Atrapada, de visita en Tucumán, inició un viaje por los sabores de Asia

Elena, quien nació en la provincia de familia coreana, decidió emprender. Creó un delivery con los platos fundamentales de la gastronomía de sus orígenes.

01 Ago 2020 Por Julio Marengo

Elena Suh no quiere hacer alarde ni citar estudios científicos -que los hay-, pero en su adentro está convencida de algo: el secreto de la longevidad, de la buena salud e incluso de la baja mortalidad frente a la pandemia de coronavirus en Corea es la cocina.

Elena es tucumana, aunque en su rostro lleva impresos sus orígenes asiáticos. Toda su familia es coreana y se instaló aquí desde antes que ella naciera. Ella se crió entre tiendas de ropa, la actividad más elegida por su colectividad en nuestra provincia. Pero a los 17 años eligió viajar a buscar sus raíces y aprender el idioma coreano.

BIBIMBAP. Verduras salteadas con salsa picante gochujang.

“Llegué primero a Corea del Sur, donde estudié Diseño Industrial. Después me instalé en Japón y finalmente en China. Mi carrera y mis intereses se fueron yendo para el lado de la gastronomía, de los alimentos y las bebidas. Trabajé en eventos, en hoteles cinco estrellas y en restaurantes de primer nivel. Me apasiona la gastronomía no solo por el comer, sino porque a través de los sabores se puede explorar la cultura de todo el mundo”, describe esta tucumana que, por los avatares del destino -y de las pandemias- ahora quedó anclada en nuestra provincia.

BULGOGI. Carne marinada, salteada con verduras y servida con arroz.

Atrapada en dos mundos

Se pasó la mitad de su vida en Tucumán y, la otra, en Asia. En esos 17 años de vivir afuera visitaba esporádicamente a su familia tucumana: “es un viaje muy largo, así que venía cada dos años”. Y la última visita la dejó acá, inesperadamente.

JEYUK. Cerdo salteado con arroz y kimchi. Sabroso, intenso y picante.

“Vine en noviembre. En China ya había ruido sobre la -entonces- epidemia de coronavirus, pero nadie se imaginaba el desenlace. Me vine de visita, pero nunca me pude volver. Primero porque cerraron las fronteras de China, cancelaron los vuelos, cerraron los hoteles y restaurantes y, después, porque pasó lo mismo en Argentina. En marzo, cuando comenzó la cuarentena aquí, mis jefes ya me habían dicho que no regresase, que no sabían cuándo volveríamos a trabajar”, cuenta.

De tener todo el mundo por delante, expectativas e ideas, se quedó sin trabajo. Ni en Asia ni en Tucumán. “Cuando decretaron la cuarentena, dije ‘no, así no puedo estar’, y comencé a reflotar un antiguo proyecto que había comenzado mi mamá, pero que estaba en pausa”, explica. Ese proyecto se llama Hansikmokja o, resumido, Mokja.

HATTOGU. Hotdogs coreanos: salchicha en masa rebozada y frita.

Hansik, explica Elena, significa “comida coreana”. Y mokja, “vamos a comer”. “Simple: vamos a comer comida coreana. Mokja es una expresión que usamos muchísimo, y que me recuerda siempre a mi infancia”, cuenta.

Viajar con el paladar

Mokja es ahora un delivery de comida coreana. El año pasado había comenzado como un emprendimiento de “hotdogs coreanos”, una especie de salchicha rebozada y frita, colocada en pinchos, que se come en la calle. Era algo muy de las ferias gastronómicas, hasta que se frenaron. Elena decidió darle una nueva oportunidad.

BIBIMBAP CON HUEVO AL VAPOR. La clave de este plato es la presentación de los vegetales y sus colores.

“La intención no es solamente comer, sino que las personas puedan viajar a través de nuestra comida, explorar nuestra cultura. Son recetas milenarias, que concentran mucho más que los sabores únicos de nuestra gastronomía. Es historia, es un viaje de sensaciones y así lo queremos transmitir. No podemos viajar en aviones, pero sí podemos hacerlo con el paladar”, propone.

En el menú aparecen el kimchi, bibimbap, y jeyuk o cheyuk, y una gran variedad de salteados, principalmente de mariscos y de vegetales. “El kimchi es quizás el más conocido de nuestros preparados y es uno de los superalimentos del mundo. Como muchas de las recetas coreanas, es a base de fermentos, en este caso de coles, que sirve para acompañar de todo”, explica.

Al principio tuvo temor por la recepción en un Tucumán más bien conservador y tradicionalista con las comidas, pero pronto se sorprendió con la salida que comenzaron a tener sus platos, todos hechos en sus casas. “Son sabores muy particulares, que no a todo el mundo le gustan. De hecho, cuando era chica y vivíamos en Yerba Buena, los vecinos se quejaban por el olor de nuestra comida y yo le pedía a mi abuela que ya no hagamos más. Pero hay una tendencia desde hace un tiempo, de revalorizar los fermentos, y eso ayuda mucho”, contó.

EMPRENDEDORA. Elena se siente tan tucumana como coreana.

También el nicho de los amantes de la cultura asiática y del k-pop (pop coreano, un estilo musical que apasiona a algunos adolescentes), ayudó a que repunte el emprendimiento. “Estamos contentos, porque nos gusta mostrar lo que somos y lo que hacemos. La comida coreana es de las más sanas del mundo, es ecológica porque aprovecha todo y no desperdicia nada, y es un sabor completamente distinto al que estamos acostumbrados”, finalizó.

Esta nota fue anteriormente contenido exclusivo, sólo accesible para suscriptores.

 

Comentarios