Work in Progress

Por Pedro Ponce Uda - Docente y realizador audiovisual.

06 Junio 2021

No sé quién, en qué contexto y con qué intención dijo que estábamos en presencia de algo llamado “Nuevo Cine Tucumano”, pero lo concreto es que se trata de una etiqueta relativamente difundida. Ha suscitado una serie de debates y ha cumplido con un objetivo interesante: el de instalar un corpus de obras producidas en los últimos años en la provincia como objeto de análisis, investigación y producción crítica.

¿Pero qué es entonces el “nuevo cine tucumano”? ¿Cuál sería su particularidad, su elemento constitutivo que lo distinguiría de un contenido negativamente “viejo cine tucumano”?

“Nuevo cine” es una categoría de la historiografía cinematográfica latinoamericana y argentina que designa o engloba movimientos, tendencias y expresiones particulares de diverso alcance. Componen una posible cinematografía emergente que reacciona ante las características de las manifestaciones hegemónicas de un campo constituido con formas de producción establecidas y modalidades formales y estéticas “cristalizadas”.

Al repasar las características de lo que voy a llamar el “audiovisual tucumano contemporáneo” no existe ninguna reacción a algo anterior sino una producción que es furiosamente ecléctica y reporta un origen igualmente diverso. Más que de novedad, creo que se trata de un largo proceso de construcción de un campo audiovisual cuya historicidad aparece fragmentaria, errática y en muchos casos con vacíos a llenar.

Para mencionar algunos vectores que constituyen históricamente puedo concluir que el estado actual de cosas del audiovisual de la provincia le debe mucho a instituciones, formaciones y tradiciones que no son en stricto-sensu cinematográficas. Sería incorrecto escindir su historia de los derroteros de otros ámbitos del campo artístico, de la existencia de sus instituciones, protagonistas o formaciones y sus particularidades y tensiones internas, tendencias y vinculaciones conflictivas con las crisis sociales y políticas. Pienso en el rol fundamental cumplido por la UNT en este contexto, antes y después de la apertura de la Escuela de Cine, en la existencia de video-artistas, videastas, un importante campo de las artes visuales y del teatro independiente sin las cuales muchas de las primeras obras de la lábil contemporaneidad del cine tucumano no pueden explicarse.

Hablar de temas o estética preferidas por los realizadores hoy me parece un poco apresurado para un campo que presenta un grado altísimo de artesanalidad y eclecticismo. Más que el tono estilístico o el abordaje genérico, lo que puede unificar al campo es su tendencia hacia la profesionalización, marcada por la aparición de la mencionada Escuela de Cine, entes estatales vinculados a la actividad y de asociaciones de realizadores y realizadoras que han intervenido de manera activa en pos de legislaciones que promuevan esta actividad cultural desde el diseño de políticas públicas concretas.

Pienso que para analizar de manera más certera estas expresiones contemporáneas del audiovisual tucumano, las categorías “macros” trasladadas de otros fenómenos y experiencias presentan el riesgo de cancelar la oportunidad de abordar las particularidades y “anomalías” que se manifiestan. Haría falta más bien un trabajo de microanálisis sobre ciertas experiencias que fueron conformando un territorio al que las definiciones cerradas le resultan incomodas.

Hoy, a tres años de su aprobación, un paso que tal vez pueda marcar un hito en la historia de nuestra actividad será que desde el Ejecutivo provincial se ponga en funcionamiento la Ley de Fomento a la Actividad Audiovisual de Tucumán. Espero que esto figure en los estudios a escribirse al respecto.

Las formas del campo, así como sus formas de abordaje teórico están en etapa de “work in progress”.

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