Punto de vista II: su legado es una luz que alumbra a los folcloristas

24 Sep 2020
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Por Gabriela Costello

Hija de "Chichí" - Flautista

Mi papá componía todo el tiempo. Traía anotaciones y se metía en su mundo, entonces mi mamá siempre nos entretenía y mandaba a hacer cosas, para que no lo interrumpiéramos. Mi mamá me contó que en los años que trabajó de noche en la usina hidroeléctrica de El Cadillal escribió muchas de sus poesías.

Las composiciones musicales nacían tanto en el piano como en la guitarra, tenía muy buen desempeño en los dos instrumentos, también como intérprete. De sus creaciones, las que más le gustaban eran “Agosto en Tucumán”, “Zamba del Tomero”, “Copla y viento”, que compuso junto a Rolando Valladares, “Cuando se muere un cristiano”, junto a Rubén Cruz en la música, lo emocionaba mucho porque la hizo para su amigo poeta de Bella Vista Lucho Díaz, que falleció.

Admiraba mucho a Lalo Schifrin, John Williams, The Beatles, Sérgio Mendes, Tom Jobim, Vinicius, Baden Powell, Cacho Tirao, Joan Manuel Serrat, Alberto Cortez, Piazzolla, el Cuchi Leguizamón, Rolando Valladares...

En lo cotidiano, le gustaba saborear un buen vino y un asado, caminar por Tafí Viejo, fumar en pipa, compartir con la familia y los amigos, andar a caballo o caminar en los cerros, hacer música... También era muy responsable con su trabajo como ingeniero eléctrico y profesor en la UTN y la Escuela Técnica Rafael Marino.

Último deseo

Amaba San Pedro de Colalao, tanto que lo eligió para su descanso. Su último deseo fue: “Entiérrenme en Colalao para que el que se acuerde de llevarme una flor, pase un hermoso día de campo”. De allí es su gran amigo Agapo Gamboa. Ellos se conocieron en la obra en construcción del dique El Cadillal: mi papá trabajando en el montaje de la usina hidroeléctrica y Agapo era chofer de uno de los ingenieros ingleses que vinieron a llevar adelante esta grandiosa obra, en la época de la gobernación de don Celestino Gelsi. Con Agapo compartimos muchas fiestas campestres que duraban varios días y carnavales. Hizo varias amistades con gente de allí, como los que nombra en la “Chacarera del Agapo”.

Siempre le gustó mucho andar por el NOA, sobre todo por los Valles Calchaquíes y por San Pedro escuchando a los copleros y compartiendo todo lo relacionado al folclore. Fue apasionado por nuestra tierra, sus paisajes y su gente.

Cuando papá enfermó y se supo que era irreversible, decidió hacer un libro con sus poemas. Desde la cama, sin poder ya levantarse, lo ayudamos a compaginarlo. Recuerdo que me pidió hacer tres secciones para ordenar la obra: Paisaje, Poemas a mi sangre y Los personajes de mi asombro. Este fue editado en forma póstuma y en 2015 la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT lo reeditó aumentando partituras, una prosa, fotos y su semblanza por varios amigos.

Su legado es una luz que alumbra a los jóvenes y no tan jóvenes folcloristas. Sigue vigente. Siempre lo cantan y los que lo conocieron lo recuerdan con mucho cariño y admiración por su bajo perfil y por ser un hombre inteligente e íntegro. Le hacen homenajes todos los años. Aquí, en Tafí Viejo, la calle que nace al lado de la entrada a los talleres ferroviarios, y una escuela primaria y secundaria, llevan su nombre. Lo extraño mucho, abrazarnos, hacer música, conversar... Doy gracias a la vida que él está en su trascendencia, a través de los nietos y su obra, esto es lo que nos reconforta día a día. Pienso que está en la sangre que corre en nuestras venas y en cada latido de nuestros corazones.

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