por diferentes sectores de la comunidad. Entre los primeros están los alumnos: “me parece excelente la resolución porque beneficia a les chiques y a toda la gente de la comunidad LGBT. Es un gran paso hacia una sociedad más justa e igualitaria”, dice Gastón Banegas, del centro de estudiantes de Gymnasium. Su par, Diego Nicolás Ale, del colegio San Carlos, aplaude la medida: “es un avance a nivel de respeto y comprensión ya que ayudará a que muchos chicos dejen de ser acosados en el ámbito educativo”.

¿Qué dicen los padres?

Los padres están divididos en sus opiniones. Raúl Ichazo piensa que “cada uno tiene derecho a ser nombrado como quiera. Hay que ser respetuoso con todas las personas”. En cambio, Stella Maris Carreras, que además de madre es abogada, apunta a que “el muy cuestionado ministro” “lejos de abocarse a las más fundamentales y urgentes necesidades educativas y pedagógicas” sale “por la tangente” y se dedica a “la promoción de la agenda de género”. “Está claro que la resolución arremete contra los idearios de instituciones confesionales, pretendiendo amordazar a todas las religiones y obligar a inculcar en los jóvenes el estilo de vida LGBT+ contrario a sus convicciones”, enfatiza.

Indignada, la abogada Mara Mockevich, remarca que el ministro “no se ocupó de la deserción escolar, de capacitar a los chicos para empleos futuros, ni se preocupó en que aprendan idiomas, sólo se ocupa de promover la generomanía aún a costa de corromper moralmente a los educandos”.

La medida tampoco es aceptada por el legislador alfarista, Walter Berarducci. “El ministro de Educación se autopercibe como titular de todos los poderes públicos”, ironiza. “Su nivel de narcisismo no tiene límites. Su nuevo embate contra la educación busca obligar a los docentes a que desconozcan los derechos educativos de los padres y las responsabilidades de estos respecto de sus hijos”, opina.

Desde otra perspectiva, la psicoanalista y responsable de la cátedra Psicología de la Niñez y de la Adolescencia de la facultad de Filosofía y Letras de la UNT, Gabriela Duguech, destaca que el nombre de una persona es muy importante para su desarrollo. “A veces el nombre debe cambiar como en los casos de adopción pero hasta que no se produce ese hecho jurídico hay un conflicto de temporalidad. También los procesos de simbolización del cuerpo no biológico - esto que llamamos autopercepción- lleva tiempo. Por eso me parece acertado que antes de hacer un cambio registral en el DNI pueda haber estos espacios de escucha y acompañamiento fino en la escuela”, señala.

Para Duguech es importante que el niño pueda ser nombrado con “el nombre con el que él se reconoce a sí mismo y que, además, la escuela reciba esa palabra del niño o adolescente, aún cuando la familia no pueda hacerlo”. Pero aclara que esto no debe considerarse como algo definitivo, el proceso de identidad puede seguir, por eso siempre debe darse lugar para la reconsideración.

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