LA FIESTA DEL ULTIMO PRIMER DÍA. Empezar a despedirse de la secundaria es para los chicos un buen motivo para tomar alcohol y descontrolarse.
Esa mañana, temprano, abrió la puerta del aula y sintió que le costaba respirar. La invadió un fuerte olor a alcohol. Se dio cuenta que muchos de sus alumnos no estaban en condiciones de estar en clases. Así que llamó a la rectora. En menos de una hora, varios padres tuvieron que ir a retirar a sus hijos. “Si pedía un control de alcoholemia, la mitad no lo pasaba”, recuerda Cristina, docente de un colegio secundario. Para ella, ese episodio ocurrido hace dos años fue una sorpresa. Luego se enteró de que los estudiantes habían estado toda la madrugada en el festejo del “último primer día” (UPD).
Esta noche cientos de alumnos tucumanos que ingresan al último año de la secundaria se juntarán para festejar el ya popular UPD, una celebración que no para de extenderse en todo el país. La idea consiste en reunirse, escuchar música, bailar, tomar alcohol y pasar la noche en vela para llegar a la escuela el primer último día de clase sin dormir.
Este primer día, en sexto año, es el comienzo del fin de un ciclo y en la vida de los adolescentes genera un combo emocional. Alejo Fernández, preceptor del nivel secundario, comentó que este rito se convirtió en un verdadero problema. “Las autoridades remiten un mensaje de texto o mail a las familias avisando que existe una nueva moda llamada UPD. Se les advierte que no podrán ingresar a la escuela aquellos alumnos que no estén en condiciones de hacerlo aplicándose el reglamento de convivencia”, cuenta. “De igual manera, hay chicos que vienen alcoholizados; ni siquiera pueden mantenerse en pie, y tenemos que hablar a los padres para que los retiren. El año pasado, una mamá le gritaba a su hijo: ‘te dije que podías faltar si estabas borracho’. Otro papá se negaba a venir: nos decía que nosotros nos teníamos que hacer cargo”, contó.
El preceptor señala que no es solo el UPD; el último año escolar tiene muchos excesos: toman cuando presentan la campera de la promoción, en las cenas, antes, durante y después del viaje de egresados. “La falta de límites de los padres llega a su máxima expresión en este curso”, recalcó. Y expresó que hay muchos papás dispuestos a poner su casa para que los chicos se junten a beber y luego vayan a la escuela.
¿Qué hacer?
La celebración del UPD despierta miedo y preocupación entre los docentes y las autoridades. Incluso hay profesores que plantean la posibilidad de que los alumnos de sexto no tengan clases el primer día.
La secretaria de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación (Sedronar), Gabriela Torres, pidió a las familias hablar del UPD. “El Último Primer Día se manifiesta como un ritual adolescente que te da identidad y que, en principio, tiene que ver con decirle a la escuela que ‘nosotros somos grandes’. El problema de estos festejos es exceso de alcohol y que hay un montón de adultos que mira para otro lado”, sostuvo.
Los especialistas tucumanos coinciden en que no hay una real conciencia del problema del consumo de alcohol en adolescentes
Ramiro Hernández, director del Programa Universitario para el Estudio de las Adicciones (PUNA), cree que el UPD es parte de mismo proceso que estamos viviendo en general: la desnaturalización en consumo de alcohol.
Lucas Haurigot Posse, titular del IEPA (Instituto Especializado en las Problemáticas Actuales de los Jóvenes) describe a la fiesta del último primer día como una celebración sin límites, que esconde muchos peligros.
“Si tenemos un hijo o una hija que termina su secundario debemos hablar y averiguar si participará o su grupo realizará de este UPD”, explicó el profesional. Y aconsejó a los padres poner límites: “les debemos pedir que vuelva a casa a determinada hora para que pueda descansar”.
“Que nuestros hijos planteen que todos sus amigos pasan toda la noche y luego van directo al colegio o escuela no es justificación de esta conducta. Muchas veces los padres debemos tomar medidas no muy amigables porque nuestro deber es cuidarlos”, insiste.
