La peor noche para reencontrarse

La peor noche para reencontrarse

DURÓ POCO EN CANCHA. Orihuela intenta maniobrar ante Advíncula. El jugador salió como titular pero fue reemplazado en el entretiempo por De Felippe. la gaceta / foto de FRANCO VERA DURÓ POCO EN CANCHA. Orihuela intenta maniobrar ante Advíncula. El jugador salió como titular pero fue reemplazado en el entretiempo por De Felippe. la gaceta / foto de FRANCO VERA

Si el fútbol fuese un cortejo amoroso, está claro que Atlético no sería un buen candidato. A decir verdad, el equipo no lo es ni en la más llana de las literalidades futbolísticas: para ser candidato al título debería mostrar una serie de cosas que jamás mostró en estas 12 fechas. Pero la analogía con el coqueteo nos sirve para mostrar que Atlético ni siquiera está a mitad de camino en su intento de ser un buen equipo. Porque nadie le está exigiendo ser un candidato al título de entrada. Menos a un club del interior. Pero si esta Liga Profesional va a ser la cita de sábado por la noche para el “Decano”, al menos nos gustaría ver cosas interesantes en él. Y no. No las vemos. Anoche, por ejemplo, todas estuvieron en Boca, su rival, que le ganó con justicia por 2 a 1.

FLOJO PARTIDO. Tesuri no tuvo buen desempeño mientras estuvo en cancha. la gaceta / foto de FRANCO VERA FLOJO PARTIDO. Tesuri no tuvo buen desempeño mientras estuvo en cancha. la gaceta / foto de FRANCO VERA

Y en una cita como la de ayer o la del martes pasado en Santiago o ante Arsenal, hace unos días, necesitamos algo de sorpresa. En el misterio y su manejo puede estar el éxito en un cortejo. Y también en un partido de fútbol. Sacar ases novedosos de la manga o cualidades que no creíamos que la otra persona tenía, en este caso el equipo. En varios partidos del torneo, el conjunto de Omar De Felippe ha sido lo más previsible que se puede llegar a ser. Los 100 hinchas que pudieron ingresar al estadio, los cientos de miles afuera mirándolo por televisión ya saben lo que va a intentar el equipo: Franco Mussis asumirá cierta responsabilidad creativa, cargará la pelota hasta tres cuartos de cancha, abrirá a uno de los costados (saber si será izquierda o derecha es la única sorpresa que podemos esperar) y llegará un centro para que alguien cabecee. Y decimos “alguien” porque a veces es tan desorganizado todo que al centro lo terminan tirando Augusto Lotti o Cristian Menéndez. Supuestamente la discusión es si podían jugar juntos, pero parece un debate que se saltea ciertas etapas. Habrá que hablar primero si Menéndez puede jugar de titular. O incluso desde el banco. Lotti ha demostrado más aunque ayer tampoco fue su noche. Tampoco es responsabilidad exclusivamente de ambos lo que pase en el ataque de Atlético, pero la realidad es que todos saben de antemano qué intentará el equipo para lastimar. Y así se hace muy difícil. Sin sorpresa, sin misterio, sin espontaneidad para hacer sus movimientos. Todo lo que no queremos de un candidato.

Si a ese combo aburrido y previsible le sumamos una dosis de torpeza como la que tuvo ayer, estamos hablando de algo irremontable. Aunque el 1-2 haya dejado la sensación de cercanía, el partido nunca estuvo cerca de Atlético. Las patadas y los golpes que dieron los “decanos” quizás sean producto de la frustración justamente por esa situación. La roja a Franco Mussis fue la única expulsión, pero porque Hernán Mastrángelo no vio la patada de Ramiro Carrera ni la plancha de Oscar Benítez. Tampoco vio cómo la pelota dio en el pie de Frank Fabra en el córner mal cobrado que derivó en el primer gol del partido.

HIZO LO QUE PUDO. Lucchetti tapó varias pelotas que evitaron la goleada. HIZO LO QUE PUDO. Lucchetti tapó varias pelotas que evitaron la goleada.

De ninguna manera quejarse es una opción para el “Decano”, cuando no sólo no hacía cosas en ataque para lastimar, sino que atrás hacía todo para ser lastimado. Nicolás Orsini estuvo a punto de marcar el 3-0 y tras fallar su cabezazo, en la contra Lisandro López (el mismo que había puesto el 1-0), en contra, descontó para Atlético. Quizás no sea casualidad. El gol que termina haciendo el equipo, lo hace en realidad su rival en su propio arco. En una cita, diríamos que es un pequeño salvavidas que nos tiran para evitar ahogarnos, pero ni siquiera eso salvó a Atlético de la derrota. En la cita y en el partido.

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