
Desde que arrancó la cuarentena -y hasta ahora- la presión de lidiar con las tareas del hogar, el trabajo y las consignas escolares representa un desafío inabarcable para muchas mujeres. No sólo lo demuestra el cansancio crónico y la volatilidad anímica, sino una encuesta publicada recientemente por la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLa).
A través de su observatorio “Mujeres, Disidencias, Derechos”, la institución con perspectiva de género entrevistó a unas 4.000 mujeres (distribuidas en diferentes provincias) para recopilar información sobre la distribución de los quehaceres domésticos y el uso del tiempo durante la primera etapa del Aislamiento Social Obligatorio.
Los resultados demuestran que no existe una gran diferencia en la asignación de labores entre las mujeres que viven solas con sus hijos y aquellas que comparten en pareja el espacio físico. En ambos casos, el promedio destinado a la limpieza del hogar es de -aproximadamente- 10 horas. Mientras que las encuestadas que carecen de compañía le dedican al arte del orden unas cinco horas diarias.
Una parte del problema está en la romantización de algunas rutinas. “Las tareas domésticas se subestiman y justifican en cuestiones vinculadas al cariño, la protección y el amor que, como mujeres, debemos garantizar en el interior de nuestro hogar (en base a los roles de género). Esto contribuye a seguir sosteniendo los cimientos de la desigualdad económica, la brecha salarial y la exclusión o la flexibilización en el mercado laboral”, explica Noelia Barros, referente local de MuMaLa.
La sobrecarga es compleja al pensar las dobles y las triples jornadas laborales en que nos enfrascamos. Es decir que también se suman las obligaciones de un trabajo remunerado (de poseerlo) y las actividades comunitarias.
Además, los números muestran que el 58% de las entrevistadas tampoco recibe colaboración en relación al cuidado de los niños o los adolescentes. A la hora de chequear los deberes escolares, el desequilibrio sigue la misma línea: apenas el 31% de las madres cuenta con ayuda de un tercero que atienda los pedidos (online) de los docentes.
EN CASA. Carolina López Flores junto a su marido, Rafael, y su hijo Teo. LA GACETA / FOTOS DE ANALÍA JARAMILLO
Otro de los resultados de esta inequidad en las asignaciones hogareñas es la disminución de los momentos de distensión u ocio recreativo. En números, el 52% de las mujeres que viven en familia no realiza ningún tipo de deporte. Y el 40% de ellas tampoco contempla en su cronograma plazos para el estudio o el perfeccionamiento profesional.
Realidades disímiles
Aunque tampoco escapan al conflicto y las negociaciones, en el departamento de Carolina López Flores y Rafael los recados se asignan de una forma curiosa y eficiente. En la heladera, una cartulina indica las responsabilidades compartidas a modo de “contrato”.
Al sumar los ítems, cada quien asume unas 12 tareas entre las que están pasar tiempo con Teo (su hijo de cuatro años), ir al súper, cumplir con algunos recados y preparar la cena.
EQUIDAD. En el hogar de Carolina López Flores las tareas se reparten por igual.
Carolina acepta que llegar a ese nivel de coordinación fue complicado y que la pandemia le sumó nuevos planteamientos. “A las mujeres se nos demanda más el éxito. Tenemos que dar constantemente pruebas de que somos buenas en nuestro trabajo. La permanencia en casa supone que lo personal se corrió al último puesto. Y entonces tenemos un día laboral de 16 a 18 horas. Y si valoramos nuestros actos -por lo general- hacemos menos por nosotras mismas que por otros”, describe la abogada y docente universitaria de la Universidad San Pablo T.
Humanas, no invencibles
En carne propia, la nutricionista María José Cecanti afirma que el exceso de “cosas por hacer” la llevó a buscar contención psicológica. “Mi mamá, Norma, padece Alzheimer y por cuestiones de movilidad la enfermera que la cuidaba renunció. A eso se sumó que mis hijos recién habían ingresado al jardín, lo que complicó los hábitos laborales que tenía. Hubo días en que estuve frente a la computadora o cociné viandas hasta las cuatro de la madrugada”, relata.
El quiebre final ocurrió en la semana del 25 de mayo. “Sentí tanto agotamiento que me encerré en el baño a llorar. Al principio estaba enojada, pero después vino cierta culpa. Mi marido trabaja jornada completa y apenas nos vemos en la cena, así que intentaba que ese momento sea de distensión para el resto. Actualmente busco un punto medio entre mi rol familiar e individual. A las mujeres nos cuesta delegar responsabilidades, y son estas instancias las que nos demuestran que no tenemos superpoderes”, agrega María José.
La respuesta
Barros insiste en que la verdadera deconstrucción de miradas requiere de campañas de sensibilización y de políticas públicas acordes.
“Necesitamos una legislación que garantice un sistema integral de cuidados y en la que se reconozcan las tareas reproductivas dentro del marco de la economía popular. A eso hay que agregar la creación de lugares accesibles que permitan cuidar a los niños y de centros integrales públicos para las personas mayores”, reflexiona la dirigente.
Según la encuesta de MuMaLa
- 14% de las mujeres encuestadas están al cuidado de personas mayores de edad, y destinan 82 minutos diarios a su atención.
- 75% de las entrevistadas afirmó que los ingresos en su hogar disminuyeron durante el Aislamiento Social Obligatorio.
- 43% tuvo un trabajo remunerado en el contexto de la cuarentena.