También da recomendaciones para las instituciones educativas: “si los alumnos se presentan bajo los efectos del desvelo y del consumo excesivo de alcohol debemos evaluar si en algún caso debe llamarse al servicio de emergencia por alguna intoxicación grave o solo comunicarse con los padres para que estos intervengan en la situación. Puede ser muy peligroso que los chicos permanezcan en los colegio con cualquier grado de intoxicación”.
Cada evento, el último
La psicóloga Florencia Lazarte, especializada en adicciones, sostiene: “los alumnos del último año viven esta situación con excesos permanentes, no solo el primer día sino cada ocasión que así lo amerite: cierre de trimestres, cumpleaños, cenas de egresados (la propia y la de otros estudiantes). El consumo de alcohol asociado a otras sustancias se intensifica en cada evento, que es vivido como el último. Sin tomar conciencia que sus proyectos de vida están a punto de empezar”.
El rol de los padres es fundamental en esta etapa y no hay que confundir los roles, resalta. “Hay progenitores que quieren ser amigos de sus hijos para estar en onda. Pero los padres deben reposicionar su rol; deben ser guías, acompañarlos y ponerles límites. Los adultos debemos perder el miedo a poner límites. Quizás no sabemos cómo hacerlo.Un padre bien informado y posicionado es un padre que puede tomar buenas decisiones”, apunta.
Entre otras cosas, insta a los papás a dialogar con los adolescentes, saber a qué lugares concurren, con quién van y esperarlos a la hora de llegada. “No es lo mismo que un chico sepa que sus padres lo esperan cuando vuelve a casa a saber que no hay un registro de esa llegada y de cómo llega”.
“Alquilamos un salón y pasamos la noche bailando, contando anécdotas y tomando
Gastón y Luciano, dos jóvenes que egresaron en 2019 de un establecimiento escolar de Yerba Buena, contaron cómo fue la fiesta que organizaron para el “último primer día” (UPD). “Alquilamos un salón y allí nos reunimos los dos cursos. Después de comer, pusimos música y contamos anécdotas. Después empezamos a tomar algunos tragos que habíamos preparado. Así pasamos la noche hasta que llegó la hora de ir al colegio. Nos fuimos todos juntos caminando”, detalló Gastón. “Cuando llegamos no nos dijeron nada, pero sí se dieron cuenta del estado de ebriedad de algunos y llamaron a los padres para que los vayan a buscar”, agregó Luciano.
Cinco datos sobre el UPD
1 ¿En qué consiste el festejo?
El UPD es una celebración del primer día del último año de la secundaria. La idea de los estudiantes es pasar la noche tomando alcohol, y luego ir todos juntos a clases. En algunas provincias, el festejo incluye disfraces, bombos y banderas que identifican al curso y a la promoción.
2 ¿Cuándo y dónde comenzó?
La costumbre arrancó en las provincias de Mendoza y San Juan y se trasladó en la última década a la ciudad de Buenos Aires. Luego, en los últimos tres o cuatro años, se fue extendiendo a todas las provincias del resto del país e incluso a países limítrofes, como Bolivia, Paraguay y Uruguay.
3 ¿Quiénes celebran el Último Primer Día (UPD)?
El festejo abarca a los alumnos del último año de la escuela secundaria: sexto año de los bachilleratos y en el caso de las técnicas, séptimo. Suelen sumarse tanto los estudiantes de escuelas públicas como las privadas.
4 ¿Dónde y cuándo se realiza?
Las celebraciones pueden ser en una casa, club, boliche o salón alquilado. Terminan en la puerta de la escuela o incluso en el patio. Comienzan la noche anterior al comienzo del ciclo lectivo. Los chicos van caminando a clases o alquilan colectivos.
5 ¿Qué estrategias se usan para controlar el UPD?
Muchos colegios suelen organizar reuniones de los padres de los alumnos del último año. También se arman “patrullas de padres” para controlar a los chicos durante los festejos.








