Osvaldo "Chichí" Costello: en la memoria de los tarcos late su corazón de zamba

Fue uno de los creadores destacados que Tafí Viejo le dio al folclore. A 80 años de su nacimiento y a 35 de su partida, que ocurrió un 24 de septiembre. Paisajes y personajes del pueblo.

24 Sep 2020 Por Roberto Espinosa
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Osvaldo Costello, según la mirada del artista taficeño Atilio Roberto.

Miércoles, 10 de abril. La sirena ferroviaria aturde el alba. Los talleres bostezan una esperanza obrera. Un abrazo de tarcos enduenda Tafí Viejo. El frío está frotando ahora las manos de ese otoño de 1940, cuando Manuela y Horacio le dan la bienvenida. Un piano travesea tempranamente los insomnios del changuito. A los ocho años, ya pasea su habilidad en el escenario.

Con el folclore en sus pensamientos, la mirada camina la avenida Alem y saluda al cerro. La poesía enciende su timidez. La matemática de las armonías, la energía de las corcheas, la luz de los silencios, lo arriman sin darse cuenta a la Universidad Tecnológica, que lo viste pronto de ingeniero eléctrico y luego de docente en su mismo seno. Una beca lo lleva a Fráncfort para travesear entre cables subterráneos.

Tintineo de corcheas

“Y en la sangre del guanaco la vida se vuelve escarcha… con un trago de aguardiente la noche se hace más bella…” Los 19 años lo sorprenden con una zamba carpera dedicada a su amigo Sixto Gamboa. Se abren entonces las ventanas de una senda que regará con canciones. Ecos intimistas de Bill Evans y Miles Davis. Los hielos de ese whisky fraterno de Vinicius y Jobim también le tintinean corcheas en el alma. Sones jazzeros y bossanoveros hidratan sus pentagramas que pintan paisajes y personajes de su pueblo: “ay, tarco, te doy mi canto, y apenas tocando el suelo, me voy pisando en tus flores un pedacito de cielo… Pero tan solo yo sé lo que le pasa al tomero, cuando se aleja despacio, orillando Tafí Viejo: es que anda sin corazón porque lo deja en el cerro… Igual que una sombra lenta que se deshoja en la tarde, trepando el verde pasa la Nina Velárdez…”

Tres piezas aroman la voz de Mercedes Sosa; inesperadamente sacude ese perfil bajo que lo caracteriza y lo hace más conocido. “Las palabras que yo busco no creo que vuelvan más, se han ido a Bella Vista y allí se han puesto a llorar…”. El difunto corazón del poeta Lucho Díaz revive en “Cuando se muere un cristiano”; con su letra y la música de Rubén Cruz, conquista el primer premio de la canción inédita en el Cosquín de 1984. San Pedro de Colalao es ya sinónimo de segunda patria. Añora que sus huesos reposen en ese suelo.

Martes de 1985. En el lecho sanatorial la memoria le arrima los retumbos belgranianos que, con el guiño de la señora de La Merced, empujan a las huestes realistas a hacer mutis por el foro del campo de batalla, ese 24 de septiembre.

El cielo del tiempo

La primavera está empañando ahora los 45 años de la sonrisa. Un aleteo de vida reverbera en sus párpados y le susurra: “bajo el cielo del tiempo, repechando anda el silencio, un piano desarma la vida y la sopla en el viento. Un tarco le toca el alma y se hace canto en el cerro, se desmorona la luna en la espalda del tomero. En la quemazón del sueño, se desvela el Lucho Díaz, el alba de los pájaros bebe Benito Macías. Nina Velárdez trajina en soledades de grillos, un latigazo de estrellas se refugia en Taficillo. Machadito el carnaval, en el eco de la pena, la caja de Agapo apuna un murmullo de vidala. Un sobresalto de coplas se anochece en la estación, las sombras de los durmientes son trenes en tu diapasón. La muerte está cantando en el sol de Tafí Viejo, se hace corazón de zamba la luz de Osvaldo ‘Chichí’ Costello”.

Principales temas

Agosto en Tucumán

Muchacho pelador

Cuando se muere un cristiano

Chacarera del Agapo

La Sixto Gamboa

Zamba del tarco

Copla y viento

Zamba del tomero

Chacarera del obraje

Coplas taficeñas

Benito Macías

Zamba del Cuchi

Nochecitas de mi pueblo

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