
¿Qué significa hablar de cine tucumano? Para mí implica pensar en una zona. Y digo zona en tres sentidos. En primer lugar, la zona es el espacio cinematográfico elegido por el autor o el director para sus películas. Es una parte de la ciudad o del pueblo que forma parte del cine producido por un autor. Por ejemplo, las zonas de Caetano, Tarr o Toscano. En segundo término, la zona es un espacio simbólico, icónico, un conjunto de mitos, leyendas y textos que ya existen sobre la ciudad o ciudades que son tomados por el autor. O sea, un escritor o un director revisa y reescribe la tradición simbólica de la ciudad. En tercer lugar, la zona existe como referencia espacial, concreta, material, pero siempre bajo los ojos del autor. No puede haber una ciudad como una equis, como una cosa en sí, según el sentido que le ha dado Kant a la idea de cosa en sí, es decir, como realidad absoluta separada de un sujeto. La única modalidad de existencia de una ciudad es como objeto de un sujeto.
¿Nuevo?
¿Es necesario adjetivar el cine de una zona? Sospecho que no. Lo nuevo nace viejo. Lo que hoy es tildado como nuevo muy pronto se convertirá en vetusto. Es preferible auscultar los fenómenos estéticos más allá del uso del adjetivo. El cine producido en Tucumán se caracteriza por la diversidad formal, estética, tecnológica, genérica: documental, ficcional, de animación, enfocado en los géneros o no. El adjetivo “nuevo” no conforma un argumento para pensar el cine.
No estamos obligados a inventar una categoría que abarque la diversidad de las producciones en Tucumán. En todo caso, lo que tenemos es una multiplicidad de propuestas y condiciones. Ante lo que hay y ante lo que vendrá lo que importa es convivir con la pluralidad de poéticas, estilos, formas, búsquedas. Una etiqueta omnicomprensiva puede deslucir la superficie de lo que existe, de lo plural. Propongo que captemos el flujo del viaje inmóvil sin fijar el río, sin osificar el agua móvil. Ante el espectáculo de lo visible me quedo con lo diverso y lo que fluye en múltiples direcciones.
Categorías estéticas
Me parece oportuno pensar los cines de la zona desde la estética. Ensayo algunas categorías: el concepto de zona (ya mencionado), la crónica fusión y el gótico del norte argentino.
El gótico surge de una analogía con el gótico sureño de Estados Unidos. En nuestro caso, se trata de una forma que aparece en las representaciones literarias y cinematográficas. El cine ha captado las paradojas éticas, religiosas y políticas y puede ser pensado como gótico, como el resultado de la ambigüedad moral que salva la pureza religiosa a la vez que expulsa lo que no condice con la inmarcesible e hipócrita religiosidad. El gótico de la zona norte está asociado al lado oscuro, perverso y malicioso entrelazado con un propósito digno o humano. Es decir, se trata de la combinación de ambos factores, tendencias o comportamientos: la búsqueda de un rédito moral a través de medios ambiguos o turbios; en el gótico estamos ante acciones que tienen una aparente finalidad bondadosa en medio de la barahúnda de telarañas viciosas. Ese entramado siniestro conforma su corazón. En este sentido, lo gótico no se reduce a lo que comúnmente llamamos el lado oscuro del individuo sino a la convivencia de la buena fama del dictador Bussi como padre de familia con el plan sistemático de asesinar a inocentes, en la tendencia autoritaria de la sociedad en combinación con la ternura y la “buena onda” en las relaciones humanas, en la mezcla de utopía y desencanto, en el cruce de la religiosidad popular con los irracionales prejuicios antisemitas.
Las puertas cinematográficas de la zona están abiertas. Seguirán ingresando los fantasmas, los zombies y los dibujos, los ladrones, los testigos y los personajes góticos, transformados, perdidos o encontrados.







